Música

"Esto de Oques Grasses es una animalada"

Quimi Portet, Santi Balmes, Joan Dausà y Jordi Herreruela reflexionan sobre los cuatro conciertos que hará el grupo osonense en el Estadio Olímpico

03/10/2026 - 20:02 h.

BarcelonaEl hito no tiene precedentes: ningún artista o grupo catalán ha hecho cuatro conciertos en el Estadio Olímpico Lluís Companys la misma semana. De hecho, solo lo ha conseguido la banda británica Coldplay, los días 24, 25, 27 y 28 de mayo de 2023. Seguramente superando las expectativas más optimistas, en noviembre de 2025 Oques Grasses vendieron todas las entradas para las cuatro actuaciones que realizarán en el estadio los días 5, 7, 9 y 10 de octubre. Contribuyó a ello el hecho de que son los últimos conciertos del grupo antes de recoger velas, pero, en cualquier caso, es todo un hito. "Es una noticia maravillosa, que refleja un crecimiento del público de la música en catalán, que sobre todo se debe al talento de los artistas y a la profesionalización de un sector capaz de acompañar este talento", explica Jordi Herreruela, director del Festival Cruïlla. Precisamente en el Cruïlla de 2024 Oques Grasses recibió tratamiento de cabeza de cartel y cerró el escenario principal la noche del sábado. Estaba en los primeros compases de la gira de presentación de Fruit del deliri (Halley Records, 2024), el último de la discografía del grupo de Osona.

"Oques Grasses están rompiendo techos de cristal, como lo hace el Mago Pop", señala Joan Dausà, uno de los músicos catalanes que, como Oques Grasses en 2023, ha llenado el Palau Sant Jordi cantando en catalán. Espoleado por el éxito, Dausà asumió el desafío de hacer lo mismo en Madrid, en el Palacio de Vistalegre, y salió adelante. Sin embargo, llenar cuatro estadios olímpicos es jugar en otra liga. "¡Es una animalada!", exclama Dausà, que celebra que el grupo liderado por Josep Montero haya hecho "crecer la autoestima de la música en catalán" y haya hecho "creer a muchas empresas y promotores que aquí hay mucho campo por correr".

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Santi Balmes, que estas semanas está culminando dos décadas de historia con el grupo Love of Lesbian, se alegra mucho del hito de los de Osona, "sobre todo por la esperanza que dan a bandas y solistas que empiezan". "Hacer música en catalán tiene a menudo un punto de desafío, y ganarse la vida con ello es complicado", admite Balmes, que ha hecho la mayoría de su carrera en castellano y que ahora prepara un proyecto personal en catalán. "Que pasen cosas como estos cuatro conciertos hace que muchos puedan soñar. Aunque, irónicamente, estas cosas siempre pasan cuando no te las has puesto como reto, sino que pasan como consecuencia de un camino", añade el cantante de Love of Lesbian.

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"Siempre ha hecho falta que alguien abra una puerta hasta entonces cerrada para que muchos otros se atrevan a recorrer un camino, y Oques Grasses han abierto una puerta que cuesta mucho abrir", dice Jordi Herreruela.

El mérito es de las canciones

Hace apenas cinco meses, Quimi Portet tocó dos días en el mismo Estadio Olímpico Lluís Companys que llenarán Oques Grasses. Fue en los emocionantes conciertos de regreso de El Último de la Fila, cada uno con 55.000 personas alineadas con la fuerza de un repertorio con canciones como Querida Milagros, Insurrección, Aviones plateados, No me acostumbro, Llanto de pasión... "Oques Grasses han conectado con el público de una manera espectacular. Y considero que esto es mérito de las canciones, del material que producen –asegura Quimi Portet–. Obviamente, puede influir un factor de simpatía hacia la imagen que proyectan como banda o de magnetismo del frontman, pero, insisto, según mi parecer son las canciones las que hacen que un grupo llene estos estadios".

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En el caso de Oques Grasses, las canciones han transitado diversas coordenadas estilísticas. En el primer álbum, Un dia no sé com (2012), la canción con más reproducciones acumuladas en Spotify (más de 5 millones) es Cul, que camina sobre un ritmo jamaicano y que ya muestra el singular timbre de voz de Josep Montero, un cantante que supo leer la potencia melódica de Txarango. En Coet, uno de los temas más exitosos del segundo disco, Digueu-n'hi com vulguis (2014), los vientos soplaban todavía con aires jamaicanos, pero en el saxo y el ritmo resonaba David Bowie, y aparecía uno de los atributos más peculiares del grupo: la capacidad de convertir todas las estrofas en estribillos, lo cual facilita la conexión con el oyente. El tercer álbum, You poni (2016), es el disco de Cara de cul: 9 millones de reproducciones. El título esconde una canción de amor inflamada como las baladas épicas de Coldplay, pero con todo tipo de detalles que demuestran las ganas de remover influencias.

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La ensalada estilística estalló en el cuarto disco, Fans del sol (2019), el álbum de In the night (28 millones de reproducciones). El estallido definitivo de Oques Grasses llegaba con dub, disco, calipso, reguetón, son cubano, bases de funk tratadas a la manera de Daft Punk, toques de Bruno Mars (por tanto, de Michael Jackson) y novedades melódicas que rompían la inercia de la escena mestiza. Bajo el impacto de la reivindicación de la música popular de C Tangana y manteniendo la influencia primigenia de Dusminguet, llegó A tope amb la vida (2021), un salto de escala. Dándole la razón a Quimi Portet, la popularidad de Oques Grasses se disparó con dos canciones diferentes. Elefants (29 millones de reproducciones), bases de funk que van mutando hacia el territorio de Coldplay y Mumford & Sons; y La gent que estimo (49 millones de reproducciones), estribillos de amor, anhelo e incertidumbre envueltos con cuerda sintética y real, vocoders, coros... "Experimentamos mucho con las ambientaciones aprovechando que es una canción tranquila. Nos lo pasamos muy bien y creo que es un camino que seguiremos explorando porque nos vamos haciendo mayores y la música tranqui nos sienta bien, también", decía Montero hace unos años a propósito de La gent que estimo.

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La gent que estimo es prima de Sort de tu (34 millones de reproducciones), uno de los aciertos de Fruit del deliri (2024): una balada salpicada de toques sintéticos, incluso en la voz de Montero, y una sensibilidad especial para desplegar los versos "Hazme tocar el sol / hasta que me queme / Hazme creer en todo / Suerte tengo de ti". Dicen que cada generación tiene su Boig per tu, y el de la gente que llenará el Estadio Olímpico seguramente será Sort de tu, una canción que está en el mismo disco que el hip-hop melódico de Com està el pati, que la balada épica con Julieta Com el dia i la nit, que el reguetón Gossejar con Al·lèrgiques al Pol·len... Si no fuera por la voz de Montero, costaría creer que los Oques Grasses de Fruit del deliri eran el mismo grupo que doce años antes había publicado Un dia no sé com. Y en este tránsito estético, en vez de perder seguidores, los han multiplicado.

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¿Son suficientes las canciones?

"Desgraciadamente, aunque las canciones son la columna vertebral, no es suficiente en según qué espacios", dice Santi Balmes, que hace una semana actuó ante miles de personas en la playa del Bogatell de Barcelona. "Lo más difícil es que todo el mundo se sienta dentro de tu propuesta, tanto el que está en primera fila como el que está en la última grada. Y para la gente, un concierto debe significar algo más que un simple espectáculo pirotécnico. En mi mundo ideal, deben estar las canciones y un discurso, no solo un par de hits, una pantalla gigante y hologramas bailando", añade Balmes. "Sí que hay un tipo de música popular en la que hay mucha coreografía, muchos efectos y pocos músicos en el escenario, y también conecta con mucha gente –dice Quimi Portet–. Pero en este sector de la música popular más artesanal donde estamos nosotros haciendo rock y los Oques Grasses haciendo su estilo, lo que conecta más son las canciones", insiste Portet.

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Para Joan Dausà, también debería ser suficiente con las canciones, porque "es el hilo que te conecta con la gente que te sigue", pero "como espectador" pide "algo más". "Primero, pido tener la sensación de que para el artista es importante que yo haya ido como público. Por tanto, no hace falta hacer grandes fuegos artificiales, pero sí debe haber una ilusión compartida", dice Dausà, un músico que se caracteriza por estar muy pendiente del público en los conciertos.

"Para actuar en un lugar como el Estadio Olímpico, antes que nada te lo tienes que creer. Debes hacer la siguiente reflexión: la gente tenía muchos planes posibles para pasar la noche y te ha elegido a ti. Tienes que creerlo, es una cuestión de supervivencia", propone Santi Balmes. "Hay que tener actitud, energía, ilusión y experiencia. Experiencia no para que el concierto sea más exitoso o no, sino para tener la capacidad de disfrutarlo. Esa es la clave de un concierto así. Sería triste hacer un concierto en el Estadio Olímpico y que no lo disfrutes y digas: «Ay, me quedó la espinita clavada» –explica Dausà–. A mí me pasó un poco en el Palau Sant Jordi, que era el primer gran concierto que hacíamos. Y de repente es como que técnicamente te supera o tienes que estar pendiente de muchas cosas y no lo acabas de disfrutar. En Vistalegre, en cambio, lo pude disfrutar mucho. Es clave tener la capacidad de poder disfrutarlo".

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"Un concierto en un estadio requiere buenas canciones y capacidad de transmitir un mensaje que genere emociones y empatía entre un público mayoritario –afirma Jordi Herreruela, bastante acostumbrado a ver conciertos multitudinarios en el Cruïlla–. Oques Grasses es un grupo lleno de talentos, diverso y plural, y su manera de hacer permite que su música llegue a tanta gente. Tampoco es posible hacerlo sin carisma, personalidad y singularidad, y aquí la personalidad de Josep Montero tiene mucho que ver, pero también que Oques Grasses no es comparable a ningún otro artista: es claramente singular y refleja una identidad propia, que a su vez refleja la identidad catalana". Para Herreruela, "cuando te expones a los grandes escenarios, hace falta una producción de gran artista internacional, que el espectáculo que ofreces sea homologable a los conciertos que se pueden disfrutar habitualmente en estos escenarios". "Y Oques Grasses ha estado ofreciendo conciertos con una producción de directo muy ambiciosa", concluye el director del Cruïlla.

La gestión del espacio en un estadio

Las canciones, el carisma y una producción a la altura son fundamentales para sacar adelante un macroconcierto. Pero también hay cuestiones más prosaicas que tienen mucho que decir. "El problema es de magnitud, sobre todo técnica", dice Quimi Portet. "Respecto a un concierto en espacios más pequeños, lo que cambia mucho son los altavoces, la amplificación, la iluminación... De cara al puro oficio de músico, es muy parecido a un concierto mediano o incluso pequeño: estás con tus músicos y tocas un material que está ensayado. Es cierto que para el frontman, en nuestro caso Manolo [García], el hecho de conectar directamente con tanta gente requiere una dinámica mucho más exagerada. Pero que no es tan, tan, tan espectacular como la gente piensa –admite Portet–. Lo que pasa es que el público se convierte en una cosa mucho más abstracta que en un local mediano o pequeño. Es muy difícil captar las sonrisas o las auténticas sensaciones de las personas".

Para Santi Balmes, la magnitud de un gran festival o de un estadio a veces comporta una molestia incómoda. "Personalmente, lo que me dificulta muchísimo la comunicación con el público son las zonas habilitadas para invitados, los cuales pueden ser fans o estar allí por simple postureo. Cuando ves que las primeras filas de verdad están a 20 metros del escenario, los cantos no llegan con la misma intensidad", lamenta. También tiene impacto la misma magnitud del escenario, que a menudo genera más distancia entre los músicos. "Bueno, la distancia entre los músicos siempre se puede acortar o propiciar que todos nos movamos más para poder llenar estos vacíos. Empleando un símil futbolístico, cada uno ocupa su lugar: a menudo bromeo y digo que los guitarristas son los extremos, el bajista y el teclista son mediocampistas, el batería es el portero y el cantante es el delantero centro. Todos jugando por el bien del equipo", explica Balmes. En el Estadio Olímpico Lluís Companys, el equipo lo pondrá Oques Grasses cuatro noches de octubre.