El papa León XIV en las oraciones del mediodía en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, durante su viaje apostólico, en Barcelona, España, el 9 de junio de 2026.
13/06/2026
Antoni Batista, periodista, doctor en ciencias de la comunicación y músico, es el Defensor del Lector del diario ARA
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Aparte de los factores religioso y político, el viaje del Papa ha tenido un eco mediático espectacular, para ser estudiado académicamente; este es el espacio del Defensor del Lector. He recibido dos quejas sobre la cuestión. La subscriptora Teresa Maria Castanyer, que se identifica como lingüista e interesada por la liturgia, arranca con esta frase: “Me duele observar que a menudo hay errores en informaciones de temas de la Iglesia católica”. Y da ejemplos muy claros. Escribir “cupones”, tal como puesto entre comillas, en lugar de “copones”, es decir, confundiendo valores o participaciones de una rifa con el “vaso de metal valioso en figura de una copa para guardar allí las hostias consagradas” (IEC). La remitente hace constar que en el digital el error se subsanó. Expresa también que, en un pie de foto, decimos que León XIV estaba en una misa cuando en realidad estaba en la ventana del Vaticano rezando el ángelus. Finalmente, en otra foto, hacemos cardenales a unos prelados que no lo eran a partir de una mala interpretación de los solidéos. “Este tipo de cosas –concluye la subscriptora– denotan cierta desidia, poco interés por dar informaciones precisas. Y me duele, porque si observo más errores de los que querría en temas que conozco... ¿Cuántos errores no debo detectar en otros temas?”Teresa Maria Castanyer tiene razón. El periodismo debe saber traducir los lenguajes técnicos y transmitirlos correctamente a los lectores, es una función divulgadora ancestral del oficio. La liturgia es un lenguaje no verbal cargado de significados –lo explica Romano Guardini en El espíritu de la liturgia (Pórtico, 2011)– y, ante un reto mediático de tanta envergadura como la visita papal, los medios podíamos haber sido más cuidadosos en el léxico ritual y sus hermenéuticas.Xavier Albertí me llama la atención sobre un anuncio de Aena “con un lenguaje que no encuentro lo bastante apropiado”; cita y comenta: "«España, punto de encuentro. Cuatro escalas, un solo destino (Madrid, Barcelona, Gran Canaria, Tenerife)». El texto, intencionadamente o no, nos remite al lema bastante conocido de la "unidad de destino en lo universal» y, como mínimo, tiene un tono integrador e integrista evidente. ¿Podía haberse ahorrado el diario su publicación?"El director general, Pablo Casals, responde al lector: “En ARA distinguimos claramente entre los contenidos editoriales y los espacios publicitarios, que son responsabilidad de los anunciantes, pero estos espacios pasan siempre por un filtro previo sobre el tipo de anunciante, producto o servicio anunciado. Esto quiere decir que no aceptamos cualquier anuncio: tenemos líneas rojas vinculadas a la legalidad, la no discriminación, la ausencia de discursos de odio, el respeto a los derechos fundamentales y la coherencia con unos valores básicos de convivencia. De hecho, en otras ocasiones hemos desestimado anuncios o hemos pedido que se modificaran cuando los hemos considerado inadecuados para nuestro medio, por ejemplo en ámbitos como el juego, las citas o determinados servicios vinculados a adicciones o prácticas poco alineadas con los valores de ARA. En este caso concreto, entendemos que el lector pueda hacer una lectura crítica o sentirse incómodo, pero no consideramos que el anuncio traspasara ninguna de estas líneas rojas de manera clara”.El Papa como fenómeno mediático es tan evidente que de entrada ha conseguido una hegemonía –con licencia no eclesiástica de Antonio Gramsci– en la mayoría de medios. Un líder de masas que moviliza multitudes, con guiones diferentes, dramaturgias, decorados, escenografía, vestuario, actores... Sin dos mil años de historia sería impensable esta superproducción ceremonial, que culminó con la magistral demostración audiovisual de la Sagrada Familia, debida, entre otros, al realizador Paulí Subirà, el director artístico Igor Cortadellas, el compositor Daniel López Pradas y el maestro Josep Pons, uno de nuestros grandes directores de orquesta, contribuciones artísticas de primer nivel. Que el ARA ha sabido tratar convenientemente el tema lo testimonian las solo dos quejas reseñadas y muy pocos comentarios críticos en la cobertura a pie de los artículos digitales. Remarco, pues, que nuestro tratamiento periodístico del viaje pontifical ha sido informativamente correcto, sin caer ni en el hooliganismo que señala propiamente Mònica Planas sobre la tele, ni en el menosprecio, y que los artículos de opinión han ofrecido el abanico diverso de visiones de un tema que ha dado siempre para mucha controversia, entre los polos opuestos del más nuestro anticlericalismo y el no menos nuestro moralismo integrista. João Borges, redactor de la sección de opinión, ha contado una treintena de artículos, a partir del primero de José María Brunet La visita del Papa y el barco del virus (9 de mayo). No se precisa una cifra exacta porque hay piezas de periodismo interpretativo fronterizas entre información y opinión, y se han incluido en el recuento tres editoriales y no los tres artículos sobre la encíclica Magnifica humanitas que firmaron Ferran Sáez Mateu, Sebastià Alzamora y Peter Singer.He echado de menos, sin embargo, suficiente eco periodístico de la parte civil, que habría sido una contramedida para los que tal vez deben haberse contagiado de la tregua a la aconfesionalidad del Estado promulgada por sus propios representantes según sus intereses políticos, en base a saber si a una interpretación constitucional que puede absolver –digámoslo ad sensum– su actuación. Menciono argumentos civiles:El Papa sube a Montserrat, donde Cataluña se define como “patria” mil años atrás y aflora el patriotismo desde allí hasta la primera manifestación catalanista de 1947, las declaraciones del abad Escarré a Le Monde, 1963, o el encierro de intelectuales y artistas de 1970, contra la pena de muerte. El Papa entra a Barcelona por la catedral, de donde sale la manifestación de curas contra la tortura en 1966, duramente reprimida. El Papa va a Sant Agustí, donde en 1970 se constituye la Assemblea de Catalunya, principal organismo unitario de la lucha contra la dictadura y por las libertades políticas y nacionales. Y la Sagrada Familia se llama Gaudí, pero fue un intérprete importantísimo de él el arquitecto Jordi Bonet Armengol, que dirigió las obras casi treinta años y también fue un constructor de catalanismo de mucho peso.Todo esto ha quedado fuera de foco, aunque la cuestión catalana, infortunadamente, ha vuelto a aflorar “el problema catalán” por parte de la lengua, y lógicamente los articulistas y los lectores de un diario catalán han sido sensibles a ello. Ahora bien, esta polémica no la hemos iniciado los medios, sino una poco afortunada gestión diplomática de querer ser –en propiedad– más papistas que el Papa, que parece más bien de sede barcelonesa que romana, con una banalización inicial, en fondo y algunas formas, del catalán. Y la poca visualización del organismo que agrupa a los obispos de las diócesis de Cataluña, la Conferencia Episcopal Tarraconense, que preside Joan Planellas, uno de los principales actores de la corrección de rumbo lingüístico que felizmente hizo la Santa Sede.Don Antonio María Oriol, que fue profesor de la Facultad de Teología de Cataluña, recogió y comentó más de novecientos textos del magisterio pontificio contemporáneo sobre el hecho nacional (Fundación Albert Bonet, 2014). El volumen remarca el factor cultural que se apuntala en la lengua y que la Iglesia tiene presente al menos desde el Concilio Vaticano II, que permitió las celebraciones religiosas en lenguas vernáculas, y que Juan Pablo II, el papa más viajero, desarrolló y defendió en un millón de kilómetros y los doce idiomas que hablaba: el concepto teológico de “inculturación”, que viene a ser la interpretación del cristianismo según cada cultura. El Defensor del Lector toma conocimiento de las dudas, sugerencias, críticas y quejas sobre los contenidos del diario en sus ediciones digital y en papel, y tiene cuidado de que el tratamiento de las informaciones sea conforme a los códigos deontológicos.Para contactar con el Defensor del Lector pueden enviar un correo electrónico a eldefensor@ara.cat o grabar un mensaje de no más de un minuto al número de WhatsApp 653784787. En todos los casos, es necesaria la identificación con nombre, apellidos y número de DNI.

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