Descargas eléctricas para descubrir la sonrisa más verdadera
BarcelonaLa pausa de la Semana Santa ha multiplicado las fotografías en las redes sociales. Los días extra de descanso y las actividades de ocio que se derivan provocan una avalancha de postales de exhibición del bienestar para dejar constancia de su poder transformador. Como la sonrisa es una manera de demostrarlo, en las redes sociales han aparecido expertos que dan consejos para gestionar la expresión facial para garantizar su éxito. Se debe evitar la media sonrisa de compromiso o la mueca tensa con la finalidad de resultar convincente o conseguir cierta fotogenia. Gritar a Lluís alargando la “i”, cambiar al inglés para decir “cheese” o silabear “pa-ta-ta” ya no se estila.
Ahora, la nueva moda es explicar la teoría de la sonrisa de Duchenne casi como una solución infalible a la hora de comunicar una verdadera sensación de felicidad. La sonrisa de Duchenne es el resultado de la activación de dos músculos faciales que provocan, supuestamente, una risa sincera y sentida. El nombre proviene del neurólogo que investigó esta correlación entre las expresiones faciales y la asociación con las emociones que se derivan. En el siglo XIX, Guillaume Duchenne de Boulogne estaba empeñado en entender los mecanismos del rostro para expresar emociones. Aplicaba descargas eléctricas a los músculos faciales de sus pacientes para estimularlos de una manera muy concreta, comprobar qué muecas aparecían y qué emociones parecían corresponderles. El resultado quedó recogido en un libro terriblemente inquietante: Mecanismo de la physionomie humaine, donde combinaba la ciencia y la fotografía convirtiendo a los pobres voluntarios en unos títeres histriónicos. Uno de ellos sufría insensibilidad facial, de tal manera que se aseguraba de que no le infligía dolor durante el experimento. Más tarde, Charles Darwin utilizaría el estudio de Duchenne para consolidar la idea de que las expresiones faciales son universales y biológicas.
Con una de esas descargas, Duchenne identificó un tipo de sonrisa que activaba el músculo cigomático (el que nos hace levantar las comisuras de los labios) y el orbicular de los ojos (y que provoca las arrugas alrededor de la mirada). El resultado vendría a ser aquella sonrisa que nos estira el labio superior y nos eleva tanto los pómulos que se nos cierran los ojos. Pueden probar a ensayar la sonrisa de Duchenne delante del espejo. Forzad la sonrisa. Tensad las comisuras de los labios hasta que la carnadura de los pómulos os haga entrecerrar los ojos. Las pestañas os enturbiarán un poco la vista y notaréis cómo se os arrugan ligeramente las sienes. Relajad los hombros, porque si no, en vez de sonreír parecerá que estáis sufriendo o anticipandoos a alguna desgracia. Tampoco puede parecer que estáis haciendo fuerza.
Esta activación muscular, según Duchenne, provocaba una expresión que se asoció a una emoción más profunda y espontánea. Aunque el vínculo con las emociones se establecía a partir de una construcción estrictamente mecánica, con los años se ha interpretado como una sonrisa genuina y auténtica, relacionada con la capacidad de seducción y una alegría innata. Tan auténtica que ahora se ha convertido en una instrucción pautada, adiestrada y obligada para políticos y otras celebridades mediáticas que buscan desesperadamente una conexión especial con el público.