Clásica

Gran Mena al servicio de la 'Gran' de Schubert

El trabajo del director de orquesta al frente de la OBC en L'Auditori fue una pura filigrana

Juanjo Mena.
22/03/2026
2 min
  • Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya. Dirección: Juanjo Mena.
  • El Auditorio. 21 de marzo de 2026

El reciente anuncio de la retirada de Juanjo Mena de los auditorios y salas de concierto a causa de una cruel e irreversible enfermedad añadía interés al concierto del fin de semana de la OBC. Porque asistir a modo de despedida de uno de los grandes directores del momento era una obligación moral. Y ahí estuvimos.

Por suerte, la maestría de Mena hizo del programa algo más que una despedida simbólica. Porque el aliciente era evidente ante una muy prodigada pero siempre sensacional Novena Sinfonía, la Grande, de Franz Schubert. La última página sinfónica del autor de Winterreise se complementaba con la Sinfonía Haffner de Mozart y el Concierto para violín de Mendelssohn, pero por razones de agenda quien firma estas líneas tan sólo pudo asistir la tarde del sábado, con el complemento de la Cata de Orquesta de los Hombres clásicos de Cataluña Música. Y la única pieza programada era, justamente, la sinfonía schubertiana. Numerosos asistentes casi llenaban L'Auditori y cabe decir que el comportamiento fue ejemplar, teniendo en cuenta que buena parte de aquellos espectadores eran debutantes en la Sala Pau Casals, tal y como confirmaron Pedro Pardo y Albert Galeran antes del inicio. Ni tos, ni móviles ni aplausos fuera de sitio: máxima atención a la gran página romántica y, al final, entusiastas aplausos.

Cabe decir que la ovación final era merecida, porque el trabajo de Mena frente a la OBC fue una pura filigrana: si bien se acusó un exceso de volumen a los metales al final del primer movimiento, el detallismo de la madera al segundo, la feliz conjunción de cuerda aguda y cuerda grave al scherzo y el brillo delAllegro vivace conclusivo confirman que asistimos a una muy feliz sesión musical.

Mena se erigió como el gran maestro de la batuta que siempre ha sido: anticipándose, midiendo intensidades sonoras –a pesar del citado pasaje final del primer movimiento–, atendiendo a mil y un detalles... No descubrimos nada nuevo de una página archiconocida, pero sí disfrutamos de una lectura de manual.

Felices interpretaciones, además, de todas las secciones, con un metal especialmente prodigioso (sobre todo los trombones) y una cuerda grave de sinuosas texturas. El diálogo, además, funcionó y el resultado fue bueno. Juanjo Mena puede sentirse muy orgulloso de su trayectoria y seguro que culminará un último año de actuaciones con un listón que dejará bien alto. Y hay que decir que se va demasiado pronto de los escenarios. No vale.

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