Fútbol - Copa del Rey

El Barça pone el corazón pero se queda con la miel en los labios

Los azulgranas, impulsados ​​por la afición, luchan hasta el último aliento pero se quedan a las puertas de la remontada (3-0)

Lamine Yamal durante el partido
04/03/2026
4 min

BarcelonaEl corazón del Barça latió hasta el último minuto, hasta el último balón dividido, hasta el último aliento del último aficionado que, como todos los jugadores de su equipo, creyó hasta el final (3-0). Los futbolistas de Hansi Flick demostraron una fe inquebrantable, impulsados ​​por más de 45.000 almas que les acompañaron en un intento de remontada tan quimérico como soñado. Marc Bernal, con un doblete y un partido que le consagra como medio centro del presente y del futuro, y Raphinha, tras un penalti provocado por un Pedri que ya es un pedazo del escudo, alimentaron unas esperanzas que no se trasladan en un billete para la final de Copa, pero que son una muestra del orgullo inmensurable de un equipo. No se logró darle la vuelta al 4-0 de una ida nefasta, pero sí se recuperó el crédito para andar con la cabeza bien alta hasta el final de la temporada.

Todo el partido fue emocionante. En sólo 15 minutos, el Barça ya había chutado tres veces a portería y también ya había perdido a Kounde por una lesión muscular. Balde saltaba a la batalla antes de tiempo y Cancelo, que había empezado muy activo por la banda izquierda con Gerard cubriéndole los hombros, pasaba a la derecha. De las tres primeras oportunidades, dos fueron entre los tres palos: Fermín –solo empezar, arrancando el primer "uy" de la grada–, y Bernal, blando a manos de Musso; mientras que Raphinha, con la derecha, su pierna menos hábil, envió un disparo que rozó el primer palo. El Barça cumplía con notable lo que el partido le exigía: recuperaba deprisa el balón gracias a una innegociable presión alta, se mantenía firme en defensa, intimidaba a su rival y buscaba portería. Sin embargo, faltaba acertarla.

El siguiente en intentarlo sería Ferran, tras un saque de esquina, que saldría desviado por poco. El valenciano la volvería a tener en breve, rematando mordido un rechace tras la primera acción en solitario de Lamine Yamal, tan atrevido como vigilado –hasta cuatro defensores– por los soldados de Simeone. Era un partido de tener el corazón en la mano, de sentirlo latir exageradamente, de morderse las uñas hasta quedarse sin ella, de levantar constantemente el culo de la silla, de coger fuerte el brazo de quien se tenía al lado y de tumbarse el pelo en cada ocasión de un Barça que lo intentaba y lo intentaba. Los azulgranas lo estaban haciendo todo bien, bastaba con conseguir el tesoro más preciado: el gol. Los jugadores se dejaban la piel, agobiando a su rival, impidiéndole correr al contragolpe. Lo probaría Lamine Yamal, desde la frontal, pero Musso desviaría su disparo, demasiado centrado.

Marc Bernal inicia la esperanza

El Barça estaba volcado en el ataque, haciendo sentir orgulloso a cada uno de sus aficionados. El primer gol tenía que llegar. No sin antes, sin embargo, sufrir un susto. Griezmann, en la primera oportunidad de los colchoneros, remató blando, a manos de Joan, un caramelet que había recogido en el corazón del área. El mal trago se lo llevó pronto el viento que soplaba en el Camp Nou para dejar paso a la primera gran alegría de la noche. Remate de Ferran desde el vértice izquierdo del área que Musso enviaría a córner. Lamine Yamal recibiría el balón y, con un recorte lleno de fantasía, se desharía de hasta dos defensores para dar un pase preciso, dura, zanja, para que Bernal, el héroe de moda, lo enviara al fondo de la red y desatara aún más la emoción del estadio.

Los jugadores se abrazaban, celebraban el primer gol, creían y reclamaban, brazos arriba, que la afición no pares de animar, que la comunión con los seguidores debía ser una simbiosis inquebrantable. El equipo no perdía la fe, pero el cansancio y permisividad desesperante de De Burgos Bengoetxea provocaron algunos momentos de incertidumbre. Lookman, en la más clara del Atlético en el primer tiempo, puso el alma en el corazón con un remate de cabeza que salió cerca de la portería. Aparecen las primeras fisuras en defensa, y los madrileños, asustados hasta entonces, se atrevieron a sacar la cabeza de la cueva. Pero una última corredera, con Pedri, el mejor centrocampista del planeta, colándose en el área acabó con un penalti meridiano de Pubill. Raphinha, con el brazalete de capitán en el brazo y el escudo en el pecho, lo chutó con calma, como era necesario, para hacer el segundo antes del descanso.

El Barça lo intenta hasta el final

El Barça se había ganado el derecho a creer en la remontada. Faltaban 45 minutos de emociones a flor de piel. En la reanudación, los de Flick lo seguirían intentando. Con menos fuerzas, pero la misma fe. Tras un primer intento del Atlético, en el que Joan, seguro, detuvo el disparo de Julián, las dos siguientes acciones llevarían el sello del Barça. Musso, el guardameta de la Copa de los madrileños, tomó protagonismo con un buen parón en Cancelo, primero, y en Bernal, minutos más tarde. Los azulgranas, esforzados, impecables en defensa, seguían mordiendo, encontrando en Koke uno de los puntos débiles de los colchoneros, lento en la salida. Simeone movería ficha, también a Flick, primero por decisión técnica –Olmo y Rashford saltaban al césped– y, después, por necesidad: Balde caía lesionado y entraba Araujo, mientras que Pedri pedía seguir.

Todo el mundo luchaba por el escudo, todo el mundo quería estar, todo el mundo seguía creyendo. Volvería a aparecer Bernal para rematar a gol un buen centro de Cancelo en el segundo palo. Quedaban 20 minutos para no perder la esperanza. El Atlético, miedoso, defendía y defendía, arañando minutos, mientras los azulgranas buscaban el cuarto. Quien más cerca estuvo fue Gerard, con un remate desde la frontal que salió por encima del larguero. No fue suficiente, pero la afición aplaudió, de pie, a su equipo tras el pitido final.

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