Aquí tenéis la libertad, 'carajo'
El secretario de Estado de la administración Trump, Marco Rubio, fue el cerebro de la operación militar intitulada Resolución Absoluta, que la madrugada del sábado culminó con el arresto de Nicolás Maduro, acusado de narcotráfico. Tanto la operación militar como la detención de Maduro se realizaron sin ningún mandato judicial ni político y, por tanto, son actos criminales, ejecutados fuera de la legalidad. Murieron una cuarentena de personas, entre civiles y militares. Rubio es ahora el hombre fuerte al frente del (des)gobierno provisional de Venezuela, que nadie sabe si irá hacia nuevas elecciones o se resolverá con la constitución de un directorio digitado por el gobierno de EEUU y los miembros del gobierno de Maduro que se avengan, con la vicepresidenta Delcy Rodríguez al frente. Marco Rubio odia la dictadura chavista de Maduro en Venezuela, pero adora la dictadura ultraliberal de Nayib Bukele en El Salvador, que estos días se burlaba en las redes de la caída de Maduro.
Causa enfarfec ver los vídeos de María Corina Machado ofreciendo a Trump ya los grandes inversores estadounidenses las enormes riquezas naturales venezolanas. "No sólo tenemos petróleo y gas […], también tenemos minas, oro, infraestructuras, energía, turismo. Venezuela tiene 2.800 kilómetros de costa virgen, lista para ser construida". Los ojos y la boca se le crispan mientras recita los atractivos de su propio país; se la ve tan avariciosa y descarada que podría pasar por mallorquina. Como les suele ocurrir a los lamas como ella, lo primero que hizo Trump una vez ejecutado el golpe de estado fue apartarla con desprecio de la discusión por el poder. Eso acalló un poco al club de fans que tiene Machado dentro de la derecha española, que para no variar ha vuelto a hacer el ridículo. Aquí, los trumpistas nostrats del señor Esteve, pobres, han dudado entre aplaudir la determinación antibolivariana de su idolatrado sheriff y lo que es una alarmante demostración de fuerza bruta imperialista con Doctrina Monroe incluida.
La ruptura violenta y desvergonzada de la legalidad internacional –y de todos los consensos del orden mundial moderno– sugiere, en efecto, un retorno no tanto a la Guerra Fría como al siglo XIX, con los grandes imperios. América para Trump, ¿Europa para Putin, Asia para Xi Jinping? Y África a repartir, como siempre. De momento, lo que ocurre en Venezuela es, como decíamos, un golpe de estado y un expolio perpetrados con puesta en escena de Chuck Norris y Steven Seagal (DEA, Delta Force, las armas que gustan al trumpismo), frente a una comunidad internacional cómplice o impotente. Los ciudadanos –venezolanos, pero también de todas partes– no pintamos nada. La soberanía territorial, y también la de la ciudadanía expresada en las urnas, se convierten en nada. El año comienza con esto y con los vídeos de los jóvenes que se reían grabando con el móvil las llamas en el techo del local en el bar Le Constellation de Crans-Montana antes de morir consumidos por el fuego, víctimas de codicia turística. Estas noticias conviven con las de la fiesta rábano y la violencia verbal de los partidos de fútbol del día, formas de escapismo vulgares y chapuceras. Es nuestro mundo.