Música

Bad Bunny: una efervescencia inolvidable en el Estadio Olímpico

El artista de Puerto Rico cumple las expectativas con un show pensado como celebración total

El artista Bad Bunny actuando en su concierto en el Estadi Olímpic Lluís Companys de Barcelona.
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BarcelonaDice que es legendario, millonario sin dejar de ser del barrio. Y que es de Puerto Rico, de "P fuckin' R". Se proclama rey del pop haciendo reguetón y dembow. Y lo reciben 55.000 personas subidas en una ola de efervescencia impresionante. “¡Benito, Benito, Benito!”, gritan. Bad Bunny acaba de pisar el escenario del Estadi Olímpic Lluís Companys y ya está arrasando. Suena La mudanza como carta de presentación, y cuando entra la dinamita salsera la sensación es que el público no ha subido a Montjuïc para admirar, sino para celebrar. Bad Bunny también quiere que la fiesta sea grande, tan inmensa como la riqueza musical del álbum Debí tirar más fotos, y tan variada como los ritmos de hits pretéritos como Tití me preguntó. Por eso despliega recursos con la generosidad que le permiten los ingresos fruto de agotar entradas, que en Barcelona cuestan entre 83,30 y 230 euros (122,80 en pista).

Hay códigos cuyo significado se deshilacha cuanto más lejos de Puerto Rico está el concierto. Por ejemplo, la caseta rosada que incluyó en el espectáculo de la Super Bowl y que en la gira funciona como segundo escenario donde transcurre la parte central del show. La caseta tiene un simbolismo identitario relacionado con la singularidad portorriqueña, pero en el estadio es inevitable percibirla como un espacio reservado para invitados exclusivos, entre los cuales había los futbolistas Lamine Yamal, Robert Lewandowski, Gavi y Balde y el periodista Marc Giró. Otros códigos aguantan mejor, como el orgullo con el que Bad Bunny refuerza versos de resistencia cultural.

Y lo que mantiene toda la fuerza es el impacto de las canciones, amplificado tanto por el tratamiento escénico como, sobre todo, por el alud musical con el que las mueve en esta gira; por ejemplo, marcando la impronta salsera con una orquesta en la que los trombones y la percusión hacen un trabajo magnífico. La parte escénica brilla precisamente por el minimalismo del escenario principal: sin ningún tipo de attrezzo, más allá de una pantalla panorámica, todo para que destaque el carisma de Bad Bunny. 

El arranque salsero, uno de los momentos del año, empapó buena parte del primer bloque del concierto. Los metales propulsaron Callaíta y la percusión Weltita, y el mismo Bad Bunny encontró una manera más melódica de cantar, siempre en sintonía con un público entregado a la alegría y atento a las peticiones que le hacía desde el escenario. También tuvo la colaboración indispensable de los vocalistas de la orquesta, claro. Y supo inyectar emoción a Pitorro de coco mientras sonaba una guitarra guajira. Segurísimo, contenido como un bolerista antes del cataclismo, cantó Turista, jugando con pausas dramáticas y eliminando los filtros vocales. 

Público durante el concierto de Bad Bunny en el Estadi Olímpic Lluís Companys de Barcelona.

"¡Barcelona, baila sin miedo!"

“Estoy aquí para que disfrutéis. No os compliquéis. Lo único que quiero es que durante un rato olvidéis lo que pasa fuera del estadio y cantéis y bailéis. Barcelona, ´baila sin miedo!”, recomendó antes de introducir uno de los grandes hits globales: Baile inolvidable y la orquesta y el público en modo turbo. Como pasa en la gira Nuevayol, con fuegos, una veintena de bailarines, el teclista luciéndose en el tumbao y la orquesta y el público en modo turbo. Como pasa en la gira Lux de Rosalía, los 40 primeros minutos del show de Bad Bunny es algo tremendísimo, tan impactante y efervescente que deja al espectador en ese estado de felicidad inmensa que solo consigue la experiencia compartida. “Gracias por apoyar este proyecto”, añadió más adelante.

Bad Bunny en el Estadi Olímpic Lluís Companys de Barcelona. 22 de mayo de 2026,‘Baile inolvidable’[image or embed]— Xavier Cervantes (@xaviercervantes.bsky.social) 22 de mayo de 2026, a las 23:21

Hacia la caseta con Bad Gyal

Para dar tiempo a llegar al otro lado de la pista, donde estaba la caseta rosa, hubo una pequeña pausa en la que una rana animada explicaba en la pantalla cosas que le habían recomendado hacer en Barcelona, como comer fuet, croquetas, paella y calçots, y visitar la Rambla, la Pedrera y la Sagrada Familia. Ahora sin orquesta, con chándal en lugar de americana, Bad Bunny apareció para descargar el bloque más ligado al reguetón y a ratos con un agradable color disco. La mayoría del público solo podía seguir la actuación por la pantalla, pero eso no bajó la intensidad de la entrega. Tití me preguntó, Si veo a tu mamá, Diles, Monaco… el estadio era una discoteca con la euforia de las tres de la madrugada, y Bad Bunny hasta encontró el momento para acercarse al público para saludar a los espectadores de la primera fila.

En este bloque llegó la primera sorpresa: la aparición de Bad Gyal en la azotea de la caseta para compartir Yo perreo sola con él y para cantar ella sola Dame. La otra sorpresa fue “la canción exclusiva”, la que no repite en los otros conciertos de la gira, y que en Barcelona fue La santa.pero también combinando reguetón, el empuje dehits como Ojitos lindos y Klousfrens, pero también combinando reggaetón, el empuje de El apagón y una vez más el perfume de salsa de Debí tirar más fotos

Bad Bunny ya había ofrecido otros bailes en Barcelona, como el de 2018 en el Reggaeton Beach Festival y el del Sónar de 2019, pero nada que ver con el baile inolvidable del viernes, nada que ver con la magnitud del primero de los dos conciertos en el Estadio Olímpico. Y la fiesta continúa este sábado.

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