El director deportivo del Barça, Anderson Luis de Souza, 'Deco', durante una rueda de prensa de Joan Laporta
22/08/2026 - 08:01 h.
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Hansi Flick se fue de vacaciones describiendo el deseo que definiría el verano: para ocupar el puesto que dejaba Robert Lewandowski, quería un nuevo móvil, con capacidad asociativa y que hiciera goles. La carta a los Reyes Magos no era un secreto, y la carta de Julián Álvarez estaba en todas partes. Incluso en la tradicional cena de Navidad que el Barça organiza cada año con la prensa, el nombre del delantero argentino ya había sido el gran protagonista de las conversaciones antes de los brindis con el presidente Joan Laporta. El máximo mandatario lo encontraba caro y, durante la campaña electoral, decía que quería alargar una temporada más el contrato del polaco, una idea que Deco nunca valoró. La prioridad era Julián. Lo que no nos esperábamos era que el Barça arrancaría la Liga sin haber resuelto la cuestión y habiéndose desprendido también de Ferran Torres.

En la cúpula deportiva del Barça hace tiempo que piensan que un nuevo clásico, de los que pueden rematar un melón con el culo, no es clave para ganar la Champions. El ejemplo que ponen, de puertas adentro, es el PSG de Luis Enrique: se puede dominar el fútbol europeo sin un nuevo puro y con delanteros que ocupen todas las posiciones del ataque. Con este trasfondo, Deco ha incorporado perfiles como los de Anthony Gordon y Karim Adeyemi, opciones coherentes con el ideario de Flick. Eso sí, el entrenador espera que la plantilla no se cierre sin haberse reforzado con una figura de alto nivel que garantice parte de los 40 goles que el curso pasado se repartieron Lewandowski y Ferran. Y el caso Julián ya hace bola. Más allá de que la intransigencia del Atlético de Madrid sea difícil de comprender, también lo es cómo desde el club azulgrana se ha insistido tanto en un giro de guion inverosímil.

Es la hora de continuar confiando en el trabajo de Deco y creer que, efectivamente, hay una alternativa trabajada desde hace tiempo que se puede ejecutar en diez días sin que nadie se despeine. De momento, está gestionando un mercado que siempre se recordará por el aterrizaje sorprendente de Rodri, un fichaje mayúsculo que puede cambiar la manera de jugar de todo el equipo y que será el líder influyente que tanto ha echado de menos Flick en momentos complicados en los que desaparecían los Frenkies. Ahora, sin embargo, la presión es máxima para sacar del sombrero de copa a alguien que pueda perforar la portería contraria con efectividad y que, al mismo tiempo, sea similar a lo que buscaban con Julián. Esperamos estar asistiendo a una operación tan secreta como una peli de James Bond y quedarnos con un palmo de narices antes del 1 de septiembre… en el buen sentido.

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