“De pequeña quería ser como Indiana Jones”, responde Cordón cuando le preguntas por qué le gusta la arqueología. Pero si una figura la ha emocionado, es Alejandro Magno. “Yo quiero recorrer su periplo, desde Macedonia hasta la cámara donde murió en Babilonia, que ya he visitado. He estado en Persépolis y he ido hasta el oasis de Siwa, donde el oráculo le habla y sale coronado como faraón. He atravesado los Dardanelos siguiendo su ruta, pasando por un lugar donde sabemos que él se emociona con la tumba de Aquiles. He seguido su ruta por el Líbano, por Tiro y Sidón”, explica, imaginando los lugares que aún le faltan por visitar siguiendo el rastro de Alejandro.
Irene Cordón: el eterno retorno a Egipto, el país donde puedes escuchar las piedras
Esta egiptóloga dejó una carrera de abogada para emocionarse investigando culturas del pasado como la egipcia
BarcelonaCuesta encontrar a alguien que transmita tanta pasión al hablar como Irene Cordón. Cuando explica todo lo que ha vivido en Egipto, el interlocutor necesita ir allí. “Cuando estoy en un lugar especial, lloro”, dice recordando un viaje a Etiopía para visitar las fuentes del Nilo. También ha llorado en cámaras funerarias egipcias y al visitar la sala donde murió Alejandro Magno en Babilonia. Llora cuando llega a lugares donde se ha escrito la historia. Ya hace años que su vida es esta, aunque durante un buen período de tiempo parecía que sería bien diferente.
“Vengo de una familia muy viajera. Cada verano hacíamos viajes. Recuerdo un viaje cuando era niña a Túnez que me marcó. Todo me parecía diferente y fascinante. Cuando tocaba hacer COU, pedí hacerlo en Estados Unidos para aprender inglés y acabé en California. Con 18 años no tenía suficiente personalidad para llevar la contraria a mis padres e hice derecho, ya que en casa es la tradición. Y ejercí de abogada hasta los 31 años”, explica. “Seguía haciendo viajes y leí muchos libros de historia. Siempre me ha interesado el pasado. Fui a muchos países a ver yacimientos. Con 25 años fui a Egipto sola. Y descubrí que me costaría mucho entender a los egipcios del pasado. A los griegos sí que los entendía porque ellos dan el salto del mito al logos. Ellos pasan a preguntarse las cosas. En el antiguo Egipto no pasa. Creo que nunca llegaremos a entender bien su mundo porque son sociedades de discurso mítico y nosotros somos sociedades de discurso lógico”, razona. Aquel sería el primer viaje de muchos: Egipto ya no saldría de su vida.
“Hice un posgrado y un máster de egiptología en la Autònoma. Y como quería más, pedí una beca a la Universidad Americana de El Cairo. En teoría no lo podía hacer porque era para menores de 30 años y yo tenía 31. Prometí que si entraba, colgaba la toga. Dicho y hecho. Fui a vivir allí un año y después me preparé el doctorado, donde uní mis dos carreras: lo hice sobre los derechos de las mujeres en el antiguo Egipto”, dice. “¿Sabes lo que es tener el testamento de una mujer del antiguo Egipto delante? Pocas mujeres tenían estos derechos, pero algunas podían dejar herencias. Y yo lo estaba estudiando”, añade con una risa.
Conocer a la gente para conocer un país
En sus viajes, Cordón conoció en Etiopía al fotógrafo sabadellense Toni Espadas, un hombre enamorado de África. Se casaron y llegaron a tener una casita en Uganda, en Victoria, viviendo juntos mil aventuras. Espadas fue asesinado en 2024 en el sur de Etiopía cuando ayudaba a un equipo de televisión chileno que fue tiroteado. “Mi escala de valores cambió. Ha costado mucho, pero intento ser positiva”, defiende.
Ahora escribe libros, es profesora para adultos y trabaja de guía organizando viajes para personas interesadas en conocer culturas del pasado. “Tengo mi equipo de confianza en Egipto, Líbano e Irak. Si eres mujer cuesta ganarse su confianza, pero lo he hecho. El desgaste psicológico ha sido grande”, defiende con orgullo una mujer que cuando pisa Egipto, solo trabaja con negocios locales. Nada de grandes cadenas internacionales. “Si tú quieres conocer un país tienes que hablar con la gente. Mucha gente se queja de que los egipcios son muy pesados intentando vender cosas, pero si vas con tiempo y pausa, puedes acabar hablando con ellos con calma. Y descubres un nuevo país. Hace poco fuimos a Alejandría. Leímos los poemas de Kavafis en su casa natal y nos emocionamos”, explica. “¡Alejandría era la hostia! En tiempos romanos era la capital cultural del imperio. La biblioteca llegó a tener 900.000 manuscritos”, añade mientras defiende la figura de Cleopatra. “Egipto es un viaje que emociona. Ver el Nilo, la luz, los yacimientos. La gente me pregunta cómo hicieron las pirámides. Pues ni idea. A mí lo que me fascina es preguntarme por qué las hicieron. ¿Por qué surgió la figura del primer faraón? Hay más egiptomanía que egiptología, que es lo que me gusta a mí”, razona.
Cordón ha viajado por medio mundo. Las cartas que enviaba a su madre cuando estuvo en Sudán acabaron convertidas en un precioso libro. En Irán seguía los pasos de su amado Alejandro Magno. Con su marido pudieron ver los gorilas de montaña en Uganda. Pero ningún lugar como Egipto. Y si ha de escoger uno, seguramente sería la tumba de la reina Meresankh III, cerca de Guiza. “Es muy difícil encontrar una tumba que pertenecía a una mujer, en una sociedad patriarcal. Ésta es especialmente bonita y me recuerda un momento muy bonito con Toni. Él no acababa de entender mi afición por los yacimientos. Disfrutaba más con la antropología, podríamos decir. Yo le decía que había que saber escuchar las piedras”, recuerda. Pero visitando aquella tumba tan bonita, su marido se emocionó. “Me dijo que empezaba a entenderme. Ahora, cuando vuelvo, recuerdo aquel momento. Aquella puesta de sol en la tumba los dos solos. Además, la tumba tiene una cámara inferior sin paredes decoradas donde estaba el sarcófago. Siempre bajo. Y un día se fue la luz. Me quedé a oscuras y encendí la linterna frontal. Como la pared tiene partículas de nácar, brillaron. Y me parecieron las lágrimas de Toni, que había muerto unos meses antes. Ahora siempre que vuelvo, bajo, apago la luz, enciendo la linterna frontal y veo sus lágrimas”, concluye. Y lo explica emocionada, pero con una dulce risa.