El cuento de hadas que emociona a todos en Roland Garros
La polaca Maja Chwalinska, que solo había ganado un partido en un Grand Slam en seis años, ha dado la sorpresa y luchará por el título
BarcelonaEl deporte consigue que a veces los cuentos de hadas parezcan reales. Todos aquellos pequeños que quieren ser como Serena Williams o Rafa Nadal sueñan que un día llegarán a una final del Grand Slam. Pocos lo consiguen. Pero, de vez en cuando, en el tenis la lógica parece romperse en mil pedazos y un invitado inesperado llega a la final. Es como si el sistema fallara y se abriera una puerta para un deportista modesto. Este año, una jugadora de segunda línea que hace años que compite sin hacer mucho ruido ha llegado a la gran final de Roland Garros. La polaca Maja Chwalinska llegó a París sin llamar la atención de nadie y se ha convertido como por arte de magia en la mujer del momento.
Nunca una jugadora obligada a jugar la fase previa se había plantado en la final en París. Ella lo ha conseguido. La vida de los jugadores que participan en la fase previa no es fácil. Mientras que los favoritos llegan una semana más tarde y descansan en los mejores hoteles de la ciudad, gente como Chwalinska llega con un vuelo de bajo coste, duerme en un apartamento como cualquier turista que quiere ver la Torre Eiffel y llega a Roland Garros sin que nadie la reconozca, con el reto de superar a otras jugadoras anónimas que ya hacen bastante superando la fase previa. La polaca, sin embargo, empezó a ganar y no ha parado hasta plantarse en la gran final. La jugadora número 114 del mundo luchará por ser campeona el sábado contra la rusa Mirra Andreeva. En las semifinales, superó en dos sets a otra rusa, Diana Shnaider, en dos sets (7-6 y 6-4). La edición de este año ha estado dominada por las jugadoras del este de Europa, ya que en los cuartos de final las clasificadas eran de Rusia, Ucrania, Polonia, Rumanía y Bielorrusia (la número 1 mundial, Aryna Sabalenka, eliminada por Shnaider).
Nacida hace 24 años en Dabrowa Górnicza, una población de Silesia, Chwalinska lleva años compitiendo en el circuito, mirando siempre de reojo los éxitos de su compatriota Iga Swiatek, una de las mejores jugadoras de la última década. Swiatek y Chwalinska fueron compañeras de entrenamiento de la selección polaca júnior y, de hecho, hacían pareja en torneos internacionales con 15 años, cuando juntas llegaron a ser campeonas de Europa. En 2017 fue finalista en el Open de Australia júnior, también haciendo pareja con Swiatek. Pero después cada una hizo su camino. Swiatek ganó cuatro veces en Roland Garros. Chwalinska, en cambio, solo había ganado un partido en torneos del Grand Slam en seis años. Solo uno desde que debutó en Australia en 2020. Ahora en Roland Garros ha ganado nueve consecutivos, y solo ha perdido un set. Se ha visto obligada a buscar un hotel para alargar su estancia, mientras sus amigos y familiares buscaban billetes para volar a tierras francesas. Cuando le preguntaron por la ropa deportiva con la que suele jugar, Chwalinska admitió: "No hay ningún secreto, no tengo ningún contrato de patrocinio". Es decir, compra la ropa que le gusta, mientras que sus rivales van vestidas todas de marca y tienen buenos contratos de publicidad. Ella, de momento, aún no.
Chwalinska ha sorprendido a todos, especialmente porque su estilo de juego no es el más común hoy en día, con un revés a dos manos de la vieja escuela. No es una jugadora moderna, pero esta temporada había decidido, con acierto, apostarlo todo a la temporada de tierra batida, y ha obtenido buenos resultados en torneos menores que le han permitido llegar muy enchufada a las instalaciones del oeste de París. Es una especie de redención, ya que Chwalinska no lo ha tenido nada fácil para llegar hasta aquí.
En 2021 anunció en las redes que dejaba el tenis durante unos meses. La quería tanto y había trabajado tan duro que el juego se estaba convirtiendo en una tortura. Ya en 2019 empezó a sufrir una depresión que la llevó a detenerse años más tarde. "Sufría mucho. Al principio tiré adelante, pensé que solo necesitaba ser fuerte y seguir entrenándome, pero llegó un momento en que ya ni siquiera podía salir de la cama. Honestamente, me sentía sin vida. Supongo que necesitaba parar, porque si no, ni siquiera podía vivir. Necesitaba este descanso y no sabía si volvería o no. Después de unos meses, decidí volver. Necesitaba ordenar algunas cosas dentro de la cabeza. Me alegro de haberlo hecho", explicó cuando volvió al circuito.
El tenis no recordaba una historia similar a la suya desde el Abierto de Estados Unidos de 2021, cuando la joven británica Emma Raducanu se proclamó campeona. Nunca una mujer que había empezado en la fase previa había sido campeona. Ahora la polaca intentará repetir la hazaña de Raducanu, teniendo presente que la británica, desde entonces, no ha pasado de la tercera ronda de ninguno de los cuatro torneos grandes. Por el momento, Chwalinska se ha asegurado pasar de ser la 114 del ranking mundial a entrar entre las 25 mejores jugadoras del momento. Por primera vez, es tan famosa como Swiatek, que se ha convertido en su gran admiradora, la aconseja y la ayuda con consejos, como hacían con 15 años cuando eran compañeras de selección. Si Chwalinska derrota a Andreeva, ambas podrán decir que han ganado en París. Y el cuento de hadas se haría realidad.