El titular limita al norte con el sensacionalismo
Con muy pocas palabras, el titular debe condensar el sentido de una noticia o de una opinión, convocar la lectura y también vender un tema comercialmente y buscar que tenga repercusión. No es de extrañar que en la escasez verbal inversamente proporcional al tamaño de un artículo, los excesos o defectos se amplíen tanto como se visualizan con cuerpos de letra gruesos y tintados. Titular siempre es arriesgar, pero no hay que jugar al veintiuno, que el titular limita al norte con el sensacionalismo. Sea como sea, los titulares son y serán fuente de polémica tanto si se quiere como si no se quiere, nunca se titula a gusto de todos, y el debate llega al buzón del Defensor, que debe hacerse eco y procurar que sea enriquecedor.Selecciono tres correos relativos a la cuestión. Jaume Molsosa comenta que «En la edición del viernes 24 de abril, en la página 42, hay el título siguiente: "Lamine Yamal no volverá a jugar con el Barça esta temporada". Si no es con el Barça, ¿con qué equipo debería jugar Lamine? La redacción está claramente orientada a atraer la lectura por el método de generar una duda inexistente en el lector. De nuevo, reclamo más seriedad y menos 'clicks' en los titulares, que deberían ser menos maliciosos». Lluís Felipe Lorenzo, que es colega y ya nos ha ayudado en otros casos a detectar errores, “querría avisar de una posible falta de ortografía en el titular al decir austíaco en lugar de austríaco”. Finalmente, Venanci Saborit señala: «Después de todo el conflicto de la educación, estratégico para el futuro de Cataluña, ¿había que anunciar el acuerdo en el ARA con este titular? ¿Os habéis bebido el entendimiento?: “Educación y los sindicatos mayoritarios llegan a un acuerdo por 50 euros más”».He pedido su criterio al doctor Josep M. Casasús, a quien tenemos la suerte de tener diariamente en nuestras páginas en la sección Antes de AHORA. Casasús es catedrático emérito de la UPF, de la cual fue decano de la Facultad de Comunicación y síndico de agravios, y también fue defensor del lector de La Vanguardia, entre muchas otras dedicaciones profesionales y académicas que enaltecen nuestro oficio. Este es su comentario:«Los títulos en los textos de los diarios aparecieron a mediados del siglo XIX. En la prensa primitiva no se titulaban las informaciones. Fue el periodismo de transición hacia la modernidad el que incorporó titulares con estilo de índices enunciativos. En casos como los consultados habrían salido entonces frases asépticas como “La cuestión de Lamine Yamal”, “El conflicto de la Educación”, repetidas cada día mientras hubiera caso. Fue el periodismo del siglo XX el que introdujo la titulación explicativa vigente. Titular en los diarios impresos comporta servidumbres normativas: la economía de la superficie redaccional (no dejar espacios en blanco y no romper una palabra al final de una línea) y una concisión extrema. Esta dictadura del diseño fuerza una semantización que puede chirriar, sobre todo cuando por prisas de edición o por descuido se cometen erratas ortográficas o resbalones de subjetividad. El periodismo digital deriva ahora hacia rutinas regresivas, propias del siglo XVIII. En las redes sociales ya no hay titulares. Y en los diarios digitales decaen fórmulas acreditadas del periodismo moderno como el lead y la pirámide invertida, que facilitan y agilizan la lectura. Quizás también decaerán los títulos...»Agradezco a los lectores Molsosa, Lorenzo y Saborit, y a Josep M. Casasús, que nos hayan hecho pensar en voz alta sobre esta esencia periodística que es el titular, y contemplo como coloquial la expresión sobre si nos hemos bebido el entendimiento en cuestiones en las que debemos ser pregonamente abstemios. También mi agradecimiento a Valeri Serret, cuyo correo me llegó a punto de cerrar la sección, pero que quiero reflejar porque tiene mucho interés. Hace referencia a un titular que, si bien se explica bajo el paraguas del contenido patrocinado, merece otra explicación del punto de vista profesional: “El catalán cumple con las expectativas del Pacto Nacional por la Lengua”. Desde el punto de vista periodístico es discutible, pues, como anota el lector, que “el sujeto que pronuncia esta frase debería ser el Gobierno, y tal como está puesta parece una información periodística”; aún más, añado, cuando el artículo lo firma “redacción”. Insisto –lo he hecho constar en otras ocasiones-- que deberíamos evitar firmar “redacción” estas piezas pensionadas, para favorecer el párrafo del criterio 7 del Código Deontológico del Periodismo en Cataluña, que dice: “Hay que rechazar las fórmulas de promoción o publicidad bajo la apariencia deliberada de informaciones periodísticas”.Mínimo texto en un tuit, mínimo anonimato de los tuiteros
La cuestión de los maestros, que también hemos tocado aquí arriba, ha movido y moverá mucho periodismo dada su trascendencia y repercusión social, cultural y política. Es un tema sensible al cual debemos ser sensibles desde nuestra praxis. Mercè Anguera, muy reconocida escritora y también maestra, envía al buzón del Defensor este correo, que reproduzco íntegramente:“Les escribo para presentar una queja sobre un comentario que ha aparecido en la sección A les Xarxes este domingo 31 de mayo, en referencia al acuerdo entre el departamento de Educación y los sindicatos de docentes. El comentario es de Magí Hildebrandt, y mi queja no es sobre el contenido, a pesar de que, como maestra jubilada, lo encuentro poco acertado y ofensivo (habla de mundo real como si la escuela no lo fuera, de productividad, de premio, del sistema educativo como si fuera competencia solo de los docentes). En la misma sección hay dos tuits que expresan opiniones favorables, supongo que con la idea de mostrar un abanico significativo de maneras de ver el tema, y esta es una de las gracias de vuestro diario.Me quejo porque al tuitero Hildebrandt se le define solo como politólogo, y se obvia un dato importante: es, o ha sido, cabeza de lista por el FNC en la demarcación de Lleida, lo cual me parece que es relevante, y que debería especificarse. Si el criterio de la sección es no mencionar la filiación política de los tuiteros, seguro que se podría encontrar un tuit de alguien otro que exprese una opinión similar.Para decirlo fácil, si hubiera sabido que el tuit es de un dirigente de ultraderecha, no me habría enfadado: son como son, y lo que escriben tiene el valor y las finalidades que tiene. Pero si me lo tomo como el tuit de un profesional pienso que una opinión barroera se dignifica. Y da más pena.Para mí su diario es una referencia, siempre –concluye–. Y aprovecho para agradecerles cómo tratan, y cómo priorizan, los temas relacionados con la infancia, la crianza, las familias y la escuela, las voces que nos han hecho escuchar. Desde el comienzo han marcado un antes y un después”.El subdirector David Miró explica los criterios de la sección En las Redes: “En la elección de tuits intentamos ser plurales sobre los temas de actualidad y de gente anónima, y eso hace que no podamos saber quién es cada uno ni qué historia o ideología tiene detrás. En general evitamos poner políticos, que ya tienen suficiente protagonismo en las páginas del diario, y si lo hacemos lo especificamos porque consideramos que aquel tuit ha sido noticia o ha generado debate. En el caso que se menciona no éramos conscientes de su militancia y, o bien habríamos tenido que buscar otro perfil con una opinión similar (para no confrontar políticos con no políticos) o bien lo habríamos tenido que especificar. Tomamos nota”.El criterio del Defensor abunda en las opiniones de Mercè Anguera y David Miró. Justamente porque en la sección de las redes se busca dar voz a personas que quedan fuera de los focos mediáticos, debemos procurar facilitar una información precisa de su perfil para orientar al lector que naturalmente no las conoce. Mínimo texto en un tuit, mínimo anonimato de los tuiteros.El Defensor del Lector toma conocimiento de las dudas, sugerencias, críticas y quejas sobre los contenidos del diario en sus ediciones digital y en papel, y cuida que el tratamiento de las informaciones sea conforme a los códigos deontológicos.Para contactar con el Defensor del Lector puede enviar un correo electrónico a eldefensor@ara.cat o grabar un mensaje de no más de un minuto en el número de WhatsApp 653784787. En todos los casos, se requiere identificación con nombre, apellidos y número de DNI.