Balonmano

Medio siglo de una copa tan soñada, que fue robada

Hace 50 años, el BM Granollers fue el primer club estatal que ganó un título internacional, la Recopa

Los jugadores del Granollers, celebrando llegar a la final de la Recopa de 1976
19/04/2026
5 min

Granollers"Pensaba que me caería de lloros y caería. Tenía miedo de caerme y ver la Copa por el suelo" recuerda Miquel Prat, histórico capitán del BM Granollers. Hace 50 años, el club vallesano se convirtió en el primer club catalán y de todo el estado en ganar un título continental, la Recopa, al derrotar en la prórroga de la final al Dankersen alemán por 26 a 24 en el antiguo pabellón municipal de deportes, el popular Parquet. Una gesta histórica conseguida por un montón de jugadores de la casa que no eran ni profesionales. Una generación dorada, una época de camisetas ajustadas, barbas largas y sueños de libertad, con senyeras en la grada y una ciudad entregada a un equipo que abrió camino.

Estos días, Granollers recuerda aquella gesta histórica, lograda un 10 de abril. El Ayuntamiento, el club y la Fundación BM Granollers han organizado una serie de actos para recordar el triunfo, como una exposición en el Archivo municipal con imágenes que ya forman parte de la historia del deporte catalán, como aquella en que Prat, vigilado por el presidente del club Francesc Ventura, levanta la Copa. Los aficionados que habían invadido el parquet lo alzaron del suelo "aunque yo pesaba unos 100 kg" recuerda Puig, granollerense de pura cepa, nacido en la plaza de l'Oli. En aquella época los equipos alemanes parecían imbatibles, pero el Granollers consiguió ganar el título en una de aquellas jornadas que dura años. Todos los que estuvieron en el pabellón, lleno hasta la bandera con más espectadores de los que oficialmente podían entrar, recuerdan los últimos minutos del partido, cuando en el último segundo el portero Pagoaga evitó el gol del triunfo del Dankersen. Intentando marcar el gol del triunfo, el Granollers perdió la pelota y los alemanes tuvieron un último ataque. El portero vasco, sin embargo, evitó el desastre y en la prórroga llegó el éxtasis.

Una imagen de la final de la Recopa de balonmano de 1976 ganada por el Granollers

Una época recordada todavía con fotografías en blanco y negro, como aquellas que hizo Joan Mas García, quien seguía al equipo para la prensa local, imágenes que pertenecen al fondo Revista del Vallès; pero también otras hechas por espectadores de quienes no se recuerda la autoría. Como si el autor de aquellas imágenes fuera todo el pueblo granollerense, que también jugó su final, ya que El Parquet era un pabellón que podía asustar a los rivales "cuando todo el mundo golpeaba contra las rejas, haciendo mucho ruido", recuerda Prat. Un pabellón donde todavía se juega a balonmano y donde este sábado se ha hecho una cena de gala con los protagonistas de aquella gesta. En la misma pista donde se sudó de lo lindo para alzar el título. También ayer se hizo una mesa redonda moderada por el periodista Eloi Vila con jugadores de diferentes épocas del club. Hoy se ha hecho la recepción institucional del equipo campeón en el Ayuntamiento y un homenaje antes del partido contra el Recoletas Atlético Valladolid. Todo haciéndolo coincidir con el partido del femenino el sábado, y del masculino, el domingo, ya que si alguna cosa ha cambiado en este medio siglo, ha sido en el impacto del balonmano femenino en la ciudad.

Fundado en 1944, el Granollers rápidamente se convirtió en un referente de un deporte, el balonmano, que era muy diferente entonces. Durante décadas se jugaba con 11 jugadores, como el fútbol, en pistas no cubiertas. Por ejemplo, el rival en la final de 1976, el Dankersen, había sido tres veces campeón de Europa de balonmano al aire libre con 11 jugadores. No sería hasta los años 60 cuando se empezó a apostar por un balonmano con seis jugadores de campo y un portero, hasta que se impuso esta modalidad en los Juegos Olímpicos de 1972. El Granollers había sido de los pioneros en apostar por la nueva modalidad en España y en la década de los años 70, competía con el Club Balonmano Calpisa de Alicante y el Atlético de Madrid por dominar la liga, ganada trece veces por los granollerenses, por última vez en 1974. "Tenías tu trabajo, entonces, no podías ser profesional", admite Prat, el jugador con más títulos de la historia del club.

En 1975, el Calpisa hizo doblete: Liga y Copa, derrotando en la final de Martorell a los granollerenses. Fue el año que nacía la Recopa, torneo continental entre los campeones de Copa de cada Liga. Y como subcampeón, el Granollers, tenía derecho a participar en él. Si en 1959 el BM Granollers había sido el primer club español en jugar una competición continental, en 1976 debutaba en la Recopa con el nombre de Granollers-Camp, ya que recibía el patrocinio de esta marca de jabones. Y la ganaría con un equipo con muchos jugadores locales, pero también de otros de fuera como el valenciano Vicent Calabuig, el portero vasco Patxi Pagoaga, quien murió de cáncer en 1995, o los andaluces Joaquín Borrego y Eugenio Castellví.

Francesc Ventura, presidente del Granollers, y el entrenador Joaquín Crespo 'Quini' con la Recopa de 1976

La nueva competición se jugaba con eliminatoria de ida y vuelta. Y el Granollers fue avanzando al superar al Västra Frölunda de Göteborg en los octavos de final, al AHC'31 de Amsterdam en los cuartos de final y al Oppsal Handball de Oslo de Noruega en semifinales. Ganó todos los partidos, excepto un empate contra los noruegos. "La semifinal fue sonada, ya que nadie había ganado en la pista de los noruegos y nosotros lo hicimos", dice Prat. La final sería contra el potente Gruen-Weiss Dankersen, equipo que venía de un pueblo muy pequeño de apenas 6.000 habitantes, pero que tenía un montón de títulos, jugadores internacionales y era favorito. Y la final se empezó a ganar antes de salir a la pista, ya que el presidente Ventura consiguió que se jugase en Granollers, pagando una cifra económica en la final. "Jugar en casa ayudaba, el pabellón apretaba" mucho, dice el capitán de la época. El palco estaba lleno de autoridades, como Juan Antonio Samaranch, que ya hacía carrera para ser elegido presidente del Comité Olímpico. "Al ganar el título creo que pusimos el balonmano español en el mapa, hasta entonces no éramos favoritos", explica Prat, quien se retiró justo después de ganar la Recopa.

Del sufrimiento se pasó a la fiesta, que incluyó una recepción en Madrid con el rey Juan Carlos I, prueba de la importancia del hito conseguido por los granollerenses. Y esta recepción permitió al Granollers hacer trampa para quedarse la copa en propiedad. Oficialmente, debían devolverla a las autoridades, ya que solo se la quedaría el equipo que fuera capaz de ganar tres veces el torneo. Pero Miquel Prat tuvo una idea: se llevó el trofeo a casa a escondidas y cuando la Federación preguntó, el club dijo que "se había quedado en manos del rey por un error". "Fue una travesura", admite el capitán. Pero la copa les hacía tanta ilusión, que prefirieron mentir para poder conservar el trofeo.

Un éxito en la final cambió mucho las cosas. El balonmano español se fue profesionalizando y los jugadores dejaron el club camino de rivales como el Barça, el Atlètic de Madrid o el Calpisa. El Granollers tardaría mucho en ganar títulos, cosa que no haría hasta los años 90, en el nuevo pabellón olímpico, sede de los Juegos del 1992.

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