¡Claro que el Bernabéu pita!

En Madrid debaten sobre los motivos exactos por los cuales la afición silba al equipo. En el Bernabéu sonaron silbidos cuando marcó el Inter en la Champions y también hubo ruido dirigido a Vinícius y Mbappé. Yo tengo una teoría, por si les sirve.

Al Madrid lo silban primero y sobre todo porque no está jugando bien. Solo hay que tener dos ojos en la cara para darse cuenta. Y el fichaje de José Mourinho, por mucho que se empeñe la propaganda oficial habitual, no ilusiona mayoritariamente a la afición. A Vinícius lo silban porque todo el mundo recuerda que fue él, cuando se marchó enfadado del Bernabéu porque lo cambiaron contra el Barça, quien hizo saltar al equipo por los aires. Ganó el pulso a Xabi Alonso porque Florentino se puso de su lado y dejó a la intemperie al entrenador vasco. Y a Mbappé... cómo olvidar la imagen de sus piececitos en el yate en el mes de mayo, cuando ya todo era un desastre, reservándose para el Mundial. Pero al equipo de Mourinho no lo abuchean solo por eso: lo silban también porque el Barça da miedo y la afición madridista empieza a temer lo peor.

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Todo, absolutamente todo, funciona en este Barça, que ha empezado la temporada atropellando a los oponentes con un juego vertiginoso, divertidísimo, vertical y coral. Se acaban los partidos y resulta difícil elegir quién ha sido el mejor: si Raphinha, a quien el traje de delantero le va como anillo al dedo; si Lamine y sus maravillosas fechorías, o si Rodri y Pedri, que menos mal que no debían entenderse, como decían algunos. Además, Fermín y Olmo luchan por un puesto con un rendimiento excelente, la irrupción de Xavi Espart es aterradora y los fichajes, Gordon y Adeyemi, se han adaptado aparentemente sin esfuerzo y suman.

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El equipo de un Flick que en su tercer año está perfeccionando su apuesta por un fútbol moderno y alegre y que tiene a toda la plantilla enchufada, corriendo como demonios y con un hambre como si no vinieran de ganar dos Ligas seguidas, deja al Madrid por comparación en un escalón inferior. No es solo que no se pongan las pilas, que también, sino la sospecha de que sigue faltando un cerebro en el centro del campo (qué daño ha hecho el fichaje de Rodri por el Barça), y que pagar 125 millones por Diomande para sentarlo en el banquillo es un despilfarro. Uno más. Así que sí, claro que el Bernabéu pita. Porque solo estamos en septiembre y madre mía, miedo.