Crítica de música

La dimensión arcádica de la flauta en el Palau de la Música

Un admirable Emmanuel Pahud interpreta el concierto de Mozart con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart

El flautista Emmanuel Pahud en el Palau de la Música.
21/01/2026
2 min
  • Palacio de la Música. 20 de enero de 2026

Toda una estrella de la flauta como Emmanuel Pahud (discípulo de Jean-Pierre Rampal) al servicio del primer concierto –y, de hecho, el único original escrito para este instrumento– de Mozart. El músico suizo explora el discurso de la pieza y se le hace suyo con perfectos acabados, con un admirable tratamiento cantabile del segundo movimiento gracias a las frases bien ligadas y con una sensibilidad desnuda de amaneramientos y sensiblerías. Puro discurso mozartiano, sin afectaciones pero sin aspavientos filológicos que a veces pueden convertir las piezas originales en algo irreconocible. Bien arropado por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart dirigida con oficio por François-Xavier Roth, Pahud cerraba la primera parte del concierto dejando el listón bien alto.

La cosa había comenzado con una transparente lectura del Preludio à el après-midi de un fauno de Claude Debussy, en la que Roth supo buscar y encontrar las gamas, colores e irisaciones de la partitura, gestada sobre un poema de Mallarmé y que en 1912 Vassily Nijinski convertiría en pieza coreográfica, heredada más tarde por Rudolf Nuréyev. Más que una sucesión narrativa de gestos o de paisajes que legítimamente podría proyectarse dentro de su cabeza, Roth optó por una lectura corpórea y unitaria, como un arco que comenzaba con las deslizantes armonías del inicio y que terminaba con la evocación arcádica del final.

En cambio, Daphnis et Chloé pide otra cosa, ya fe de que Roth se esmeró en ella, partiendo del miniaturismo de resonancias vagamente orientales que también pivotan sobre el ballet de Maurice Ravel. Trabajo por detalles, por frases bien cosidas al servicio de un tapiz de colores exquisitamente servido, gracias también al rendimiento mayúsculo de una orquesta formada por grandes músicos. Entre ellos, tres espléndidos flautistas, a los que Roth dio preeminencia tímbrica, aunque fuera para recordar que la flauta era el absoluto protagonista del concierto. De nuevo, la Arcadia que sirve de fondo a los tres actos del ballet se hizo presente en una segunda parte que supo mantener un evidente e inteligente vínculo con la primera. Esto se llama hacer bien las cosas y saber transmitirlas, siempre sirviendo la música y no los egos de quien sube a un escenario.

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