Bad Bunny planta a Puerto Rico en medio de la Super Bowl pero evita el choque explícito con Trump
El cantante lanzó un mensaje de hermandad entre países americanos en un espectáculo denso, acelerado y de alto contenido simbólico
Barcelona"¡Fuera el ICE!" Aún resonaban estas palabras de Bad Bunny, pronunciadas hace una semana al recibir el Grammy al mejor disco del año de música urbana, que el artista puertorriqueño se enfrentaba al reto de aprovechar un altavoz aún mayor: los más de 120 millones de espectadores americanos que miran la Super Bowl. La liga de fútbol americano hacía una jugada atrevida fichándolo para el descanso, en un intento de acercar al público latino a esta disciplina deportiva. El cantante no defraudó en lo musical y en el político se mostró astuto, si bien a diferencia de los jugadores que se batían sobre el césped, no entró en el cuerpo a cuerpo con Trump.
La puesta en escena tenía un gran simbolismo. En medio del terreno de juego, en pocos minutos emergieron una plantación y un pequeño barrio de Puerto Rico en miniatura, incluyendo incluso una barbería, reivindicación de estas informales ágoras populares. "Nunca dejé de creer en mí", dijo Benito Antonio Martínez Ocasio, vestido con varias capas de blanco crudo, mientras desgranaba algunos de sus logros como Yo perreo sola, NUEVAYoL, BAILE INOLVIDABLE, La mudanza o Eoo y no menos de 200 músicos y bailarines se apresuraban por llenar de ritmo compacto y twerking la reivindicación de Bad Bunny del carácter latino. Hubo, también, la aparición sorpresa de Ricky Martin, que versionó esta crítica a la gentrificación que es LO QUE LE PASO EN HAWAii, y de Lady Gaga, que cantó una versión latina de su éxito con Bruno Mars Die with a smile.
Que no hubiera proclama abierta antitrumpista no quiere decir que el espectáculo no tuviera mensaje e, incluso, fue lo suficientemente pícaro para recordar su "Fuera el ICE" sin pisar ningún tempranillo corporativo. En un momento huidizo, le daba el Grammy a un niño –símbolo del sueño aspiracional americano– que estaba mirando la televisión donde, justamente, se veía a Bad Bunny en la gala de premios desde donde criticó a los agentes antiinmigración. No hicieron falta palabras, la pantalla no emitía ningún sonido, pero todo el mundo entendió la intención de esos breves fotogramas.
También fue emotivo y político el final de la actuación. El clímax consistió en Bad Bunny recitando a todos los países que forman el continente americano, mientras unos bailarines llevaban las banderas correspondientes. Y, en la pantalla gigante, se leía un lema: "Lo único más poderoso que el odio es el amor". Con esta oda a la hermandad americana, Benito cogió un balón de fútbol americano que le acompañaba –y que sugería un fruto del cacao, en medio de aquel carrizal– y lo estampó contra el césped, marcando el suyo touchdown particular, antes de irse por una esquina del Levi's Stadium, mientras sonaba una versión desenfrenada de DEBINO ECHAR Más FOTOS.
A diferencia del año pasado, en el que Trump asistió al partido, en esta ocasión lo ha declinado. El motivo oficial es que, dado que el partido entre los Patriots de Nueva Inglaterra y los Seattle Seahawks (con victoria de los segundos, 13-29) se celebraba en San Francisco, le quedaba demasiado lejos de la Casa Blanca, en la otra costa del país. Pero a nadie se le escapa la antipatía obvia del presidente americano contra el cantante puertorriqueño, aunque en octubre pasado se hiciera el descomido diciendo que no sabía quién era ese tal Bad Bunny que había contratado a la NFL, pero que le parecía una idea "terrible".
De hecho, los amigos del presidente estadounidense ofrecieron un espectáculo alternativo. "Di no al woke y sintoniza el Intermedio Exclusivamente Estadounidense, pedían horas antes del inicio del partido sus promotores, la organización MAGA (Make America great again) Turning Point, fundada por el activista asesinado Charlie Kirk. La oferta la encabezaba Kid Rock, que tuvo su momento de gloria en los 90 y principios del 2000, y que empezó sobre todo con el rap metal pero que con los años evolucionó hacia un country más clásico. Le acompañaban algunos cantantes de country. El espectáculo acumuló problemas en una retransmisión que llegó a reunir a seis millones de personas en YouTube, una cifra muy alejada de la audiencia de los espectáculos de la Super Bowl.
Trump vio a Bad Bunny. "Es terrible", dijo el presidente estadounidense. "Es una ofensa a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad y excelencia", escribió Trump en su red social, Truth Social, terminado el espectáculo de Bad Bunny. "Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este hombre, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todos Estados Unidos y en el resto del mundo", añadió.
Otros músicos críticos con Trump que también actuaron en la Super Bowl, en este caso al inicio, fueron Green Day, con su punk domesticado. La banda ofreció unas versiones compactadas de sus temas Holiday, Boulevard of broken dreams y American idiote. Había expectación por saber si, en este último tema, Billy Joe Armstrong mantendría el verso "I'm not part of the MAGA Agenda", que ha estado cantante de un tiempo a esta parte en vez de la letra original, o también "No Trump, no KKK, no fascista USA", pero no fue el caso. Sólo se permitió decir la palabrota "fucking" en un momento del tema, que fue censurada por la NBC, por cumplir con las leyes audiovisuales que afectan a los canales en abierto.
800 millones en una noche
La Super Bowl es una gran fiesta deportiva y musical en cuanto a la media parte, pero es también el evento televisivo de la temporada en Estados Unidos. Se calcula que comprar 30 segundos de antena para insertar un espot puede costar unos 8 millones de dólares (producción y fichaje de estrellas aparte) y que la cadena que emite el evento –este año la NBC– puede llegar a embolsarse cerca de 800 millones de dólares en una sola noche. Estos anuncios suelen dominar la conversación al día siguiente. Uno de los más célebres pudo verse en el 2022: consistía en un código QR que, como si fuera el protector de pantalla de un DVD, iba flotando en movimiento sobre la pantalla en negro, sin ninguna información, durante 60 segundos. Los que le buscaban con la cámara iban a charlar a una página donde se les ofrecía una criptomoneda.