La resistencia tecnológica contra la invasión de los ultracostos publicitarios

Estos días de evaluaciones de final de curso, los medios nos hacemos eco de cómo el profesorado hace lo imposible para averiguar si quienes pasan las pruebas son alumnos, robots o apuntadores de “pinganillo”, el Colegio de Periodistas de Cataluña anuncia un cursillo sobre IA y encima resulta que el Papa, que es noticia diaria por su venida, dedica su primera encíclica a reflexionar éticamente sobre el tema, que está claro que irá a muchísimo más. Hay una conjura generalmente reaccionaria y de aprovechados contra los “recursos humanos”, y una nueva resistencia tecnológica se organiza para sobrevivir, como en general todas las resistencias de sabiduría “que en el mundo han sido”, según escribió un fraile agustino como el Papa, fray Luis de León, que fue encarcelado por la Inquisición.Los diarios comenzamos a tener problemas con la malversación de la IA y estamos consolidados en el terreno de la invasión de los ultracuerpos publicitarios en la edición digital, del cual nosotros no somos, pero, actores sino solo contenedores. Jordi Urpí nos hace patente esta crítica: “Es bastante desagradable, por decirlo suavemente, tener que ver en medio de todos los reportajes, anuncios de tuf ultraespañolista con bandera española incluida y, evidentemente, en castellano... ¿No tenéis manera de evitarlo/evitarnos?... Os lo agradeceré mucho si lo conseguís”. La subscriptora Amparo Asensi me escribe a propósito de un anuncio de “chicas locales fáciles” que se le ha colado leyendo un artículo: “Les escribo porque el otro día, mientras navegaba por sus páginas, me salió un anuncio que no creo que se adecúe a la línea editorial ni al interés de los lectores. Sobre todo con todos los casos de abusos sexuales que han destapado y ayudado a denunciar. No sé qué control tienen sobre la publicidad que se muestra desde las páginas del diario, pero si pueden hacer algo al respecto pondremos un granito de arena para conseguir un mundo justo para todos”. Del mismo palo va el comentario que me hace llegar la lectora Glòria Casals: “Buenas noches, ¿alguna explicación plausible sobre por qué cuando estoy leyendo un artículo sobre la pelea entre Merz y Trump me encuentro una foto de una señora coreana que parece ofrecer sus servicios?” Finalmente, Xavi Campreciós me comenta: “No sé si son conscientes de los anuncios que aparecen dentro de los artículos porque quizás a cada uno le salen diferentes. El caso es que los que me aparecen a mí me parecen inapropiados en el contexto del diario ARA. Últimamente anuncian citas con chicas asiáticas. En un solo artículo pueden aparecer hasta cinco veces a lo largo de la lectura, y la verdad es que es entre inquietante y desagradable. Adjunto captura de pantalla de uno de ellos”.He pedido la versión del diario, que me transmite el director general, Pablo Casals:“En el caso concreto del anuncio de citas, nos ha costado un poco localizarlo porque no teníamos referencias suficientes y, de entrada, tampoco veíamos cómo podía haberse saltado los filtros. Finalmente lo hemos identificado: efectivamente, había conseguido esquivar tanto los filtros de Google como los nuestros, y ya ha sido bloqueado. Como hemos explicado otras veces, se trata de publicidad programática. Cuando no vendemos directamente todo nuestro inventario publicitario, algunos espacios pasan a la subasta de Google, siempre sujetos a controles y exclusiones de acuerdo con nuestros criterios éticos y editoriales. Entre otras categorías, bloqueamos anuncios de citas, pornografía, juego y contenidos que no encajan con la línea del diario.Aun así –concluye Casals–, es cierto que este tipo de servicios intenta constantemente encontrar vías para entrar en los circuitos publicitarios, y por eso revisamos y actualizamos los filtros de manera continuada. En cualquier caso, agradecemos mucho que los lectores nos hagan llegar capturas o referencias concretas, porque nos ayudan a localizar y bloquear estos casos con más rapidez. Además, los anuncios programáticos procedentes de Google incorporan un pequeño icono en una de las esquinas superiores que permite dejar de verlos e indicar el motivo, cosa que también ayuda a mejorar el filtrado”.He pedido opinión autorizada al abogado Andreu Van den Eynde, cuyo bufete tiene entre sus especialidades el ciberdelito y las tecnologías de la información, aunque es más conocido por su excelencia en el derecho penal, sobre todo a partir de su defensa de Oriol Junqueras y Raül Romeva en el juicio del Procés.“La cuestión es compleja porque afecta a anuncios que, sin ser necesariamente ilícitos en sí mismos, pueden resultar inadecuados o molestos para una parte de los usuarios. Esta problemática –explica Van den Eynde– es especialmente intensa en el entorno digital, donde la inserción publicitaria funciona a menudo mediante sistemas automatizados o gestionados por terceros, lo que dificulta un control previo exhaustivo por parte del medio.Desde un punto de vista jurídico, la responsabilidad del medio depende esencialmente del tipo de contenido difundido, del grado de intervención en la selección o promoción de la publicidad y del conocimiento efectivo que tenga de su eventual ilicitud o carácter perjudicial.Los principales límites vienen determinados por la protección de derechos e intereses prevalentes, como la protección de la infancia y adolescencia, la prohibición de la publicidad engañosa, la tutela de la dignidad de las personas, la prevención del discurso de odio o la protección de la propiedad intelectual.No obstante, la realidad tecnológica actual hace que, incluso en redes sociales relevantes, puedan llegar a difundirse anuncios inadecuados o fraudulentos.Los medios deben disponer de mecanismos razonables de supervisión, filtrado y respuesta ante incidencias comunicadas por los usuarios, ya que no hacerlo puede generarles responsabilidades jurídicas. El conocimiento efectivo de una irregularidad puede situar al responsable de la publicación en una posición de garantía, especialmente si la inacción contribuye a la producción o mantenimiento de un determinado perjuicio.En cualquier caso –concluye el letrado–, no puede olvidarse que la política publicitaria de un medio también forma parte de su identidad corporativa: los contenidos que decide alojar, promover o tolerar contribuyen directamente a definir su reputación, la credibilidad pública y los estándares éticos con los que quiere ser percibido por sus lectores y por la sociedad”.He procurado dar este tema en la máxima amplitud, pero soy consciente de que esta extensión es tan inmensa que siempre nos arriesgaremos a quedarnos cortos, y que la industria mediática, los periodistas y publicitarios, y los lectores!, tendremos que aprender a convivir con una hegemonía tecnológica que a menudo nos desborda; en todo caso, como cuando luchábamos contra la dictadura, buscando zonas de libertad que nos permitan hacer un bypass al sistema. Si Martin Baron, ocho años director del Washington Post, segunda cabecera plusmarquista de premios Pulitzer que en 1974 había hecho caer a todo un presidente de los Estados Unidos, apuntaba esto en la entrevista que le hizo Àlex Gutiérrez el pasado 10 de mayo, quiere decir que no estamos en situación de victoria sino de supervivencia. Primera norma de la cual debe ser, por parte de ARA, mantener al día la alta exigencia en los mecanismos de filtrado que anota el director general que ya están activos pero que, a raíz de las dieciséis quejas que este Defensor ha recibido –ya es el tercer artículo– piden quizás un reciclaje permanente de intensidad de respuesta al movimiento uniformemente acelerado de la tecnología.El Defensor del Lector toma conocimiento de las dudas, sugerencias, críticas y quejas sobre los contenidos del diario en sus ediciones digital y en papel, y cuida que el tratamiento de las informaciones sea conforme a los códigos deontológicos.Para contactar con el Defensor del Lector puede enviar un correo electrónico a eldefensor@ara.cat o registrar un mensaje de no más de un minuto al número de WhatsApp 653784787. En todos los casos, se requiere identificación con nombre, apellidos y número de DNI.