De derecha a izquierda, los ciclistas Tadej Pogacar, Remco Evenepoel y Pau Seixas el 25 de julio en la etapa del Tour de Francia que culminaba en Alpe d'Huez.
15/08/2026 - 18:01 h.
Antoni Batista, periodista, doctor en ciencias de la comunicación y músico, es el Defensor del Lector del diario ARA
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Con esta crónica, la sección del Defensor del Lector cumple sesenta páginas, que en la periodicidad quincenal son dos años y pico. Sesenta páginas de diario, en mi formato, son unos 420.000 caracteres en números redondos, los mismos que aproximadamente tiene un libro de 250 páginas. Un buen momento para hacer una crónica de verano de making of de mi trabajo, con el entendimiento de que el mes entrante expondré los datos del balance del último año al consejo editorial del diario y las haré públicas.Los errores son naturalmente una constante de las quejas que recibo, la mayoría referidas a cuestiones lingüísticas, que denotan la importancia que tiene la lengua para los lectores de prensa en catalán, que aman el idioma y saben por qué trances ha tenido que pasar y aún pasa. Pero, al ser las alertas de errores a menudo puntuales y numerosas, no puedo hacerme cargo de todas. Los errores concretos, sin embargo, puestos uno al lado del otro suman, y aún más si añadimos a los que los lectores ya enmiendan con las herramientas informáticas y los comentarios digitales a pie de artículo. La conclusión es que se cometen muchos errores, y que, como he sugerido en otros momentos, pedirían una última corrección o una postcorrección de cada pieza periodística antes de publicarse, lo que en tiempos pretéritos de linotipias hacía el “redactor de platines”, en referencia a la lectura en las planchas de composición, un minuto antes de entrar en la imprenta y evitar que los chapuzas quedaran estampados en la inapelable posteridad de las hemerotecas. Remito a los lectores interesados a la crónica que, a finales del año pasado, titulé “Sísif i l’enigma del redactor de platines”, donde gracias a varios lectores y suscriptores pasaba revista a una hilera de errores, y conté con la experiencia y la academia del profesor Gabriel Jaraba.Pongo algunos ejemplos de errores recientes que me han hecho llegar lectores. Robert Serra me pregunta irónicamente si en “tiempos de verano y de vacaciones... ¿hay menos corrección de texto?”, y me envía una captura de imagen de la página 23 del día 25 de julio, donde decimos: “La eficacia de los trasplantes antivirales hace posible un trasplante entre dos personas infectadas”. No menos irónicamente, Andreu Suriol me escribe el 26 de julio, después de una de las etapas más míticas del Tour: “Buenos días, señor mío (y de todos los lectores que le molestamos). ¿Podrían ponerse de acuerdo en nombrar de una sola manera los accidentes orográficos? Parece que cada redactor deportivo sube en bicicleta las pendientes de montaña del Tour a su gusto. He visto escrito Alpe d’Huez casi siempre con esta grafía, pero en un mismo y breve titular se leía Aup d’Huès y, oh espanto, Aup d’Uès. ¿Aclararemos?” Estimado señor Suriol, en la confianza que ya nos dispensamos, los lectores nunca me molestan, al contrario, les agradezco sus ideas, críticas y sugerencias. Y sí, nos aclararemos: en la página de papel, que es la que llegará a la historia, el topónimo que allí aparece es el clásico francés, Alpe d’Huez, mientras que la referida es la occitana en dos –no “dos”– variantes.Me doy cuenta también de que Josep Bruguera me ha enviado varios mensajes telefónicos sobre su percepción crítica del diario, y en uno de ellos remarca un error no como una casa de payés sino como un castillo, también sin ahorrar la sana ironía: en la página 6 del dossier Turismo igualmente del 26 de julio, en un pie de foto se identifica el castillo de Lloret como si fuera el de Tossa y “no en todo lugar de la Costa Brava donde hay un castillo es Tossa. No nos merecemos que se cometan estos errores”. Todo esto, en un par de días que sí, están en pleno verano, las plantillas hacen vacaciones y el incommensurable calor del cambio climático arrastra galvana.La lectura del diario que hace el Defensor del Lector es necesariamente minuciosa, pero llega un momento en que son las mismas palabras las que luchan por salvarse, por aquello de Espriu, y es como si ellas mismas denunciaran las malversaciones y las resaltaran en el color rojo de los semáforos. También se ven, en color amarillo, palabras o frases que no son erratas pero que podrían mejorarse, pongamos por caso la reiteración de determinados conectores discursivos, sobre todo “de hecho” y “en cuanto a”; juro como Scarlett O’Hara en las escaleras de Tara que he llegado a contar cuatro “de hecho” en un solo artículo de talla “M”, no muy largo. Bastante hacen los correctores de catalán enmendando las faltas, como para que además tuvieran que ocuparse de llegar aquí, a las cuestiones que el/la periodista debería resolver antes de entregar la pieza. El periodismo es un género literario, pero me temo que, entre las prisas de la inmediatez y la digitalización que la ha parido –la noticia se difunde en tiempo real–, la belleza de la lengua que proclama el arte de la palabra irá dando un paso al costado.“Un paso al lado” es una expresión muy reiterada, y hay otras que contribuyen también a saldar negativamente el balance de la estética en concurso de acreedores. Estirando la semántica por la vía hiperbólica, rompemos costuras a placer, disparamos más torpedos a la línea de flotación que los submarinos alemanes de la II Guerra Mundial, si los tsunamis metafóricos fueran reales ya haría tiempo que se habría acabado el mundo según el Apocalipsis, abrimos más melones que los antiguos vendedores de carretera, rompemos carnets cuando ya no queda ninguno de papel y es materialmente imposible, no hay medidas medias sino no menores, destacamos imágenes icónicas, el mismo significado según etimologías del latín y del griego, ponemos en valor más que en Wall Street... Y el periodismo, que es el principal productor de lenguaje, refleja como el ciclópico termómetro del Portal de l’Àngel la alta temperatura de su empobrecimiento. Haber disfrutado de la Odisea cinematográfica de Nolan me ha hecho releer la traducción catalana en verso de Carles Riba (1948) y, junto a la exultación de comprobar la riqueza de nuestra lengua, flotaba la tristeza por el vocabulario y la sintaxis que estamos perdiendo. El filólogo Jordi Badia, en un tuit, mencionaba expresiones que su hijo de 18 años, al leerla, le iba preguntando qué querían decir: “cisellat”, “engrunar”, “encamellar-se”, “tudar”, “a cremadent”...La mirada crítica que tengo sobre mi negociado periodístico de memorial de agravios no debe negar la alta definición de la cámara IMAX de Nolan y remarco, en consecuencia, que en el balance total de lo que publicamos, el margen de error es el que admiten todas las morales de la estadística. Y gracias a las contribuciones interactivas de suscriptores y lectores, hemos de ir moderando.

En estas 60 páginas, he dado voz a 128 lectores y, en este tiempo, he podido atender personalmente a 203, aunque me he leído los 407 mensajes que he recibido, por correo o WhatsApp, y he escuchado las numerosísimas llamadas telefónicas. Agradezco desde aquí sus contribuciones que nos ayudan a repensar constantemente el diario y la praxis periodística de cada uno. Defendiendo a los lectores, entre todos estamos defendiendo el ARA, porque, en una dinámica cada vez más interactiva, rota democráticamente la unidireccionalidad de la comunicación que nos precedió, está claro que aporta lo que escribe, pero también aporta, y de qué manera, quien lee y nos traslada su sentido crítico.El Defensor del Lector toma conocimiento de las dudas, sugerencias, críticas y quejas sobre los contenidos del diario en sus ediciones digital y en papel, y cuida que el tratamiento de las informaciones sea conforme a los códigos deontológicos.Para contactar con el Defensor del Lector pueden enviar un correo electrónico a eldefensor@ara.cat o grabar un mensaje de no más de un minuto al número de WhatsApp 653784787. En todos los casos, se requiere identificación con nombre, apellidos y número de DNI.

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