Ensaimadas en el Raval, aún más sobre periodismo y literatura
La suscriptora Mercè Piqueras me envía una queja que aflora un tema tan importante como la relación entre periodismo y literatura, cuestión por otra parte recurrente en esta sección, que constata, pues, que es y será objeto de reflexión y reciclaje perennes. La bióloga Mercè Piqueras conoce muy bien el mundo de la prensa, no en vano es una notable comunicadora que ha sobresalido en la divulgación de la ciencia, colaboradora de diversos medios, entre ellos el AHORA, y distinguida con el premio del IEC. Con una modestia que le honra, no me cuenta su currículum en el correo.
Mercè Piqueras me dice: "Querido Defensor del Lector, no soy mallorquina, pero me han ofendido como si lo fuera las palabras de Sebastià Alzamora eneste artículode opinión del diario del 5 de enero, cuando escribe, sobre Corina Machado: "...se la ve tan avariciosa y descarada que podría pasar por mallorquina". No sé si era una broma o si hacía referencia a algún dicho, pero me da igual. Ni en broma me parece adecuado ese comentario fuera de tono. Me gustaría saber qué opina el Defensor del Lector del diario. Si la libertad de expresión de un medio consiste en permitir comentarios de este tipo, quizás me repensaré si seguir con mi suscripción."
Como prescribe el protocolo del Defensor del Lector, he pedido en primera instancia la opinión de la persona directamente aludida, Sebastià Alzamora, que responde así:
"Lamento que esta frase en un artículo mío causara el disgusto que expresa la lectora Mercè Piqueras, y ante todo, le pido disculpas. Mis artículos en el ARA no son informativos, sino de opinión, y dentro del género de la opinión, intentan mantenerse en el cruce —resbaladiza, a veces— en el periodismo y la literatura. recursos valiosos, y me atrevo a decir que necesarios.
Este fragmento del artículo –sigue Alzamora– se fijaba en el entusiasmo con el que la premio Nobel María Corina Machado invita a los inversores estadounidenses a especular con los recursos naturales de su país, Venezuela. Como Mallorca, y Baleares, son un país en el que este tipo de especulación también se produce de forma desordenada, y como son las propias élites dirigentes de Baleares las que trabajan —e incluso legislan— para que esto ocurra, la comparación irónica me pareció pertinente. Todavía me parece. Nuestra lectora puede decidir, con buen criterio, que soy un mal articulista y un mal escritor, puede abstenerse de leer mis artículos, pero sería una lástima que dejara perder por ello la lectura de todo un diario con la alta calidad del ARA. Y ahí no hay ninguna ironía".
Sebastià Alzamora sitúa el problema en dos ejes de coordenadas que la realidad virtual de un simulador mediático –creo que ya casi estamos en este ingenio— podría cruzar: el periodismo de opinión y la literatura que este género permite, la "cruce resbaladiza, a veces". Albert Chillón, que fue profesor de la UAB, en su libro diría que espectacular sobre el tema, va más allá y ya en el título pone un epígrafe: "Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas". Chillón, con Sebastià Bernal, cuarenta años atrás ya analizó el tema en Periodismo informativo de creación, que guardo entre las biblias del oficio.
El periodismo se convirtió en género literario cuando –permítanme que me cite a mí mismo– Mariano José de Larra se suicida y John Wayne mata a Liberty Valance. De la prosa en el cine, y del romanticismo al nuevo periodismo norteamericano que conduce a la exitosa marca "no ficción", se abre el gran campo de la retórica y los tropos, que bregan con los protocolos estrictos de un periodismo informativo que excomulgaría a Alzamora por la comparación, odiosa según la sabiduría popular.
Sin embargo, Sebastià Alzamora es periodismo literario y, además, al ser mallorquín, podríamos inferir que cuando dice lo que dice –y argumenta ut supra— lo hace con la autoridad moral del tono autocrítico, distinto que si la frase en cuestión procediera de un extramuros hostil. Alzamora debutó con el premio Ciutat de Palma y ha abordado su entorno y su circunstancia geocultural a lo largo de su obra, explícitamente en la novela Milagro en Llucmajor, su ciudad natal. En el plano general, Alzamora es un autor reconsagrado por algunos de los galardones más importantes de las letras catalanas, con sus vocabulario y sintaxis llamativos y enalteciendo los mallorquinismos, al servicio de la imaginación imprescindible.
Alzamora a diario en el ARA es una cuota literaria de excelencia, como lo son las de Xavier Bosch, Najat El Hachmi, Ferran Sáez Mateu, Silvia Soler, Jordi Cabré, Albert Llimós, Carlota Gurt, Empar Moliner, Jordi Nopca, Toni Güell... entre otros. Las interacciones entre periodismo y literatura se enriquecen recíprocamente, lo vemos tanto en las obras de ficción en las que flota la realidad, como en los artículos en los que los recursos de la ficción sorprenden e invitan a disfrutar de la lectura.
El periodismo 3.0 tiende a la robótica y la IA comienza a ser una articulista habitual. Las estadísticas y las cifras han llegado incluso a un género deportivo que junto al entretenimiento sano del juego se entrega cada vez más al tedio contable: hoy puede costar tanto leer un artículo sobre fútbol como una lata sobre el último supuesto avance de la ciencia publicado en una prestigiosa revista indexada de investigación... Pero que gracias a profesionales descifrar.
Junto al periodismo cool, el periodismo literario es un contrapeso y debe ser una de las aportaciones específicas que sostendrán las ediciones en papel, la madre de todas las escrituras. En el trasvase de los medios que hacen el mensaje –la influencia del donde se escribe al cómo se escribe, siguiendo al profeta McLuhan– la novela templa a su gusto el periodismo, y puede firmarlo tan corto que resulte que una novela pase por una crónica, como sucedió con el Diario del año de la peste (1722), de Daniel Defoe, uno de los paradigmas del periodismo literario. En sentido contrario, el novelista o el poeta situarán su prosa o su verso en el hábitat de la noticia y en sus hábitos de lectura, y no les hará extraño empadronar a Corina Machado en la avaricia mallorquina, probablemente heredera de aquella "avara povertà di Catalogna" ("de Cataluña, la pobreza avara", en la traducción canónica de Sagarra) que nos dedicó el Dante a la Divina Comedia, una de las obras cumbres de la literatura universal.
En conclusión, no se me ocurre mejor manera de defender al lector genérico, y nuestra lectora específica, Mercè Piqueras que, dado que me pide la opinión, abogar por mantener la literatura en nuestra casa de las palabras, aunque a veces lógica y legítimamente discrepamos de sus registros. E invitarla a ella ya Sebastià Alzamora a un desayuno junto con las magníficas ensaimadas mallorquinas de La Grangeta del Raval, nuestro bar amigo delante de la redacción.
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