Periodismo e inmigración, los problemas de un diálogo
El lector Albert Martín Ballesta me remite un correo que suscita el tema del tratamiento periodístico de la inmigración, delicado en esencia y aún más cuando se la relaciona con la delincuencia y en unos momentos de tensión gravísima en Ceuta y Melilla. Reproduzco la parte que va al meollo de la cuestión y le agradezco una propuesta tan razonada de reflexión.“Hago este comentario a raíz de la noticia del ARA de que han muerto a tiros un menor en un parque de Barcelona. Veo que habitualmente, cuando se habla de delitos, homicidios, etc., no se informa de la nacionalidad de la víctima ni de los agresores. Entiendo la argumentación que se da a menudo de no querer estigmatizar la posible condición de extranjero/inmigrante (todos somos personas) y que no se quieren dar argumentos a los xenófobos y a la extrema derecha, pero:- creo que este criterio corresponde a una época en la que la inmigración no representaba el volumen de población de ahora;- no es ninguna muestra estadística, evidentemente, pero he constatado en mi entorno, bastante diverso y de diferentes niveles de educación y de mentalidad más bien de izquierdas, que el primer pensamiento ante estos hechos es que se trata de extranjeros (yo mismo reconozco que es lo primero que se me viene a la cabeza antes de hacer el esfuerzo intelectual de relativizarlo), por lo cual:- si no decimos la procedencia y ante la falta de este dato, el 100% de los hechos delictivos se atribuyen de entrada a la inmigración (y esto va calando);- si decimos la procedencia pueden pasar dos cosas. Una, que el % de autores y de víctimas quede más repartido entre nacionales e inmigrantes. La otra, que el % atribuible a la inmigración sea más alto de lo que correspondería por su peso demográfico, caso en el cual tenemos realmente un problema como sociedad y no se puede esconder la cabeza bajo el ala. Porque, efectivamente, todos somos personas, pero en la segunda hipótesis, el origen cultural en sus consecuencias negativas (bandas latinas, p.ej.), el caldo de cultivo que significa la vulnerabilidad de la mayoría de los que llegan, el incremento de población que resulta del reagrupamiento familiar y de la propia reproducción biológica, y el hecho de que es dudoso que encuentren el trabajo que no encuentran sus progenitores, etc., nos abocan a una situación de conflictividad social in crescendo que no puede ser ignorada por un medio informativo (porque después nos extrañamos de cómo sube la extrema derecha). Así, por ejemplo —concluye—, en uno de los magníficos dossieres que hace el ARA, en cuanto a la pieza que dedicó a inmigración y delincuencia, si se analizaba desde una óptica diferente a la del diario era fácil deducir que, cuanto menor porcentaje de extranjeros, habría muchos menos delitos de todo tipo. Como me decía un amigo: está clarísimo que la inmensa mayoría de inmigrantes no son delincuentes, pero si nos han venido 2 millones, solo que un 1% lo sea, la policía tiene un problema y la sociedad más”.El director adjunto, Ignasi Aragay, nos da la versión del diario:“Sobre la cuestión de si es necesario identificar nacionalidad, origen o etnia cuando se habla de personas que han cometido delitos, el criterio general del diario es no hacerlo para no estigmatizar colectivos. Solo se hace excepción cuando se considera relevante para la comprensión misma de la noticia: por ejemplo, si se trata de una banda "latina" o de un grupo mafioso vinculado a una nacionalidad o entorno geográfico concreto.En cualquier caso, es un debate que tenemos internamente abierto porque, en efecto, la sociedad catalana es hoy mucho más diversa que hace unas décadas y, por tanto, la identificación de esta diversidad cada vez aporta más claves a la hora de explicar fenómenos colectivos relevantes, sea en la cuestión de la seguridad ciudadana (hurtos y violencia en la calle) como en otras realidades relevantes en los campos de la educación, la vivienda, el mercado laboral, los abusos sexuales, la salud mental, etc.Asimismo, somos conscientes de que, en el contexto de polarización creciente, tanto el hecho de identificar como de no identificar los orígenes e identidades en noticias con un trasfondo delictivo puede ser fácilmente manipulado, malinterpretado y distorsionado. De ahí que, cada vez más, lo analicemos caso por caso y vigilemos la manera como lo decimos (o no lo decimos) y la relevancia que le damos (por ejemplo, si lo incluimos o no en los elementos de titulación)”.Ante una cuestión tan sensible, la manera más honesta que tiene el periodismo de abordarla es siguiendo al pie de la letra los códigos deontológicos. El Código Deontológico del periodismo en Cataluña y el de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), actualizados en 2025 y 2026, respectivamente, determinan no marcar procedencias, y uno y otro han elaborado anexos sobre el tema en concreto, de cara a proscribir la xenofobia. Este aspecto merece, si procede, una atención doble, no solo por el estricto respeto de los derechos humanos, sino también para evitar hacer el juego a populismos ultras en auge que centran sus discursos en recortar derechos a la inmigración.Los códigos prevén, sin embargo, las excepciones informativas con denominación de origen genérica, las bandas o mafias definidas por un locativo a las cuales también se refieren el lector y el director adjunto; la ampliación de la noticia sobre la muerte del joven (4 de julio) que cita el lector da a entender que podría relacionarse con bandas latinas. El debate que propone Albert Martín Ballesta, con una amplia trayectoria cívica, deberá tenerse en cuenta también para evitar una criminalización de la inmigración por una semántica elíptica que induzca a inferir que el anonimato de la procedencia se debe a que el delincuente es extranjero. Si tomamos el tristemente actual problema de la violencia doméstica y de género, que es la de más prevalencia periodística, veremos que, según datos contrastados de diversas fuentes estadísticas, la mayoría de los agresores o denunciados son de nacionalidad española.Debemos contextualizar que estamos en un momento de replanteamiento de la definición de ciudadanía a partir del crecimiento exponencial de la inmigración que anota el remitente. Venimos de una tradición integradora —Campalans, Vicens, Candel...— que recoge y difunde institucionalmente con convicción y fuerza el presidente Pujol, y que culmina con la teoría de las identidades concéntricas que impulsa el presidente Maragall, a partir de los artículos políticos del abuelo Joan y de Václav Havel. El Estatut de 2006, que tiene un preámbulo antológico muy de Quim Nadal, donde se habla de Cataluña como nación, se abre —¡primera frase!— con un canto a la diversidad: “Cataluña se ha ido haciendo en el transcurso del tiempo con las aportaciones de energías de muchas generaciones, de muchas tradiciones y culturas, que han encontrado una tierra de acogida”. Cuando las cifras de inmigración se disparan, la investigación sociológica aporta una reevaluación constante en la intersección entre la integración y la multiculturalidad, y es normal que se mencionen los orígenes de una manera natural no dolosa, como ahora en el artículo del 27 de junio sobre las jóvenes promesas del Barça, La Masia que puede devenir el país por sinécdoque, la “mi casa es vuestra casa si es que hay casas de alguien” del gran Jaume Sisa. He verificado que la redacción del ARA lo tiene muy claro y lo ha demostrado ampliamente, con la pieza sobre inmigración y delincuencia que cita Martín Ballesta, el resto de los 15 artículos del dossier del 11 de febrero de 2024 de radiografía de la inmigración y los numerosos reportajes, artículos de opinión y otros dossiers publicados sobre la materia.El Defensor del Lector toma conocimiento de las dudas, sugerencias, críticas y quejas sobre los contenidos del diario en sus ediciones digital y en papel, y cuida que el tratamiento de las informaciones sea conforme a los códigos deontológicos.Para contactar con el Defensor del Lector pueden enviar un correo electrónico a eldefensor@ara.cat o grabar un mensaje de no más de un minuto al número de WhatsApp 653784787. En todos los casos, es necesaria la identificación con nombre, apellidos y número de DNI.