Todo Bad Bunny en una canción: ser el rey del pop haciendo reggaetón y dembow (y salsa)
El músico puertorriqueño comienza en Barcelona la gira europea del disco 'Debí tirar más fotos'
BarcelonaBad Bunny se puede explicar con una sola canción. Ahí está todo en Nuevayol, la pieza que abre Debí tirar más fotos (2025), el disco que llevó al artista portorriqueño a actuar en la Super Bowl y a hacer la gira que pasa viernes y sábado por el Estadi Olímpic Lluís Companys de Barcelona, el inicio de la parte europea del tour. Ahí está la reivindicación de la identidad de Puerto Rico, el conflicto eterno con los Estados Unidos, el diálogo con la riquísimA tradición musical de la isla, la autoestima cultural (también sexual), un mensaje de advertencia sobre el consumo de determinadas drogas y la autoafirmación de un orgullo artístico que alardea con ironía: "¿Cómo Bad Bunny va a ser rey del pop, ey / con reggaetón y dembow?" Pues sí que lo es. Y con Nuevayol se puede bailar a la vez reggaeton, dembow y salsa sin cambiar de zapatos.
Bad Bunny es una estrella que domina muchas herramientas expresivas y arrastra el flow con mucha personalidad y rigor métrico, pero no es un buen cantante en el sentido convencional, ni ha demostrado que pueda poner la voz al servicio de tradiciones rítmicas como la plena, la bomba, el son o incluso la salsa brava. No puede compararse con la larguísima hilera de grandísimos cantantes que han marcado la historia musical de Puerto Rico, como el inmenso Cheo Feliciano, el sonero mayor Ismael Rivera, el cantante de cantantes Héctor Lavoe o el maravilloso Ismael Miranda, el niño bonito de la salsa. Los superlativos no son sobreros cuando se habla de estos vocalistas. Sin embargo, Bad Bunny es lo suficientemente inteligente como para no renunciar a dialogar con esta tradición. Lo hace de manera vicaria con un sample de la canción Un verano en Nueva York, del Gran Combo de Puerto, una de las formaciones emblemáticas de la música popular de Puerto Rico. La voz que se oye al principio de Nuevayol es la de Andy Montañez, vocalista del Gran Combo hasta 1977.
No es la primera vez que Bad Bunny conecta con el pasado musical de la isla, pero hasta el disco Debí tomar más fotos no lo había hecho con tanta intención de ligarse a una tradición; uno de los precedentes más relevantes, pero no el único, fue la comunión entre el reggaeton del portorriqueño Tego Calderón (todo un referente para Bad Bunny) y la salsa del venezolano Óscar D'León en 2006, y más tarde colaboraciones como las de Maluma con Marc Anthony. Bad Bunny lo ha hecho justamente cuando las músicas urbanas hacía tiempo que necesitaban una sacudida y cuando músicos provenientes de otras tradiciones comenzaban a mirar el reggaeton con menos reticencia.
El trombón y el béisbol
La elección de Un verano en Nueva YorkWillie Colón, fallecido en febrero de este añoWillie Colón, fallecido en febrero de este año, representa varias cosas importantes para Bad Bunny. Como explica César Miguel Rondón en el imprescindible El libro de la salsa. Crónica de la música del Caribe urbano (1978), la salsa de Nueva York era música de barrio y Colón, a pesar de las imperfecciones de los primeros discos, hechos cuando apenas era adolescente, permitía una identificación genuina de "jóvenes como él que no habían sido criados en la placidez de las buenas costumbres y la música bien hechaBad Bunny y la música como acto de resistencia (Libros Cúpula, 2026), de Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau.
Willie Colón, "Bad Bunny y la música como acto de resistencia (Libros Cúpula, 2026), de Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau.
Willie Colón, "el malo", tal como recuerda Bad Bunny en Nuevayol, también representa el buscavidas juvenil fascinado por el fetichismo delincuencial que a finales de los sesenta y principios de los setenta proporcionó una estética propia a la salsa urbana, en paralelo a lo que estaban haciendo los artistas afroamericanos en Estados Unidos, por ejemplo con el cine blaxploitation, y los jamaicanos en el Caribe con el ska y el reggae. Bad Bunny coquetea con esta imagen de bad boy, pero lejos de la picardía de barrio de los salseros, del fatalismo pandillero de los jamaicanos y de la beligerancia fanfarrona de otros tótems del reggaeton. Es un bad boy que fluye y que, en vez de cruzar la calle cerrando el puño dentro del abrigo, se pasea por la zona VIP del Festival Coachella.
Todavía hay otro detalle en Nuevayol que conecta pasados y presentes culturales: el béisbol, el deporte más popular entre la comunidad latina de Nueva York y del Caribe. Bad Bunny cita a Juan Soto, el jugador dominicano de los New York Mets (y antes de los Yankees), de la misma manera que el panameño Rubén Blades hacía aparecer un bate de béisbol en Decisiones, del disco Buscando América (1984). Por cierto, seguramente es una coincidencia inconsciente e intranscendente, pero tanto en Decisiones como en Nuevayol aparece James Bond, un icono que atraviesa generaciones.
Puerto Rico y el panamericanismo
Rubén Blades fue uno de los referentes que Bad Bunny homenajeó en la memorable actuación en la Super Bowl con el desfile de banderas de los países de América, un guiño a la llamada panamericana y antirracista que el músico panameño hizo al final de la canción Plástico, del disco Siembra (1978), con Willie Colón. Sin embargo, a pesar de lo que hizo en la Super Bowl y de ser el héroe latinoamericano que triunfa en Norteamérica cantando en español, él prioriza la reivindicación de la identidad puertorriqueña, casi siempre en relación conflictiva con los Estados Unidos, más que la reivindicación panlatinoamericana que sí pregonan Blades y el puertorriqueño Residente (por ejemplo en la canción This is not America).
La lucha de Bad Bunny es más local, pero no es difícil que sea compartida por gente de otros países, a pesar de los matices derivados del hecho de ser de una isla que es un estado libre asociado a los Estados Unidos (ni un estado de los Estados Unidos, ni un estado plenamente soberano), donde, a pesar de tener la ciudadanía de los Estados Unidos, los residentes no pueden votar en las elecciones presidenciales. Habla de los agravios, la desatención y la depredación que sufre la isla, tanto por parte del gobierno local como de Washington. Habla de ello sobre todo en Lo que le pasó a Hawaii. Bad Bunny refleja también la complejidad de ser ciudadano de los Estados Unidos de origen puertorriqueño. Como tal, no tiene los problemas que sí deben afrontar los migrantes de otros países, pero, consciente de las redadas antiinmigración puestas en marcha por Donald Trump, ha excluido los Estados Unidos de la gira, precisamente para evitar detenciones de migrantes que podrían ir a los conciertos.
Lingüísticamente, hace bandera reivindicativa de una lengua hegemónica en la mayoría del continente americano, cuyo uso político y administrativo ha contribuido a hacer retroceder o desaparecer lenguas indígenas, pero que a la vez es una lengua que arrastra desprecios diversos en Estados Unidos, y ataques racistas incluso por parte del presidente Donald Trump (a raíz de la actuación en la Super Bowl). Bad Bunny representa las generaciones de puertorriqueños que no han abandonado el español, como sí hicieron generaciones anteriores, sobre todo hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos. "Hay muchos latinos que no hablan su lengua porque no la aprendieron cuando eran pequeños, y es una pena", recordaba hace unos años José Feliciano, puertorriqueño criado en Nueva York. Bad Bunny no defiende una lengua en peligro, es evidente, pero en el contexto del mercado musical de Estados Unidos la decisión de mantenerse sin cantar en inglés ha roto una dinámica. Solo hay que recordar que artistas como Shakira hacían discos en versión española y en versión inglesa para intentar conquistar el mercado angloparlante. A Bad Bunny, como a Rosalía, no le ha hecho falta. En otra escala, porque sí que es una lengua minorizada, sería como los artistas que no han renunciado al catalán para poder actuar fuera de los Países Catalanes.
El territorio dembow
En Nuevayol, el sample de Un verano en Nueva York, con la clave rítmica de la salsa y el empuje de los metales, convive con bombos electrónicos que anuncian patrones rítmicos de las músicas urbanas del siglo XXI, concretamente del dembow, de origen dominicano como Marcos Borrero, productor de buena parte del disco Debí tirar más fotos (también es dominicano el rapero El Lápiz Conciente, cuyo nombre sale en la letra de Nuevayol). Es aquí, en el territorio dembow, donde la canción se despliega como un artefacto genuinamente badbunniesco. Cambia también la lírica. De la rima “primor / York” con las erres bien marcadas, se pasa a las consonantes líquidas características del acento de Puerto Rico que Bad Bunny refuerza, y cada estrofa encuentra una sonoridad diferente. No es del todo como la estructura de la salsa, porque no sigue el círculo introducción-tema-montuno-mambo-cierre, pero sí que tiene un perfume. Así como los soneros aprovechan el montuno para decir la suya, Bad Bunny aprovecha las estrofas centrales para explicarse, pero con una voracidad más propia del hip-hop.
En la primera estrofa se jacta de ser una estrella: pasan los años y sigue vendiendo discos como “cuadros Frida Kahlo” (siempre referencias latinoamericanas). Como hacía Héctor Lavoe, de repente pasa de la vanidad a la humildad para introducir un mensaje de advertencia sobre las drogas, primero ambiguo (puramente descriptivo) y después más directo, o así parece: “El perico es blanco, sí, sí / El tusi rosita, eh, eh / No te confunda', no, no / Mejor evita, ey”. Puestos a embriagarse, dice, mejor sentirse más cerca de Puerto Rico tomando un vasito de ron “en casa de Toñita”, el bar Caribbean Social Club de Brooklyn que también tuvo un papel destacado en la Super Bowl. El simbolismo de can Toñita es bastante poderoso: fue uno de los locales que visitó Zohran Mamdani poco después de ganar las elecciones a la alcaldía de Nueva York, en una visita que también pasó por los clubs hipsters de Brooklyn.
La segunda estrofa es la revancha. Bad Bunny restregando por la cara de los detractores que sí se puede ser el rey del pop siendo de Puerto Rico y haciendo reggaetón y dembow (y músicas populares puertorriqueñas, claro), un estatus que no alcanzaron los referentes de la salsa de Nueva York. Queda fuera un tema incómodo: ¿tendría el mismo reconocimiento de la industria musical y mediática estadounidense si, además de puertorriqueño, fuera negro?
Finalmente, Nuevayol se cierra recuperando el corazón del Gran Combo antes de adentrarse en una coda que parece desconectada de la canción, pero que tiene lógica dentro de la dinámica fragmentaria de las músicas urbanas y que funciona como párrafo final de una carta de amor a Nueva York, concretamente a la ciudad nuyorican, la de los portorriqueños. "Tú estás buena, yo estoy bueno también", canta. Es Bad Bunny y la autoconfianza, no necesariamente sexual, pero podría aceptarse esta interpretación. En cualquier caso, es un final de proclamación del orgullo de ser quien es y al mismo tiempo transmitirlo con empatía, seguramente una de las claves del éxito de Bad Bunny. El rey del pop haciendo reggaeton y dembow (y salsa).