Ajos, brujas y la Moreneta: remedios para los males del Espanyol
El conjunto blanquiazul no gana un partido desde finales del 2025
BarcelonaEl Espanyol no conoce la victoria desde hace casi tres meses. Su último triunfo data del 22 de diciembre de 2025, al campo del Athletic Club, en el último partido del año pasado. Desde entonces, sólo ha sumado cuatro empates; es decir, 4 puntos de 33 posibles. Una racha calamitosa, el peor inicio de año de la historia de los pericos, que a priori no amenaza la permanencia de los blanquiazules –tienen 11 puntos de margen sobre el descenso a falta de diez jornadas–, pero que el equipo de Manolo González quiere romper este sábado en casa ante el Getafe (16. antes de que el calendario suba.
No es un escenario desconocido para el Espanyol, que a lo largo de su historia ha afrontado otras dinámicas negativas muy parecidas. Con Rubi, en la temporada 2018-19, calcó el 4 de 33 actual; en ese momento, la entidad mantuvo la confianza en el técnico del Maresme, que con fútbol y una remontada terapéutica contra el Rayo Vallecano va girar la situación como un calcetín, hasta el punto de acabar clasificando a los blanquiazules para Europa.
La fe de Mauricio Pochettino
Muy más dramática era la situación diez años antes. Desde el 9 de noviembre de 2008 hasta principios de marzo de 2009, el Espanyol sólo ganó un partido de 19, con un bagaje de 10 puntos de 57 acumulado entre Tintín Márquez, Mané y Mauricio Pochettino, que afrontaba su primera aventura al frente de un equipo profesional. Tras la derrota en el Sadar del 22 de marzo, el Espanyol era colista a 8 puntos de la permanencia. "Quedaban diez partidos y teníamos que ganar siete u ocho. Era prácticamente imposible salvarnos", expone al ARA Ferran Corominas, miembro de ese equipo.
Los blanquiazules necesitaban un milagro para salvarse, y el técnico argentino se encomendó a la Moreneta: acompañado por su inseparable ayudante Feliciano Di Blasi, dos días después de la derrota en Pamplona Pochettino subió a pie desde Monistrol hasta el monasterio hasta el monasterio el Espanyol. Pero no era suficiente con orar. "Como coincidía con un paro de selecciones, nos concentraron varios días en Navata", recuerda el delantero banyolí. El objetivo era aislar a la plantilla del exterior para trabajar aspectos tácticos y, sobre todo, mentales con Di Blasi, que ostentaba el cargo de coordinador técnico-científico. "Hacía algo de psicólogo, nos hacía una especie de terapias grupales para intentar que tuviéramos fe, que creyéramos en la permanencia", desvela Corominas, experto en milagros.
Funcionó. En la vuelta a la competición, el Espanyol ganó al Deportivo y encadenó siete victorias en nueve partidos que les permitieron salvarse goleando al Almería una jornada antes de la conclusión de la Liga. Pochettino, Luis García y De la Peña regresaron a la abadía de Montserrat para agradecer la ayuda divina. "La confianza es clave y, aunque no lo merezcas, las victorias refuerzan mucho. Si no ganas, a veces aflojas más el pie o no te atreves a probar según qué. En el fútbol y en general en todos los deportes hay mucho mental", concluye Corominas.
Ajos y 'meigas'
"¿Psicólogos? En nuestra época no había eso", comenta entre risas Manuel Zúñiga, jugador del Espanyol entre 1979 y 1988. A principios del curso 1984-85, con Xabier Azkargorta en el banquillo, convivió con una mala racha de seis días. En la época, se llegó a plantear si esa dinámica era culpa de un maleficio, e incluso algunos jugadores creían en brujas. Tal y como recordó hace unos días el programa Español reservado de 3Cat, a Job, uno de los compañeros de equipo de Zúñiga, se le ocurrió plantar ajos en las porterías de Sarrià para asustar la mala suerte. A partir de entonces, los blanquiazules empezaron a ganar.
"Quizá me equivoco, pero yo creo que los ajos los plantábamos la temporada 1986-87 para mantener una buena racha. En todo el curso sólo perdimos un partido en casa, contra el Madrid en el play-off, y terminamos terceros. La hicimos muy grande", discrepa Iñaki Pérez de Arrilucea, blanquiazul de 1984 a 1990. "Sea como sea, de meigas siempre ha habido. Y todavía hay, ¿eh? Pero vaya, no basta con plantar ajos. Una mala racha se rompe con trabajo y confianza. Yo creo más en eso que en las supersticiones", dice Zúñiga, convencido de la reacción de los hombres de Manolo González: "El Espanyol no debe volverse loco porque los jugadores son los mismos que dieron una primera vuelta de cine. Con calma, va a llegar la victoria".