El Mundial más globalizado divide familias, con hermanos y padres en equipos diferentes

286 jugadores de esta edición del torneo juegan con una selección diferente del país donde nacieron

Brahim Díaz, nacido en España y internacional con Marruecos
20/06/2026
5 min

BarcelonaCuando la selección de Marruecos consiguió un brillante y merecido empate contra Brasil en el debut en el Mundial, muchas personas reaccionaron con una mueca. Por primera vez jugó en la fase final de una Copa del Mundo un equipo donde ninguno de los futbolistas había nacido en su país. La plantilla inicial tenía un solo jugador nacido en Marruecos, Ounahi. Pero con las sustituciones coincidieron 11 jugadores nacidos en el extranjero, dos de los cuales en Cataluña, Ismael Saibari y Ayoube Amaimouni. Todos con raíces en Marruecos, en este caso. Pero nacidos en el extranjero, hijos de la diáspora marroquí. Marruecos ya hace años que abrió una oficina en España donde tiene trabajando a un grupo de personas que detectan en toda Europa jugadores que sean hijos o nietos de marroquíes, para reclutarlos, como intentaron hacer con Lamine Yamal sin suerte.

Nunca tantos futbolistas habían defendido la camiseta de una selección diferente a la de su país de nacimiento: 286 de los 1.248 jugadores inscritos, casi el 25% del total. En el Mundial de 2022, la cifra era de 137 jugadores sobre 832, lo que marcaba una clara tendencia al alza, ya que en 1978 apenas eran 7 de los 352 inscritos. "Es un reflejo del planeta en el que vivimos. La mayor parte de los casos tienen que ver con un pasado colonial y con la inmigración. Te puede gustar o no, pero hay una explicación", decía en una entrevista el exjugador argentino Jorge Valdano. "Cuando fui a entrevistar a Mbappé a París, en la sede de la Federación iban saliendo jugadores jóvenes y todos eran de origen africano. En el fútbol casi siempre triunfan más los hijos de familias necesitadas que los hijos de los ricos, así que tiene sentido que los hijos de inmigrantes con raíces en antiguas colonias triunfen", añadía.

"Lo que ocurre ahora es que los países de origen de los jugadores han entendido que pueden elevar su nivel de juego convocando jugadores europeos, formados en buenos clubes", explicaba el veterano técnico de Curazao, el neerlandés Dick Advocaat. "Tienes futbolistas profesionales en Europa que quizás nunca irán a la selección absoluta, pero si los convoca el equipo del país donde nació su padre, sí que pueden ser internacionales", añadía. Algunas personas lo critican porque un país acaba jugando con futbolistas formados en otro lugar. "La clave es un mundo cada vez más globalizado, pero también un fútbol que mueve más dinero y que lleva a las federaciones a buscar ganar como sea. Y, por tanto, buscan jugadores para convocarlos que quizás, en el fondo, tienen poco que ver con su país", dice el periodista estadounidense Clemente Lisi, autor de un libro sobre la historia de la Copa del Mundo. Y es cierto que hay jugadores que tienen familiares en el país que representan, como pasa con Marruecos, mientras que otras selecciones convocan futbolistas que tienen pocos lazos con el país. Un caso claro sería el del delantero Folarin Balogun. Un futbolista inglés criado en Londres, hijo de nigerianos, nacido casi de casualidad en Nueva York, ya que sus padres estaban visitando esa ciudad cuando su parto se adelantó. Balogun no ha vivido nunca en Estados Unidos y sus familiares no son estadounidenses. Pero como nació en Nueva York, lo seleccionaron. El exjugador del Barça Sergiño Dest también juega con Estados Unidos, donde no ha vivido nunca. Juega allí porque su padre, nacido en Surinam, trabajó en Estados Unidos unos años y consiguió la nacionalidad antes de marcharse a los Países Bajos, donde conoció a una mujer neerlandesa, la madre del jugador.

"Otro momento clave es el cambio de la norma que permite a los jugadores cambiar de selección si no han jugado más de tres partidos con la selección absoluta", apunta Lisi. En 2020 la FIFA modificó la normativa, motivo por el cual muchos jugadores convocados por equipos como Francia o los Países Bajos pueden acabar jugando con la tierra de sus padres si ven que tendrán más opciones de tener regularidad, como ha pasado con Brahim Díaz, que debutó con España pero ha acabado jugando con Marruecos. El resultado ha sido este Mundial más globalizado que nunca, lleno de historias curiosas.

El Mundial de los franceses

Francia, por ejemplo, tiene un total de 72 jugadores en el Mundial, 53 de los cuales nacidos en la región de París. Todos los de su selección y los que juegan con otros equipos como los 12 jugadores que van con Argelia, los 11 de la República Democrática del Congo o los 10 que van con Senegal y Haití. Otros juegan con Costa de Marfil, Marruecos o España, como sería el caso de Laporte y Le Normand. El portero Luca Zidane, hijo del campeón mundial en 1998 con Francia, Zinedine Zidane, ha decidido ir al Mundial con el país de sus abuelos, Argelia, ya que Francia no lo convoca. Un caso significativo: padres e hijos defendiendo camisetas diferentes.

Los Países Bajos tienen 42 jugadores en el Mundial, porque, aparte de la selección oranje, hay Curazao, territorio que pertenece al Reino de los Países Bajos. La diáspora balcánica, producida especialmente en los años 90 por culpa de la guerra, provoca que cinco jugadores suizos tengan raíces en los Balcanes y que 16 de los 26 jugadores de Bosnia sean nacidos fuera de Bosnia. Las únicas selecciones sin ningún jugador nacido fuera son Arabia Saudí, Austria, Brasil, la República Checa, Colombia, Panamá, Sudáfrica y Suecia.

Es un Mundial que explica un mundo que cambia, ya sea por las ganas de encontrar una nueva vida o porque la gente huye de guerras, como el canadiense Alphonso Davies, nacido en un campo de refugiados liberianos en Ghana. O el australiano Awer Mabil, nacido en un campo de refugiados de la guerra del Sudán del Sur, en Kenia. El mexicano Obed Vargas es hijo de mexicanos que emigraron y acabaron en Alaska, lejos de su país. Y el exjugador del Celta Dennis Eckert ha acabado convocado por Irán, cuando él nació en Alemania, hijo de una gallega y un ciudadano alemán de ascendencia iraní. Como dos abuelos eran iraníes, un chico que creció siendo seguidor del Celta en Bonn ahora juega el Mundial.

En un mundo cada vez más interconectado y con personas que aman tanto su lugar de nacimiento como el de sus padres, en este Mundial encontramos tres parejas de hermanos que se pueden enfrentar, porque cada hermano ha escogido un camino diferente. John Souttar forma parte de la selección de Escocia, donde nacieron, mientras que su hermano Harry está de servicio con Australia, la tierra de la madre. Nico Williams ha sido seleccionado por España mientras que su hermano mayor, Iñaki, prefiere jugar con Ghana. Y Désiré Doué, estrella del PSG, juega con Francia mientras que su hermano mayor, Guéla, va con Costa de Marfil, la tierra donde nació su padre.

En Túnez está Rani Khedira, que debuta en un Mundial doce años después de que su hermano Sami Khedira ganara la Copa del Mundo con Alemania. Familias divididas que pueden encontrarse en situaciones incómodas, como la del delantero sueco Yasin Ayari: su padre es tunecino y la madre, sueca. El hijo recibió una oferta para jugar con la selección tunecina, pero el padre le dijo que debía luchar por jugar con Suecia como señal de respeto por la tierra que los había acogido. Y en la primera jornada del Mundial el sorteo presentó un Suecia-Túnez... donde él marcó dos goles. El primero no lo celebró en señal de respeto: "Por un país donde tengo familiares". El segundo sí que lo celebró.

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