RCD Espanyol

Boixos Chicos, bengalas y penas de cárcel: el derbi que lo cambió todo

Los aficionados del Barça no pueden ir al partido del sábado en el RCDE Stadium

02/01/2026

BarcelonaEl sábado 27 de septiembre de 2008 se disputó el último el Espanyol-Barça en Montjuïc, una noche negra que podría haber terminado con tragedia. Se le conoce como el derbi de las bengalas, las que lanzaron los Boixos Chicos desde el sector visitante del estadio, ubicado en lo alto de un gol, hacia la grada que tenían debajo, ocupada por aficionados locales, muchos de ellos con sus respectivas familias.

Aunque entonces ya no podían entrar en el Camp Nou, unos 300 radicales azulgranas acudieron al derbi. Bastaron con pagar los 60 euros que costaba la entrada a través de la web de los Boixos Nois y pasarla a recoger el día del partido por la tarde en el Bar Virginia de Travessera. Días antes, también a través de las redes, el grupo había anunciado que tenía previsto "despedir al Espanyol de la ciudad condal como merecía" –posteriormente, el club blanquiazul manifestó que el incidente de las bengalas había sido "premeditado y promovido por internet".

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Los controles de seguridad en la entrada del estadio fueron demasiado laxas y los Boixos, que ya habían encendido varias bengalas de camino a Montjuïc, introdujeron un buen puñado en la grada aunque estaban prohibidas. En el minuto 66, con 1-0 en el marcador, los radicales desataron el pánico con el lanzamiento de seis bengalas contra la afición local, lo que puso en peligro la vida de cientos de personas. El árbitro, Medina Cantalejo, detuvo el partido y, mientras las lágrimas y el miedo se apoderaban de buena parte de los presentes en el campo, un grupo de seguidores locales tumbó una de las vallas que les separaba del terreno de juego con el objetivo de hacer la justicia por su cuenta.

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Correderas por la pista de atletismo

"Querían entrar en el césped para ir a buscar a quienes habían tirado las bengalas. Yo que, como argentino, estaba algo más acostumbrado a este tipo de situaciones, hablé con algunos de los aficionados para tranquilizarlos", desvela Nico Pareja, que estaba disputando su primer derbi de Barcelona. También Manolo González, fisioterapeuta del Espanyol, intercedía para evitar males mayores al tiempo que Pep Guardiola, que aún no había levantado ningún título como entrenador azulgrana, daba indicaciones a sus jugadores y Dani Jarque, capitán blanquiazul, trataba de enterarse de si Medina Cantalejo Calzón, suspendería definitivamente el enfrentamiento.

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La tensión se trasladó al palco, con protagonismo para Joan Laporta, que se sentaba junto a Dani Sánchez Llibre, su homólogo perico y con quien no tenía muy buena relación a raíz del caso Saviola. El público local le recriminaba la actuación de los aficionados visitantes y el presidente azulgrana, visiblemente alterado, respondía. "¡Yo no les dejo entrar!", repitió una y otra vez, y recordó los insultos y amenazas de muerte que había recibido por echar a los radicales del Camp Nou, uno de sus grandes triunfos.

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Laporta también se encaró con Sebastián Javier, vicepresidente blanquiazul y hombre de paz, ubicado justo detrás de Sánchez Llibre. El propietario del Grup Tarradellas se dirigió al dirigente culé agarrándolo por el hombro y Laporta, encendido, se volvió para gritarle varias veces "No me toques!", una expresión que ha trascendido como una de las salidas de tono más recordadas del actual presidente del FC Barcelona.

La celebración de Gerard Piqué

Nueve minutos después, se reanudó un partido que el FC Barcelona remontó con un gol de Henry –se encendieron otras dos bengalas después del 1-1– y otro de Eto'o de penalti, cometido por Pareja sobre Messi, a falta de un año para que el argentino ganara su primer Balón de Oro. "No era falta... pero sin VAR era más difícil competir con los grandes", dijo el jugador perico. Inmediatamente después de que el astro argentino hiciera el 1-2, Medina Cantalejo pitó el final del partido y algunos futbolistas azulgranas, caso de Gerard Piqué, lo celebraron desde la distancia con los seguidores desplazados, los mismos que lanzaron las bengalas. El Espanyol condenó el comportamiento de Piqué y su guiño con los Boixos Nois, génesis de una rivalidad llevada al extremo entre la afición blanquiazul y el hoy ex jugador del Barça, en la que demasiadas veces se han traspasado líneas rojas.

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El derbi de las bengalas se saldó con cinco detenidos –tres de los cuales, condenados a tres años de cárcel–, tres heridos leves y cabeza grave, una multa de 3.000 euros para el Espanyol y la implementación de una norma, aún vigente, que ha cambiado la historia: desde el 20 años, ni siquiera puede llevarse simbología del equipo rival; se juegue en Cornellà-El Prat, Montjuïc o el Camp Nou. Esto significa que en el derbi del sábado está prohibido ir de azulgrana.