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Cultura  /  Música 18/04/2022

Cotilleo pop: 11 canciones que revelan intimidades

7 min
Rosalia y C Tangana

BarcelonaLa historia de la música está llena de ficciones, insinuaciones y verdades. Hay canciones que son intimidades difundidas con más o menos pudor, y vidas que quedan a cuerpo descubierto cuando se descubre el enigma de un estribillo. Quizás no se sabrá nunca el nombre del Benvolgut de Manel, ni si la Johana con quien soñaba Bob Dylan mientras dormía con Sara Lownds era realmente Joan Baez o no, pero hay un amplio abanico de posibilidades, en este cotilleo pop. A continuación, once canciones y todo un disco sobre intimidades reveladas y/o interpretadas.

‘Tú me dejaste de querer’ / ‘Candy’

C. Tangana / Rosalía

Cómo diría Rosalía, lo primero son los hechos. Rosalía y C. Tangana tuvieron una relación sentimental y profesional. Ella colaboró en la canción Antes de morirme (2016) del madrileño, y él en el disco El mal querer (2018) de ella. La relación no continuó, pero tanto la una como el otro han hecho canciones abiertas a la interpretación chismorreosa. Nada es explícito, ni ninguno de los dos ha dicho ni oxte ni moxte, pero han regalado al mundo unas cuantas canciones que dejan poco margen para la imaginación. Tú me dejaste de querer es la gran canción de Tangana sobre el amor perdido. Y Candy parece la réplica de Rosalía, donde recuerda cómo lo enamoró bailando Candy del dúo puertorriqueño Plan B. El madrileño lamenta que ella dejó de quererle. Ella efectivamente admite que ya no lo aprecia como antes, pero matiza que él la "rompió pero solo en parte”. Él la recuerda desde el despecho, porque, dice, ella lo dejó de querer cuando él la necesitaba. Ella sonríe mientras va repitiendo: “Sé que no me has olvidado”. Bienvenido sea el tira y afloja sentimental cuando genera joyas de esta categoría. Por cierto, puestos a interpretar, es lícito pensar que Hentai, de Rosalía, es una oda pollil dedicada al instrumento de su pareja actual, Rauw Alejandro.

‘Conillet de vellut’

Joan Manuel Serrat

Los hechos: a finales de los años 60 Joan Manuel Serrat también hizo alguna incursión en la discoteca Bocaccio de Barcelona, aquella madriguera de la bohemia perfumada y con billetes en el bolsillo que la nostalgia de los triunfadores ha elevado a la categoría de mito. Aquel Serrat sobrado de talento y encanto tuvo una aventura con la modelo danesa Susan Holmquist, una habitual de Bocaccio a quien el fotógrafo Oriol Maspons había inmortalizado para la portada de la novela Últimas tardes con Teresa (1966), de Juan Marsé. La relación entre la modelo y el pijoaparte del Poble-sec duró lo que duró, y Serrat sacó una canción magnífica, Conillet de vellut (1970), humorística y rebosante de mala baba a la vez.

El conill fora del niu / m’enganyava amb qualsevol objectiu, / se’m perdia en el forat / d’una Nikon o una Hasselblad...”, cantaba lamentando que ella estuviera con el fotógrafo Gianni Ruggiero. Serrat, agobiado ante la posibilidad de tener que gestionar los vértices de un ménage à trois, se resigna a quedarse “sol i fotut, conillet de vellut”, pero divisa una solución: hacerse fotógrafo. No pasó: un año después publicó su obra maestra: el disco Mediterráneo (1971).

‘La distancia adecuada’

Christina Rosenvinge

La revista Rockdelux propició el encuentro artístico entre Nacho Vegas y Christina Rosenvinge, y los hechos que acontecieron se explican en el disco conjunto Verano fatal (2007). Esta es una parte de una historia empapada de rock’n'roll, amor y “camellos detrás de cada farola”, como recuerda ella en el libro Debut. Cuadernos y canciones (2019). Todavía en el corazón de la tormenta, los dos negociaron reproches y ternuras. El cantautor asturiano en algunas canciones del álbum El manifiesto desastre (2008), y ella en La distancia adecuada, la pieza que abría el álbum Tu labio superior (2008).

La distancia adecuada es una de las mejores canciones de Christina Rosenvinge, compuesta durante la gira con Vegas y empapada de tristeza y decepción. La heroína, la “señorita” que rima con su nombre (Christina), es “la favorita” de él, y ella se afanó en poder estar con Vegas “al natural” y así “saber quién es”. El tono confesional coge un color aterrador cuando aparece la voz del asturiano para cantar el estribillo. Rosenvinge advierte que los que escriben canciones tienen mucha comedia, pero también que a veces es más sensato no explicarlo todo.

‘You’re so vain’

Carly Simon

Los hechos. Una mañana la cantante norteamericana Carly Simon va al psicoanalista y le explica que ha pasado la noche con el actor Warren Beatty. El psicoanalista, probablemente rompiendo unas cuántas normas deontológicas, responde: “No eres la primera paciente del día que ha pasado esta noche con Warren Beatty”. Así lo explica Carly Simon en el libro de memorias Boys in the trees (2015). En el mismo libro Simon resuelve una parte del enigma que ha acompañado la canción You’re so vain desde que se publicó en 1972.

Efectivamente, los versos “eres tan vanidoso / que seguramente creerás que esta canción habla de ti” se refieren a Warren Beatty. La canción es un prodigio que desnuda la vanidad masculina, y durante muchos años se especuló que también disparaba contra Mike Jagger y James Taylor. Simon solo ha admitido que “uno de los tres hombres” que le inspiraron la canción es Warren Beatty. El actor, por cierto, ya había dicho en 2007: “Seamos honestos, claro que la canción habla de mí”.

‘La Polinèsia’ / ‘Èpoques glorioses’

Pau Vallvé

El primer hecho: Pau Vallvé está enamorado y publica el disco Abisme cavall hivern primavera i tornar en 2017. En la portada sale una chica con un vestido , pero no le vemos la cara. “Es el vestido de mi novia. Lo compramos en Portugal, en el momento álgido del viaje”, explicaba el músico barcelonés. A la novia le escribe canciones de felicidad para cantar con la camisa abierta como Per què collons has trigat tant y La Polinèsia : “Tu ets amb qui vull fer-me gran, Júlia”. Según Vallvé, ella “está contenta”, a pesar de que “le daba cosa que saliera su nombre en la canción”.

El segundo hecho: marzo de 2020, “tres o cuatro días antes del confinamiento” llega la separación de la pareja. Pau Vallvé pasa el confinamiento en el estudio donde irá cocinando el disco La vida es ara. La separación está presente en las dos primeras canciones: Buguenvíl·lees y Èpoques glorioses. “Aquest no és el final que hauríem esperat”, canta un hombre cuyos discos son dietarios sentimentales.

‘The KKK took my baby away’

Ramones

A veces los hechos son unos, pero podrían ser otros. Linda Marie Daniele y Joey Ramone fueron pareja durante unos tres años, hasta el 1981. Acabada la relación con el cantante de los Ramones, Linda empezó a salir con Johnny Ramone, el guitarrista de la banda de Nueva York, con quien se casaría en 1984. Johnny era un republicano de pura cepa, un patriota admirador del presidente Ronald Reagan y después también de George W. Bush. En el disco de los Ramones Pleasant dreams (1981), Joey Ramone incluyó The KKK took my baby away. Enseguida se interpretó que la canción, una delicia de pop-punk , era un lamento porque Johnny, identificado como el Ku Klux Klan, se había llevado a Linda. Como pasa a menudo, el punto de vista de ella quedaba excluido de la canción.

Mickey Leigh, hermano de Joey, refutó la teoría de Johnny = KKK. Según él, la canción fue escrita a raíz de una relación frustrada con una chica afroamericana (y así lo sugería el videoclip ). Los padres de ella no confiaban en un blanco. En esta lectura, Joey culparía el KKK de la comprensible desconfianza de los negros respecto a los blancos, y, por lo tanto, también lo haría responsable de la imposibilidad de un amor interracial.

‘Suzanne’

Leonard Cohen

En Montreal todo el mundo quería a Suzanne Vaillancourt. También Leonard Cohen, que soñó con mantener con ella una relación... platónica. “He tocado su cuerpo perfecto con el pensamiento”, decía el seductor canadiense. Según Cohen, la canción Suzanne no habla concretamente de Vaillancourt, pero cuando ella la escuchó interpretada por Judy Collins el 1966, se sintió “profundamente herida”, como si alguien estuviera examinando su vida con una lupa; a la vez, encontraba deshoneso tque Cohen transmitiera intimidad “cuando en realidad solo había distancia”. Así lo recoge Sylvie Simmons e el libro I am your man (2012). Suzanne también reprochó a Cohen que esparciera la idea que él no había intentado seducirla: “Él expresó claramente el deseo de tener intimidad física, pero yo lo rechacé”. No fue la única. Cohen también había quedado deslumbrado por Nico, la modelo alemana y cantante de The Velvet Underground, pero no lo consiguió, al menos sexualmente. Ella los prefería más jóvenes, y Cohen ya tenía... 32 años. Nico acabó siendo la chica alta y rubia con quien anda en la canción Memories.

‘Paula C'

Rubén Blades

Gracias a la canción Paula C el mundo supo que Rubén Blades tenía un gran amor que vivía en la calle 82 de Nueva York. Ella era Paula Campbell, una bostoniana de origen irlandés fan del puertorriqueño Héctor Lavoe. Se habían conocido en 1975, cuando el cantante panameño apenas estaba impulsando su carrera ligado a la escudería Fania y a Willie Colón (grandes influencias de la Rosalía de Motomami, por cierto). El 1978, después de una discusión, vino la primera separación. Volvieron, y Blades compuso Paula C –incluida en el disco Bohemio y poeta, de 1979–, una maravilla de salsa romántica, con la tristeza por el adiós del amor y la ilusión por el beso del reencuentro. Rubén y Paula estuvieron juntos siete años, hasta principios de los 80, pero Paula C continúa sonando en los conciertos del autor de Pedro Navaja

‘Traitor’

Olivia Rodrigo

Hechos: Olivia Rodrigo y Joshua Bassett compartieron fama Disney como estrellas de High School Musical: The Musical: The Series. También compartieron un amor adolescente que desembocó en drama, separación y un seguido de reproches esparcidos por el suelo. Siguiendo el manual de autoficción de Taylor Swift, Olivia Rodrigo llenó el álbum Sour (2021) de canciones que revelan el desencanto provocado por el desamor. La más explícita es Traitor, una balada indignada, el dolor provocado por el flechazo de la sospecha de que Bassett le había sido infiel y por la certeza de que él solo necesitó dos semanas para pasar página.

‘Rumours’, de Fleetwood Mac, el disco de los mil infiernos

Honestidad brutal (1999) de Andrés Calamaro es el disco de un hombre encerrado en una jaula de catástrofes, tóxicos y amores perdidos. A pesar de que Bob Dylan es el referente de Calamaro, aquel álbum no conecta solo con Blood on the tracks, sino también con la madre de todos los discos de ruptura: Rumours (1977), la obra maestra del grupo Fleetwood Mac. Rock, indulgencia, cocaína y un laberinto de infidelidades presidieron la grabación del disco. John y Christine McVie se estaban separando. La cantante Stevie Nicks y el guitarrista Lindsey Buckingham básicamente se tiraban los platos a la cabeza. Y Mick Fleetwood, el quid de la cuestión, había descubierto que la mujer le era infiel. Y la cosa siempre podía complicarse con más desconfianzas. Canciones como Go your own way, Dreams y Don’t stop explican con suficiente transparencia los diferentes círculos del infierno emocional que recorrieron Fleetwood Mac durante la grabación de un disco cuyo éxito les permitió continuar como grupo. Así funciona este juego.

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