El golpe más duro para el matrimonio Trump-Infantino
El presidente de la FIFA intenta defender su prestigio después de ver cómo Trump provoca un incendio en el Mundial
WashingtonPocos minutos después de eliminar a la selección de Estados Unidos en Seattle, los jugadores de Bélgica hicieron sonar el Y.M.C.A. de Village People en el vestuario y comenzaron a imitar el baile de Donald Trump. Los futbolistas se burlaban del presidente estadounidense después de que este hubiera presumido de haber llamado personalmente a su buen amigo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para levantar la suspensión al delantero Folarin Balogun. El delantero jugó, no sirvió de nada y Estados Unidos cayó eliminado entre críticas y burlas de la mayor parte de aficionados al fútbol mundial.
La llamada de Trump creó un gran problema a Gianni Infantino, quien en los últimos años ha hecho de todo para complacer el ego del presidente. Esta vez no ha podido. Los cuatro goles de los belgas convirtieron lo que había sido una exhibición de fuerza e influencia en una caricatura humillante del poder del presidente estadounidense. El presidente de la FIFA no es la única figura dentro de la corte trumpiana que ha jugado al juego de los favores y los regalos con el magnate, pero sí que es el primero que, sin proponérselo, ha colaborado de alguna forma en una humillación pública a Trump, quien los días previos al Mundial iba diciendo que su selección ganaría: no han llegado ni a los cuartos de final. De alguna forma, los dos amigos se han hecho daño, ya que Trump ha provocado un problema a Infantino, el cual niega que sus conversaciones tengan nada que ver con la extraña decisión de permitir jugar a Balogun. Según los estatutos de la FIFA, las injerencias políticas están prohibidas y si se demostrara que se han producido, la FIFA debería sancionar el fútbol estadounidense.
Hasta ahora, la relación simbiótica entre los dos hombres había tenido el privilegio de ser más un ruido de fondo que un escrutinio. Los trofeos con los que Infantino ha estado obsequiando al republicano el último año y medio quedaban reducidos a excentricidades y poco más, como el premio FIFA de la Paz. Ante los anhelos frustrados de Trump por el Nobel, el presidente de la FIFA se inventó un sucedáneo para acercarse un poco más al republicano. Durante el último año también se sabe que Infantino ha estado alquilando una oficina en el piso 17 de la torre Trump en Nueva York y que ha estado completamente vacía. El dirigente suizo, una figura desconocida que trabajaba en la FIFA y acabó siendo presidente cuando una investigación judicial comenzada precisamente en Estados Unidos hizo caer al hasta entonces presidente, Joseph Blatter, siempre ha priorizado avenirse con la Casa Blanca. En parte también para conseguir que el FBI no tenga en el punto de mira a la FIFA, como sí ocurrió en 2015 cuando los norteamericanos, enfadados al ver cómo Qatar les birlaba el derecho a organizar el Mundial de 2022, investigaron al ente que gestiona el fútbol mundial. Ahora que Trump e Infantino se avienen, la Casa Blanca solo habla bien de la FIFA.
El perdón al delantero Folarin Balogun para que pudiera jugar el partido del lunes, sin embargo, ha vuelto a poner el foco sobre la relación y cómo esta afecta la imagen de la FIFA. A pesar de que la organización ya ha estado en medio de otras polémicas políticas –como el posicionamiento sobre Palestina–, nunca habían afectado directamente la credibilidad del arbitraje y la legitimidad de los partidos. Cuando Trump e Infantino reconocieron que a menudo hablaban por teléfono lo hacían con naturalidad, no dejaba de ser una escenificación más de su buena sintonía. Infantino ha visitado la Casa Blanca decenas de veces, le ha hecho obsequios a Trump y se ha puesto las gorras rojas del movimiento MAGA. En 2019, Infantino se encargó de hacer la presentación de Trump en el foro económico de Davos y se permitió bromear que se había sugerido que ellos dos probablemente eran las personas más importantes presentes.
Haber elogiado al presidente norteamericano mientras este estaba en medio de la investigación que derivaría en su primer impeachment le valió una visita de cortesía con el fiscal general de los EE. UU., que entonces supervisaba la imputación contra la FIFA por crimen organizado, fraude y blanqueo de capitales. El caso, que se había abierto en 2015 bajo la administración del demócrata Barack Obama, quedó archivado justo en mayo de este año, un mes antes de que comenzara el Mundial. El departamento de Justicia, ahora liderado interinamente por el exabogado de Trump, Todd Blanche, desestimó los cargos penales que aún quedaban. La decisión coincidía también con el acuerdo extrajudicial firmado por Blanche, en el que la agencia tributaria estadounidense (el IRS) se comprometía a no examinar o encausar "cualquier" reclamación fiscal contra Trump, sus hijos y la organización Trump.
Con estos precedentes, Trump no tenía ningún inconveniente el lunes de hablar abiertamente de su injerencia en la amnistía de Balogun. Ahora bien, la asimetría de poder en determinados círculos a veces no tiene por qué trasladarse en una victoria total. Bélgica ha recordado a Trump que su poder tiene limitaciones y ha situado a Infantino ante una situación complicada: restaurar la credibilidad de la FIFA y tener contento a su amigo. Trump acabó con un palmo de narices tras la derrota del equipo de Mauricio Pochettino y Infantino ha visto cómo todo el mundo critica a la FIFA por la decisión de hacer jugar a Balogun. Entidades como la UEFA, federaciones o gobiernos han criticado a Infantino por haberse doblegado tanto ante Trump, que ha creado un peligroso precedente en el fútbol.