Septiembre, tendré que asegurarme de que no me he suicidado: la melodía desgarrada de Josele Santiago
El cantante de Los Enemigos publica el libro de memorias 'Desde el jergón'
Barcelona"Tendré que asegurarme de no haberme suicidado", escribe el músico Josele Santiago (Madrid, 1965) en el libro "Desde el jergón (Contra, 2026). El cantante y guitarrista del grupo Los Enemigos firma una autobiografía musical extraordinaria por lo que explica, por cómo lo escribe, por el tono, por el punto de vista y por la manera en que música, vida y sueños caminan juntos en el texto. Cada capítulo nace de una canción de Los Enemigos, un material de categoría como corresponde a uno de los mejores grupos de rock en castellano. Y cada capítulo crece frase a frase combinando biografía personal y social. Hay rabia y decepción, también maravilla y estupor, dolores diversos y pasión. Y no falta el amor, como el que estalló cuando conoció a la guionista barcelonesa Núria Torreblanca. "Y acabé instalándome en Cataluña", dice, "enamorado perdidamente".
También suelen darse reflexiones musicales cargadas de vida, como la defensa de la melodía, la explicación del impulso que proporciona "la subida del camionero" (subir un tono en la última estrofa de la canción), la alegría de tocar con Xarim Aresté y los Very Pomelo en la caverna de humo, el temple del segundo renacimiento con el disco Bestieza (2020), la herencia de los Stooges, Dr. Feelgood, Hüsker Dü, Charles Mingus y los Beatles o la descripción de una canción pop: "Tres minutos de gloria en las alturas preparados para rescatarte cuando haga falta". Y no rehúye los años de adicción a la heroína, pero habla de ellos con una lucidez extraordinaria: sin regodearse en los tópicos del tremendismo y el arrepentimiento sobreactuado, sin entregarse a la nostalgia del paraíso narcótico. "Es extraño contemplar cómo todo el mundo se harta de ti y que te dé igual [...]. La adicción ha conquistado el baluarte de tus prioridades", dice recordando la derrota.
"Tendré que asegurarme de que no me he suicidado", escribe Josele Santiago en el capítulo dedicado a la canción Septiembre. "Voy a estrenar corbata hoy", canta desde el cuello del suicida. Septiembre forma parte de La vida mata (1990), el disco que mató los ochenta, o si más no el disco que mejor expresó la grieta que se abría en la España de Felipe González, el Cobi, el Curro y los intermediarios. Como en las canciones, Josele Santiago escribe el libro con un humanismo sensatamente salvaje. Doy cabezazos pertinentes, sobre todo contra los desleales, pero ni condeno ni celebro, ni huyo de estudio con retórica nihilista. Hace una cosa más difícil: emociona tocando el tuétano, aunque esté podrido. "El humor del optimista solo es bueno para los niños", sentencia un compositor que siempre tiene la ventana abierta al humor y la perplejidad y que considera que "Dios es un secundario cojonudo en las canciones".
El muerto como hilo argumental
Josele Santiago remueve la poética de las flores raras que crecen en el asfalto porque Los Enemigos son una mala hierba que sale adelante contra todo pronóstico. Es con esta mirada a pie de tierra como retrata al invitado que nadie quería en aquella fiesta de la democracia exultante: la muerte. "El hilo argumental de La vida mata es la muerte", asegura. Y la despliega con "las estructuras clásicas del rock and roll" y "la arrogancia" de la juventud escéptica. El gran calambre final, "la canción del Apocalipsis", es exactamente eso. Los Enemigos de 1990 están muy cabreados, hartos de ir a tantos entierros de amigos. Es el horror del sida. "Empezó a caer gente a saco. En mi barrio, solo nos libramos los pocos que no habíamos compartido las jeringuillas", recuerda a propósito de la canción Ouija, armonías vocales que rezan por la memoria de los caídos e imploran un mundo más justo entre riffs de maximum rhythm and blues.
"Tendré que asegurar que no me he suicidado", dice Josele Santiago, un hombre que es una melodía desgarrada y un punto de vista. Tiene sentido que el libro se titule Desde el jergón, porque es el título de una de las canciones de Los Enemigos que con más elocuencia muestra la sensibilidad melódica y la potencia de la perspectiva de Santiago. Desde el jergón, uno de los puntales de La vida mata, es un prodigio de cinco estrofas, dos de las cuales funcionan como estribillos que no lo parecen, todo en arte menor y primera persona. Canta desde el punto de vista de un preso que lamenta la mala suerte y que se impacienta porque la droga no le sube. Solo le falta un verso para tener al oyente en la celda.
El origen de la canción Desde el jergón, tal como explica en el libro, es una visita a la prisión de Alcalá Meco. El contexto es Josele Santiago explicándole al preso cómo está la cosa fuera. "Te echamos de menos. Tu hermano vende papel higiénico por los portales. Dice que le da para pagarse el vicio [...] Emiliano no sale del maldito coche ni para dormir [...] Julito se ha puesto en la puerta del mercado a ayudar a las maris con el carro de la compra [...] Un del barrio del Lucero atracó el Banco de Bilbao con una caja de acuarelas en una mano y un pincel en la otra: «¡La pasta o te pinto!». Me lo explicó Paulino muerto de risa, pero a mí no me hace ninguna gracia. No sé qué está pasando, no entiendo nada nunca. Estoy fuera y, sin embargo, tengo más miedo que tú". El contexto, que podría ser otra canción memorable, habla de un escenario destartalado que Josele Santiago describe con sensibilidad realista, sin acentuar la sordidez. Más adelante, en el capítulo sobre la canción Esta mañana he vuelto al barrio (del disco Gas, de 1996) y recordando la tentación delincuencial, recupera un diálogo que explica mil cosas. "A ti te gusta el barrio porque todavía no le perteneces", le clava en la cabeza a un amigo, Carmelo. Una bofetada a tiempo para evitar la trampa de la
"Tendré que asegurarme de que no me he suicidado", escribe Josele Santiago para que quede claro que él no es el protagonista de Septiembre, el otro monumento de La vida mata. "Antes de que me echen, / prefiero salir. / Aunque sea abriendo / la puerta de atrás", canta con el ímpetu del último desafío. Es un Bartleby suicida y sin tonterías. Como letrista, más que los hechos, lo que siempre le ha interesado es el punto de vista. Podía ser el del adolescente masturbador en Qué bien me lo paso, el de un preso enfadado con Dios y consumido por la desesperación y el aburrimiento en Desde el jergón, el del condenado a muerte que se ríe del cura en Traspiés y, claro, el del suicida de Septiembre. Pero en cada elección hay una intención. "El rock and roll se nutre de almas impresionables", dice. Y a él le impresionan cosas bastante jodidas. "Id a buscar el pan y la leche, que yo no pienso ir", decía la nota que dejó un joven de 17 años antes de colgarse de un pino. Josele Santiago lo leyó en un diario gallego, y de ahí salió una canción excepcional. Si en Desde el jergón coloca al oyente en una celda, en Septiembre lo hace bailar a los pies del ahorcado. "Casi siempre escribo en primera persona porque encuentro más argumentos prestando la voz al protagonista que dando testimonio de sus andanzas. Pero a este paso tendré que asegurarme de que no me he suicidado", escribe en el libro.
Septiembre, la canción sobre alguien que está harto, tiene una vida paradójica cuando suena en un bar o en un concierto. El mismo Josele Santiago admite que experimenta "sensaciones contradictorias observando al público saltando y cantando la tremenda historia que se narra en Septiembre". "No deja de contrariarme el estallido de alegría que hay en la platea mientras en el escenario se desgrana a plena voz lo que le pasa por la cabeza a un crío antes de quitarse la vida", admite. Y él mismo enmienda la contradicción: "¡Es la rabia, estúpido! ¡La ira! ¡El margen! ¡Rock and roll! ¿Qué quieres? ¿Que lloren?".
Llega septiembre, y Josele Santiago puede asegurar que está bien vivo. Los Enemigos publicarán el disco Canciones chulas el 2 de octubre y volverán a los escenarios. Y cantaremos Septiembre.