Moda

¿Quién ha convencido a Henar Álvarez de que la corbata no es masculina?

La presentadora del programa de TVE Al cielo con ella, Henar Álvarez, durante el monólogo de apertura donde se quejaba de que no pasa semana sin que algún espectador le pregunte por qué presenta el programa «vestida de hombre».
09/06/2026
Analista de Moda i Tendències
3 min

El martes 2 de junio la presentadora del programa de TVE Al cielo con ella, Henar Álvarez, protagonizó una escena insólita que muy pronto se hizo viral. Durante su habitual monólogo de apertura, se quejaba de que no pasa semana sin que algún espectador le pregunte por qué presenta el programa "vestida de hombre". La pregunta no es anecdótica.

Desde que se puso al frente del espacio, Álvarez ha convertido el traje sastre y la corbata en una de sus principales señas de identidad estética. "¿Perdón? ¿Por llevar traje y corbata? Cariño, ir de traje no me hace ir de hombre", respondía ante la cámara. Y después de lamentar que las mujeres continúen siendo juzgadas por su apariencia, añadía: "Yo creía que esto de que la moda tiene género era algo ya superado". Harta de los comentarios, anunciaba que, a partir de ese momento, presentaría el programa desnuda para que nadie se fijara en su ropa sino en lo que decía. Acto seguido, simulaba desnudarse completamente ante el público.

Henar Álvarez cuando se quitó la ropa ante el público del plató

Que quede claro de entrada que comparto, sin reservas, vuestra indignación ante la presión machista que la sociedad continúa ejerciendo sobre los cuerpos y la apariencia de las mujeres. Sin embargo, discrepo tanto de la estrategia empleada por Álvarez para combatirla como, sobre todo, del diagnóstico. Porque hay pocas cosas más frustrantes que ver una reivindicación legítima y compartida sostenerse sobre argumentos inconsistentes y recursos propios de la lógica del clic fácil. Pero vayamos por partes.

En este punto del partido, creo que podemos aceptar sin remordimientos que el género es uno de los grandes condicionantes de la ropa y que la masculinidad y la feminidad tradicionales encuentran en la indumentaria una herramienta privilegiada de reproducción. ¿Cómo puede ser que Henar Álvarez, especialmente bregada en la lucha feminista, no se haya preguntado nunca por qué, al entrar en cualquier gran superficie, la sección de hombre continúa separada de la de mujer? Tampoco cuesta mucho concluir que el traje sastre representa una determinada masculinidad conservadora que ha vestido al hombre y al poder durante más de dos siglos. Negarlo no hace desaparecer ni el machismo ni la desigualdad, simplemente pone de manifiesto una sorprendente ceguera ante la evidencia. Desde el feminismo no podemos participar de la inocencia de los niños que creen que, si se tapan los ojos, dejan de ser vistos.

Una de las fortalezas de cualquier lucha es ser plenamente consciente de los símbolos que han legitimado y estructurado la desigualdad para, a partir de ahí, apropiarse de ellos sin necesidad de pedir permiso y desactivarlos. En este sentido, el presentador Marc Giró se ha posicionado abiertamente sobre el uso que él mismo hace del traje sastre. Consciente del espacio de poder que ocupa esta vestimenta, la emplea como un caballo de Troya que le permite infiltrarse en ámbitos donde una identidad queer difícilmente sería escuchada. Álvarez, en cambio, justifica su elección afirmando: "Yo lo único que quiero es venir cómoda". Pero, si lo que se busca ciertamente es comodidad, cuesta pensar que la corbata y la americana sean una opción más eficiente que un chándal o un pijama.

Lo que es evidente es que la vestimenta y la apariencia física son armas de primer orden que sirven, con gran eficacia, tanto para consolidar estructuras de poder como para cuestionarlas. Las mujeres debemos rebelarnos para no ser reducidas a un cuerpo. Pero esto no implica enfadarse porque la apariencia transmita información, tal como hizo también Ada Colau cuando reprochó a una estudiante de periodismo que relacionase su evolución estilística con su trayectoria política. Si la estética fuera irrelevante, ni Colau como alcaldesa ni Henar Álvarez como presentadora contarían con estilistas.

En cualquier caso, dudo que la solución a la presión estética que padecemos las mujeres exija desnudarse ante las cámaras. Lo que se consigue es repercusión mediática y viralidad en las redes: una estrategia plenamente en sintonía con la cultura patriarcal que continúa utilizando los cuerpos femeninos como reclamo.

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