Fútbol

Jugar a fútbol sin comer ni beber: "Hablamos con el árbitro y detenemos el partido"

Cientos de futbolistas practican el Ramadán en Cataluña

19/02/2026

Barcelona"Ya le he dicho al fisio que tenga preparados unos cuantos dátiles. Si se detiene el juego, trataré de comer y beber un poco antes del descanso. Si no puedo, ya lo haré en el vestuario", explica Yaya Sidibe, futbolista del Badalona, que este domingo juega a las seis de la tarde. Cuando comience el enfrentamiento hará casi 12 horas que el defensor de origen maliense no ingiere agua ni alimentos: Sidibe es musulmán y –como la gran mayoría de futbolistas en Catalunya que son seguidores del islam, caso de Lamine Yamal, Omar el Hilali y Azzedine Ounahi– practica el Ramadán, que empezó el miércoles. Esto significa que durante un mes, sagrado para ellos, hará ayuno desde la salida hasta la puesta de sol, que el domingo está prevista a las 18.34 h, y se levantará de madrugada para alimentarse y rezar.

"Los partidos a las 12 del mediodía son los peores, porque con el sol es cuando más te deshidratas, sobre todo en agosto y septiembre, cuando hace mucho calor y el día es muy largo. Hay quien se remoja los labios, pero solo sirve para engañar al cuerpo", dice Badre Dahbi, fútbol Júpiter, de Liga Élite. "Sin beber ni comer tienes menos energía, y lo notas a partir del minuto 60 o 70. También te recuperas peor. Además, fuera del fútbol profesional la mayoría trabajamos ocho horas al día, y eso aún lo hace más difícil. Yo conozco mi cuerpo y he aprendido a dosificar esfuerzos", añade su compañero de equipo Hicham Kar. Es lateral y cuando juega de tarde deja un puñado de dátiles y una botella de agua a su lado fuera de campo para romper el ayuno cuando desde el banquillo le advierten que es la hora deliftar, la comida nocturna en la época del Ramadán.

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Hacer el Ramadán en Marruecos

"Recuerdo que un día el entrenador me dijo que me tirara al suelo haciendo ver que estaba lesionada. Cuando vinieron a atenderme me dieron una barrita energética y un poco de agua", comenta con una sonrisa pícara Fatima Gharbi, mundialista con la selección de Marruecos y ex jugadora de Europa y la AEM Lleida. "La principal diferencia entre hombres y mujeres es que nosotros no podemos ayunar durante la menstruación, el embarazo y después de parir", aclara la futbolista, criada en Sabadell y que ahora juega en su país de nacimiento, en el Renaissance de Berkane: "Como es un territorio musulmán, es mucho más fácil adaptar el fútbol a la religión. Por ejemplo, la mayoría de los partidos, la mayoría de los partidos. del entrenamiento iremos a cenar y todas las jugadoras juntas iremos a rezar a la mezquita".

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El Ramadán, que es una época en familia de recogimiento y purificación espiritual, se sustenta en cinco ruegos diarios, que pueden coincidir con partidos o entrenamientos. "Si estoy jugando, rezo cuando llego a casa. Y si tengo un partido muy importante, como uno play-off, ese día no hago ayuno y lo pago más adelante. Si estás enfermo, de viaje o tienes una urgencia de trabajo puedes hacer alguna excepción", detalla Sidibe, que en verano cambió el Olot por el Badalona.

Los riesgos del ayuno

"Claro que tenemos en cuenta al Ramadán a la hora de fichar, sobre todo si cae a final de temporada. Con el calor puede llegar a ser un problema para los equipos que tienen cuatro o cinco musulmanes en el once. Un mes malo te puede condenar", dicen desde la dirección deportiva de uno de los principales clubs semiprofesionales de Catalunya. "Con el ayuno hay riesgo de deshidratación, lo que afecta directamente al rendimiento del jugador y la toma de decisiones sobre el césped. También aumenta el riesgo de lesiones por la alteración del descanso", confirma Pol Talent, nutricionista deportivo especializado en fútbol. Talento añade que es muy importante "beber y comer correctamente durante la primera comida del día y tener una rutina de sueño estructurada"; es decir, hacer una becaina en caso de madrugar.

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"En una época como ésta es muy importante la figura del preparador físico", asegura. En Badalona Alex Pey es el encargado de "monitorar al detalle las cargas, a través de GPS y análisis de métricas, y de ajustar e individualizar el volumen de tareas" para que Sidibe, un pulmón por el lado derecho y el único musulmán del equipo, juegue como hasta ahora. "El Ramadán no es un problema ni limita el rendimiento", dice, simplemente le obliga a "planificar con mayor precisión" bajo la premisa de que "la comunicación diaria con el jugador es clave". Y de momento al lateral escapulado le ha ido bien: "Nunca he tenido que pedir el cambio ni he sufrido físicamente durante el Ramadán", dice Sidibe.

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El equipo que más sufre el Ramadán

"Tenemos 25 fichas y más de 20 son de chavales musulmanes. Ahora solemos ir a jugar con 13 o 14 futbolistas, y todos ellos hacen el Ramadán", declara Sergi Llamas, entrenador del FC Darna, un equipo muy especial nacido en el corazón de Raval y formado por jóvenes migrantes. Actualmente juega en Quarta Catalana, la última categoría del fútbol autonómico. "Nunca lo ponemos como excusa si perdemos, pero no comer ni beber nos condiciona en lo mental y físico. Por ejemplo, si hace mucho calor pues quizás no presioneremos tan arriba para no cansarnos rápido", dice el técnico de un equipo que se las empuja para romper el ayuno aunque sea sobre el césped.

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"En los partidos de la tarde paramos el juego para beber y comer un poco. Antes de que comience hablemos con el árbitro y el otro equipo para explicarles que estamos haciendo el Ramadán y pedirles de detenerlo dos o tres minutos. Lo entienden perfectamente, y cuando llega eliftar echamos la pelota fuera y nos acercamos al banquillo para beber agua y comer dátiles o algún plátano", explica el entrenador del Darna, un equipo catalán que durante el mes sagrado del islam conjuga la práctica del fútbol con la fe.