Alberto Nuñez Feijóo y Alfonso Martínez Mañueco este viernes en Salamanca
09/03/2026
Escriptor
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El hasta ahora secretario general de las juventudes del PP, un sagal llamado Carlo G. Angrisano, ha dejado las Nuevas Generaciones peperas para pasarse a Vox, como puede leer en este diario. No piense que Angrisano, un joven que tiene el aspecto rubicundo propio de cierta juventud conservadora, haya tomado esta decisión por un cálculo de intereses. Al contrario: lo hace empujado por la decepción que le causa el partido en el que militó hasta finales de la semana pasada: "Yo era uno de tantos españoles convencidos de que el Partido Popular debía proteger a lo mejor de nuestro país", se lamenta en un mensaje fuertemente sentimental publicado en las redes. Ahora, sin embargo, comprueba que el PP ha dejado de representar los valores por los que se afilió al partido, a saber: "Amor en España, a su identidad, a su historia, a su libertad ya la dignidad de nuestro pueblo". Y percibe, en cambio, que Vox sí representa todo este ideario, que, según Angrisano, ahora se ve "pisado por el separatismo" (no se ha enterado de que el separatismo se dedica a pisarse a sí mismo). El ya ex secretario general de los jóvenes del PP ve que hay "ideas firmes" y "principios inamovibles" en Vox, que, por cierto, es el partido por el que actualmente es eurodiputado su tío Juan Carlos Girauta, que antes había estado en el PP y en Ciutadans, y, de joven, en el PSC. Siguiendo la tradición familiar tránsfuga, y como catalanes de provecho, cuando acaben con Vox quizás pueden entrar, juntos, en Aliança Catalana.

Sin darse cuenta, Angrisano anticipa lo que da la impresión de que volverá a suceder el próximo domingo en las elecciones de Castilla y León, otros comicios que con toda probabilidad volverán a acabar con un PP aún más dependiente de Vox y más entregado que nunca a la extrema derecha. Su fuga también es indiciaria de un fenómeno que se reproduce en Occidente: como los partidos del centroderecha tradicional (habría mucho que discutir sobre la adscripción, o no, del PP a este espacio ideológico) han favorecido el auge de las extremas derechas a base de imitar, o adoptar, el discurso.

El caso del PP y de Vox –el caso de la derecha española– es distinto: Vox no deja de ser una excrecencia del PP, y las "ideas firmes" y los "principios inamovibles" son los mismos en ambos partidos, diga lo que diga Angrisano. Lo curioso es que en el PP despidan a quien hasta ahora ocupaba un lugar tan prominente en su organización (y aspiraba, por tanto, a hacer carrera dentro del partido) tratándole de corto y vago: en concreto, han ironizado que la marcha de Angrisano no es "una fuga de cerebros" y que "ahora sabrá qué es trabajar". Teniendo en cuenta que la financiación de los partidos, en España, se mantiene dentro de la máxima opacidad, lo que sólo quiere decir que en gran medida les pagamos los contribuyentes, la pregunta es: ¿cuántos tienen de éstos? ¿Puede que la mayor parte de la cúpula del partido sea descriptible en los mismos términos?

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