Oda a Roger Mas
Crónica del concierto del gigante de Solsona con la extraordinaria Cobla Sant Jordi Ciudad de Barcelona en el Teatre Grec
Roger Mas y la Cobla Sant Jordi Ciutat de Barcelona
- Teatro Griego. 22 de julio de 2026.
Llegas a las puertas del séptimo cielo, ceremonioso y sensato, pero enseguida corres a esconderte entre la alegría mundana, salvaje y alocado. Te alzas como un profeta solemne que no tiene miedo de hacer amistad con las criaturas del averno. Llevas el humor como escudo, y las alpargatas para mantener los pies ligeros y tocando tierra. La esperanza es más retórica que convincente y, aun así, no renuncias a proclamarla. Cantas al amor y a todo lo que pasa "bordando el perímetro". Pasan los años y sigues aquí, gigante del Solsonès, provocando una sonrisa con una broma, como si la pretensión fuera rebajar el impacto que provocas con la interpretación. La sabes larga, Roger Mas, que convocas a 2.000 personas para maravillarse con la integral de los dos discos con la Cobla Sant Jordi Ciutat de Barcelona. Y en el Teatre Grec, el mismo escenario donde el 2 de julio de 2022 celebraste 25 años de trayectoria artística con uno de los mejores espectáculos de la historia del Festival Grec. Tenía sentido, pues, que el mismo festival acogiera ahora el concierto de la integral de cobla.
En torno al Verdaguer que en Caminant anhelaba "la barquita de Dios" que acabara con el "destierro" terrenal, sueltas: "No tengo prisa por irme, pero me podría ir feliz". Apenas es la quinta canción del repertorio y ya has recibido unas cuantas ovaciones que, en buena lógica, agradeces a tu manera, amable y socarrón a la vez. El público ha agradecido el diabólico contraste de falsete y gravedad de Si tu ho dius, un tema del volumen 2 (el disco de 2024) que infiltras en el repertorio de la primera parte, la dedicada al volumen 1 (el disco de 2012). En la misma canción, también ha celebrado el esplendor de una cobla a doce, con tres trompetas iluminando la melodía con arreglos de pop-soul. En Caminant ha corroborado lo que todo el mundo sabe, que cuando proyectas la voz telúrica todo es solemne, pero que hay pocos cantantes que expresen la vulnerabilidad de un verso como tú, haciendo que el vibrato y la afinación se sienten a la mesa de negociación de la última tónica.
"Nos lo pasamos bien, no sé si se nota", dices después de advertir que la noche será larga, de casi tres horas. La alegría la transmite sobre todo Xavier Guitó, pianista, director musical y duende imprescindible en esta aventura extraordinaria. La sabes larga, Roger Mas, que haces que la gente sepa lo importantes que son estos músicos, Guitó, los de la cobla, el batería Josep Pinyu Martí y el contrabajista Arcadi Marcet. En El testament d'Amèlia la ovación premia a la cobla por la pulcritud con la que amplifica la sardana de Joan Lamote de Grignon. Y antes de que acabes L'aigle noir, de Barbara, te marchas del escenario para que los músicos culminen el estallido musical y reciban la ovación. A estas alturas ya has detenido el tiempo con esta canción. Cómo administras el vibrato cuando cantas "lentamente, las alas batiendo" y cómo haces caer el verso hasta el terror más profundo. Se necesita una sensibilidad especial para abordar esta canción en la que la cantante francesa intentaba entender los abusos que había sufrido de pequeña.
Más adelante, en la copla con cobla La bien pagá, el maestro Guitó dirige a los músicos pendiente de ti, de tus entradas. Esto no se paga con dinero, hay una complicidad indestructible, como la que manifiestas con todos los músicos mientras declamas la Oda a Francesc Pujols para cerrar la primera parte. La hacéis relajadamente, demasiado incluso, pero consigue el efecto: si hacemos volar palomas, que sea con una sonrisa y unas cuantas risas. El humor y la naturalidad es también un gran aliado cuando pierdes el hilo de la letra en Haika mutil, la canción popular vasca inmortalizada por Mikel Laboa. Te sales con simpatía: "He hecho una paradinha", dices.
La trilogía del amor
Diez minutos de descanso y de nuevo a las cosas extraordinarias. Quan tothom viurà d'amor (Raymond Lévesque), La canzone dell'amore perduto (de tu admirado Fabrizio De André) y La llorona (con Chavela Vargas en el recuerdo) es una trilogía insuperable, y con qué rigor emocional las cantas. Poco a poco, la cobla se quita la solemnidad y se deja empapar de swing en Tres branques. Pero te gusta jugar, Roger Mas, y la haces vestir de ceremonia para proyectar el himno occitano Aqueres montanhes y enseguida la implicas en el universo de canción infantil de Si canta, tu versión en catalán del mismo tema. Cómo es la música, que hace que una misma cosa sea de una manera y de otra bien diferente.
La sabes bien larga, Roger Mas, y subes escaleras arriba para cantar Lo comte Arnau entre el público. La maniobra quizás distrae de la cantidad de genialidades musicales que hacéis a propósito de Verdaguer, "el caballo negro" y "el caballo blanco", como la tensión entre el contrabajo y la batería antes del estallido de la cobla. Distrae, quizás sí, pero has regalado un momento inolvidable, que es el santo grial de la música en directo. La segunda parte la acabas, claro, con El dolor de la bellesa, un infiltrado del volumen 1. Ya podrías declarar la victoria, pero quieres más. Y el público también.
Haces unos besos generosos y exultantes. Brilla el trombón en Guarda che luna (Fred Buscaglione), qué sabiduría, los italianos, para cantar la melancolía con alegría. Celebra todo el mundo Passeig del Carme, para certificar que eres montaña y eres mar, la piedra y el maguey. Estás pletórico en Canta, Maria! (Ary Barroso), que el arreglo de Guitó mantiene en la magia brasileña. Y te marchas con La santa espina, euforia colectiva que el público acompaña con gritos de independencia. Haces una llamada a la calma y recuerdas el peculiar "farmacéutico Alexandre Deulofeu", que pronosticó que en 2029 llegará el fin de España. La sabes larga, Roger Mas, siempre con la rosa de la ocurrencia en los labios para apaciguar tanto la arrebato como el engreimiento.
Todo el mundo desfila hacia la salida, es casi la una de la madrugada. Habías dicho, citando a Maria Mercè Marçal de Si el mar tingués baranes, que "a veces no hace falta entender las cosas porque las entendemos muy bien". Ya pasa con el arte y la poesía, que no hace falta entenderlos para disfrutar, o que no hace falta entender por qué disfrutamos porque lo más importante es precisamente disfrutar. Nos marchamos con la sensación de haber disfrutado mucho... y alguien no entiende, Roger Mas, por qué has dejado fuera del repertorio I la pluja es va assecar. Nadie es perfecto, entendemos.