Música

Muere Núria Feliu a los 80 años, icono inolvidable de la canción catalana

Ha sido una de las grandes voces de la música catalana, en el triángulo delimitado por el jazz, el cuplé y la canción

BarcelonaLa cantante Núria Feliu ha muerto este viernes a los 80 años, a consecuencia de complicaciones del ictus que sufrió el año pasado. Popular por naturaleza, empapada de la vida del barrio barcelonés de Sants, actriz antes que cantante y siempre intérprete valiente, Núria Feliu ha sido una de las grandes voces de la música catalana, en el triángulo delimitado por el jazz, el cuplé y la canción, y fundamental en la relación de la lengua catalana con algunos géneros musicales.

"En los Setze Jutges todos eran cantautores. Les faltaba gente que les interpretara las canciones y que, a la vez, también llenara la laguna importantísima de poder escuchar en catalán las canciones conocidas en todo el mundo. Eran canciones que la gente escuchaba por la radio y por las grabaciones solo en castellano, inglés o italiano. Era una manera de normalizar nuestra lengua a través de la canción. Quería demostrar que en catalán se puede y se tiene que cantar de todo", explicaba Núria Feliu, la Feliu, la giganta de Sants, voz negra con swing sola y junto a Tete Montoliu y Lou Bennett, médium catalana de la vedet francesa Mistinguett, bolerista profunda, activista de la comedia musical, inesperada cantante de country y mensajera de la poética de Apel·les Mestres y Salvador Espriu. "No hay un género musical que no haya cantado en nuestra lengua", decía.

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Del teatro a la canción

"En esta casa nació el día 21-9-1941 la actriz y cantante Núria Feliu", dice una placa instalada en la plaza d'Osca en 1987. Actriz, porque esta fue la vocación primera, lo cual la ayudó a interpretar las canciones de otros, como cuando aceptó el reto de transmitir las emociones de composiciones que habían popularizado Billie Holiday y Ella Fitzgerald. De muy pequeña ya hacía teatro en la Escola Sant Vicenç de Paül de Hostafrancs, y después en el Quadre Escènic de l’Orfeó Canigó, donde, además, hizo de maestra de canto y solfeo infantil. Más de Sants no podía ser, como el café cantante que su bisabuela Carolina abrió en la calle Vallespir, "que entonces se llamaba Colón". “A finales del siglo XIX, Carolina se casó con un malandando, un hombre que bebía y que no trabajaba. Así que un día la bisabuela cogió al malandando, le metió una patada en el culo y lo tiró escaleras abajo. Ella se marchó con su hijo a Brasil, donde trabajó de planchadora y ganó algo de dinero, y al volver abrió el café”, explicaba Feliu en 2017 en la presentación del espectáculo El cafè de les cantantes, organizado por el festival Barnasants y en el que también intervenían sus sobrinas Mireia, Eulàlia y Marina. Aquella bisabuela todavía tuvo que marcharse otra vez en Brasil antes de volver definitivamente a Sants para abrir una parada de hortalizas en el mercado.

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Los primeros años, la Feliu actriz protagonizó obras como Anna Christie, de Eugene O'Neill, y La veu humana, de Jean Cocteau. También participó en el TEC, el grupo de Teatre Experimental Català, y debutó en el Romea con Situació bis, de Manuel de Pedrolo, bajo la dirección de Francesc Balagué. El teatro tenía que ser el camino, hasta que en 1964 amigos como Antoni Ros Marbà la animaron a cantar. Dicho y hecho, en enero de 1965 publicó los EP Anirem tots cap al cel y Gent, en los que interpretaba en catalán piezas como el rock’n'roll You talk too much, de Joe Jones, y People, del musical Funny girl, pero también composiciones de Antoni Ros-Marbà con letra de Jaume Picas, como Mai no reposes.

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El codo con codo con Tete Montoliu

Albert Mallofré, crítico de La Vanguardia y asesor de la discográfica Edigsa, propuso un encuentro de Núria Feliu con Tete Montoliu. El pianista tocó Willow, weep for me, el estándar popularizado por Billie Holiday y Nina Simone. Ella improvisó por encima... y así se abrió la puerta a la grabación de un disco publicado también en 1965, en el que completaban la formación Erich Peter (contrabajo), Booker Ervin (batería) y Billie Brooks (saxo). En el repertorio, Willow, weep for me ya se había convertido en Soc com un desmai, gracias a la adaptación al catalán de Jaume Picas. En aquel álbum también interpretaban canciones elevadas por Ella Fitzgerald, como Lullaby of birdland (El país dels ocells) y Misty (Gris), en las que Feliu sorprendía con una tesitura de voz personal que huía de la emulación. La sociedad con Tete Montoliu tuvo hitos como un concierto en el Palau de la Música y, sobre todo, uno en la Waldorf Astoria de Nueva York en 1966, que acabó con la interpretación del Cant dels ocells ante el embajador español. "Y qué enrabiada que cogió aquel hombre", explicaba Feliu el 12 de marzo de 2020 en Els matinsde TV3, pocos días después de recibir el premio Enderrock de honor.

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En aquel mismo programa Núria Feliu recordó que ella nunca había formado parte de "la élite de la Gauche Divine": "¿Yo de la Gauche Divine? ¡Si yo estaba en el mercado con mi madre!" Visto con perspectiva, Núria Feliu fue un milagro. Artísticamente, no encajaba en la Nova Cançó porque no era cantautora. El hecho de no tener estudios universitarios seguramente la alejó de determinados círculos culturales, pero a la vez la raíz popular la hacía conectar con más naturalidad con el cuplé. Tuvo que recoger la condescendencia con la que fue menospreciada a pesar de ser una pionera en tantas cosas, como por ejemplo defender en catalán el gran cancionero norteamericano en adaptaciones firmadas por Josep Maria Andreu de canciones como Raindrops keep falling on my head, Fly me to the moon, Swinging on a star, Days of wine and roses, Cabaret, I left my heart in San Francisco... Como otras mujeres de su generación, también fue feminista por el hecho, mujer en un mundo de hombres haciendo valer talento y capacidades y haciendo su camino a la hora de definir su carrera. Y, aun así, algunos le colgaron la losa de tía. Es fácil cambiar el carácter peyorativo solo atendiendo a todo el repertorio que cantó y cómo lo cantó. "Siempre he vivido sola. He tenido rollos, pero nunca he convivido con nadie. Ha sido una soledad escogida maravillosa", explicó en el programa El convidat.

Después de la sociedad con Tete Montoliu, en 1966 insistió con el jazz y compartió disco con el organista norteamericano Lou Bennett, y el aroma jazzístico planeó sobre el EP Cançons de pel·lícula (1966), que incluía una versión espectacular de la canción The shadow of your smile, que apenas un año antes Tony Bennett había convertido en un éxito, y sobre el álbum Jam session en el C.E.N. (1966). El fichaje por Hispavox y la publicación de Mai no goses (1967) añadieron exuberancia orquestal, en sintonía con lo que estaban haciendo Shirley Bassey en el Reino Unido y Mina en Italia. Esta era la liga de Núria Feliu, un lugar donde podía repartir modernidad nocturna cantando los reproches de Mitges brillants, magnífica adaptación de Shiny stockings, de Ella Fitzgerald.

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Pero también quería poner las manzanas en otras cestas. Por ejemplo, la del cuplé. Y no se puso por poco. En 1970, el mismo año en el que Guillermina Motta sorprendía con el álbum Remena nena (Edigsa), Feliu publicaba El cuplet de Barcelona (Hispavox). Una y otra coincidían en reivindicar canciones como El vestir d’en Pasqual y Les caramelles, y al reconocer el espejo de Mary Sempere y de la tradición del Paral·lel. Empieza aquí a consolidarse la reconnexión con la canción popular de la primera mitad del siglo XX, que llevará a Núria Feliu a un proyecto bastante ambicioso: homenajear a la gran vedet Mistinguett. "Las versiones las escribió Josep Maria Andreu y, cuando teníamos el disco grabado, nos dimos cuenta de que nos faltaba el permiso de la casa editora que tenía los derechos. Los franceses nos dijeron que no, porque las canciones de Mistinguett eran intocables. Por suerte, yo conocía a la mujer de Pep Samitier y él era muy amigo de Maurice Chevalier. Le pasé todo el material y, gracias a la intervención de Chevalier, recibimos una carta diciendo que adelante porque habíamos tratado las canciones con mucho respeto", explicaba Feliu al ARA. Aquel álbum, Homenatge a Mistinguett (1971), es uno de sus mejores trabajos, con un gran trabajo de León Borrell en los arreglos y ella en la cumbre de la expresividad en canciones como La xava.Atención a la manera como enganchaba el estribillo en el verso "Ven aquí, que tú conmigo bailarás mejor". Quince años después publicó Cançons d'entre-guerres del 18 al 39 (1986), en el que reunía piezas de Cole Porter (Dia i nit), Carlos Gardel (El dia que m'estimis) y otros que habían sido popularizadas por Marlene Dietrich, como L'alegre Lola y Lili Marleen.

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Los cuplés catalanes y los grandes éxitos del cine y de los musicales norteamericanos alimentaron espectáculos en El Molino y los discos de la primera mitad de los 70, hasta que en 1975 se atrevió con otro reto: el bolero. Nuevamente con Josep Maria Andreu como adaptador, en Els grans boleros en català abordó clásicos de Quan em tornis a veure Et vull tant), Los Panchos (No ho diguis ) y José Alfredo Jiménez (Giraré el meu camí), entre otros, nuevamente con resultados magníficos. En esta época confluyen diferentes facetas musicales de Núria Feliu, capaz de dedicar un disco a Apel·les Mestres, hacer otro de carácter patriótico (El cant del poble, 1977), un tercero a partir de poemas de Baltasar Porcel, Antoni Mus y Maria Antònia Oliver, entre otros (I les gavines seran de paper de xarol, 1978) y un cuarto, titulado Viure a Barcelona (1981), con las composiciones de amor a la ciudad que le hicieron Guillemos de Efak y Antoni Parera Fons, incluidas Mireu com va, mireu com ve Cançó de Sants.. Por cierto, con otro de Sants, el tenor Josep Carreras, compartió el disco Més que mai (1985).

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Música y compromiso

Tener un repertorio tan amplio le permitía montar actuaciones temáticas, como las que hizo a principios de los años 80 en la Cúpula Venus de Barcelona, donde unía estándares de jazz, de películas y de comedias musicales. Aun así, siguió explorando otros cancioneros y en 1989 dedicó Amb cor i ànima a la canción italiana. Una vez más, Josep Maria Andreu se encargaba de la adaptación al catalán de monumentos melódicos de Claudio Baglioni, Lucio Battisti y Domenico Modugno, además del inmortal Parole, parole de Mina, que Feliu interpretaba con el actor Alberto Closas. Seguía siendo popular, pero a finales de los 80 era difícil llegar a generaciones más jóvenes con discos en los que mandaba la nostalgia. Más sorpresivo fue Amb un aire country (2002), incursión en canciones de Garth Brooks, Willie Nelson y Elvis Presley, entre otros. Pero, más allá de la elección de las canciones, las interpretaciones no atrapaban lo suficiente y los arreglos tampoco ayudaban.

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Fue una época extraña para Núria Feliu: cargando arriba y abajo cierto menosprecio y temerosa de ser maltratada por la historia, no por el barrio de Sants, donde seguía siendo una presencia real y muy viva. "Entre las folclóricas y yo hay una diferencia: ellas son populares y próximas arriba del escenario, pero no sé si cuando bajan hacen toda esta tarea de estar con la gente y de levantar la pancarta cuando hace falta", explicaba a Albert Om en El convidat. Años después se implicó en las movilizaciones independentistas promovidas por la ANC. En 2014, a raíz de las protestas en Can Vies, participó en las reuniones de vecinos y comerciantes en las que se defendía "el papel de las fuerzas de seguridad" y se pedía "respeto a los bienes privados y comunes". Aquel mismo año, la confesión de Jordi Pujol fue un golpe duro para Núria Feliu, que lo vivió "con una pena inmensa", por la confianza que había depositado en el político convergente. Aun así, siempre recordaba que ella solo tenía "una militancia, la del barrio de Sants".

El homenaje al Liceo y 'La pols i l'era'

La última década ha sido la de una progresiva reivindicación de lo que ha significado Núria Feliu para la música catalana. Ella fue la primera en reivindicarse con el concierto del 50.º aniversario de carrera artística que se celebró en el Liceo en octubre de 2011, en el que convocó a artistas como Joan Manuel Serrat, Sílvia Pérez Cruz, Marina Rossell, Peret, Luis Cobos y la Eléctrica Dharma, además de la Copla Maricel y los Castellers de Sants, todo ello con la dirección escénica de Enric Majó y Abel Folk. "Creo que Núria es querida no porque se sienta más de Sants que nadie o más catalana que el timbalero del Brezo. Núria Feliu es querida porque ella quiere mucho y es buena persona", dijo Serrat, antes de cantar juntos Sota un cirerer florit.

En 2015 las canciones de Feliu inspiraron The Feliuettes, un thriller musical protagonizado por Laia Alsina, Maria Cirici y Laura Pau y dirigido por Martí Torras que se vio en el Círcol Maldà. Un año después fueron Guillamino y Oriol de Balanzó, con la colaboración de Òscar Dalmau, los que idearon el concierto y disco La pols i l'era, un proyecto de deconstrucción y a la vez de homenaje al pop catalán de los 60. Núria Feliu tenía un papel especial compartiendo Le llamaban el Fiera con Òscar Dalmau. Poco a poco, y gracias a las nuevas generaciones, el legado de Feliu recuperaba la dimensión que no había tenido que perder.