Eurocopa

Inglaterra gana la Eurocopa que ha cambiado el rumbo de la historia (2-1)

Las leonas se han impuesto a Alemania en una final que se ha resuelto en la prórroga

BarcelonaNada será igual después de esta Eurocopa. Todas aquellas personas que no creían, que defendían que el fútbol femenino era una moda y que afirmaban con la boca llena que esto no iba a ninguna parte han vuelto a topar con la ilusión y la tozudez de futbolistas, staff y afición. Los argumentos ya se cuentan a puñados y la competición europea de este verano ha consolidado unos fundamentos imposibles de derrumbar. Inglaterra, anfitriona de la gran cita, se ha colocado la corona. "God save the Queen", clama su himno. Ahora son ellas, las reinas, pero de toda Europa.

La competición europea ha reventado récords y ha abierto nuevos caminos para el fútbol femenino. El enésimo ejemplo, el escenario de la final: por primera vez en la historia, Wembley ha abierto sus puertas para acoger la final de la Eurocopa femenina. Con las gradas atestadas –las entradas se agotaron en pocos minutos cuando se pusieron a la venta–, las locales han disfrutado de un partido donde la afición las ha empujado hasta levantar el primer título continental de su historia. Precisamente en el mismo escenario donde sus homólogos masculinos perdieron la Eurocopa el verano pasado.

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No quedaba ni un asiento libre. El templo del fútbol inglés y mundial se ha rendido a las botas de las 22 futbolistas que han competido en una final a la altura del gran campeonato disputado en tierras británicas. El partido que tenía que coronar a la mejor selección europea tenía a los dos mejores equipos de la competición. Las inglesas y las alemanas han hecho un camino soberbio hasta la final, talento que se ha hecho patente en el partido. Desde el silbato inicial, las alemanas han impuesto su guion. Pausando el esférico y temporizando el juego, el conjunto visitante ha intentado hacerle la pascua a las anfitrionas. Las ocasiones se han repartido por igual entre los dos conjuntos, pero han marchado hacia los vestuarios con el 0-0 al marcador.

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En el segundo tiempo, el ritmo ha subido. Con la adrenalina por las nubes, Alemania ha intentado anular el ataque británico con una presión asfixiante mientras ha asediado la portería de Earps. Inglaterra, sin embargo, no se ha acobardado y, con un pase al espacio, Keira Walsh ha dejado a Ella Toone sola ante la portera alemana. La delantera inglesa, con una vaselina suave, ha enviado la pelota al fondo de la red a cámara lenta para el delirio de los 87.192 forofos presentes en Wembley. Una cifra que ha batido el récord de asistencia a un partido de una Eurocopa, tanto masculina como femenina.

La final se ponía de cara para las locales. La afición, enloquecida, ya empezaba a celebrar la victoria británica cuando Tabea Wassmuth, en el 79, ha filtrado una pelota dentro del área pequeña para Lina Magull, que la ha empujado para devolver el empate al marcador y forzar la prórroga. En la primera parte del tiempo extra ha pasado muy poca cosa. Los dos conjuntos han jugado más a no dejar escapar la final que a ganarla. Con la igualdad en el luminoso han llegado los últimos 15 minutos decisivos.

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Las leonas han mordido como nunca en el momento clave. Chloe Kelly ha aprovechado una pelota muerta dentro del área pequeña para, girándose sobre si misma rodeada de defensas, enviarla al fondo de la red y hacer temblar los fundamentos de Wembley. Con la afición de pie, las anfitrionas han celebrado la diana que las impulsaba al Olimpo del fútbol.

Futbol y revolución femenina

Más allá de reivindicar la fuerza y la presencia del fútbol femenino en nuestras vidas, la Eurocopa ha sido un escenario perfecto para la reivindicación. El papel de la mujer en el banquillo, todavía claramente minoritario respecto a sus homólogos masculinos, ha vuelto a ser uno de los focos de atención. Si miramos atrás, los últimos grandes triunfos en las competiciones por países han venido de la mano de una mujer como capitana del barco. En las siete últimas Eurocopas, en cinco de los últimos seis mundiales y en los últimos cinco torneos olímpicos ha ganado una selección dirigida por una entrenadora. Esta edición también ha seguido el mismo patrón. De las 16 selecciones que han participado en el campeonato, seis estaban dirigidas por mujeres. Aunque con inferioridad durante el torneo, tres de ellas llegaron a semifinales. Es más, los dos banquillos de Wembley han tenido como inquilinas Sarina Wiegman (Inglaterra) y Martina Voss-Tecklenburg (Alemania) en la final.

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Pero, para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hay que mirar atrás y ver de dónde venimos. En el fútbol femenino se ha avanzado con pies de plomo y los adelantos son palpables, pero no hace tanto las mujeres tenían prohibido pisar el césped. Hace apenas un siglo (1921) la Asociación Inglesa de Fútbol (FA) prohibía a los clubes ceder sus campos a equipos femeninos, una restricción que se mantuvo durante cincuenta años. Durante la Primera Guerra Mundial, con los hombres al frente, las mujeres empezaron a llenar las fábricas y ocupar los lugares que estaban reservados para el hombre dentro y fuera de las fábricas. Los terrenos de juego también pasaron a ser suyos, pero con el fin del conflicto armado las voces discrepantes pusieron el grito en el cielo y el 5 de diciembre del 1921 el fútbol femenino quedó prohibido en Inglaterra bajo la premisa de que era “poco apropiado para las mujeres”. Es más, no fue el único país que lo hizo: Alemania lo prohibió del 1941 hasta 1970 y la Federación Española no reconoció oficialmente el fútbol femenino hasta 1983.

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Ahora, cien años más tarde, por suerte, las cosas han cambiado. La Eurocopa de julio ha escenificado la transformación y evolución del fútbol femenino y se ha demostrado que esta revolución no tiene freno. La fotografía de las leonas levantando la copa de Europa al cielo perdurará para siempre jamás en la retina de aquellos que han visto crecer este deporte.