La aventura de mi vida

Joan Riera: buscar el paraíso perdido en las tribus aisladas de Sudán

Este antropólogo vallesano especializado en comunidades aisladas pudo hacer realidad su sueño de conocer los pueblos núba

03/08/2026 - 13:01 h.

BarcelonaJoan Riera no para quieto. El mundo es muy grande, tanto como su curiosidad. Cuando habla con el ARA, ya tiene preparado un viaje a Guinea Ecuatorial para seguir las huellas de la era colonial española e interactuar con la población local. Después marcha hacia la República Democrática del Congo. Este antropólogo vallesano se ha especializado en estudiar y visitar comunidades aisladas. “Mi padre tenía mucho interés por el arte africano y su influencia en el arte contemporáneo. Y eso nos hizo ir a Camerún cuando yo era pequeño. Establecimos una relación con aquellos países, hasta el punto de que mi padre acabaría comprando una casa y quedándose a vivir allí”, explica. Sería lógico pensar que fue durante aquellos periodos en África cuando decidió que sería antropólogo. Pero escuchándose a sí mismo, Joan ha descubierto que no es exactamente así. “Creo que mi amor por la antropología, por las otras personas y los mundos que se acaban creando nace gracias a mi abuela. Una hija de campesino que me crió de pequeño en una masía en Cerdanyola, en Collserola. Ella me contaba historias de una Cataluña rural que yo ya no conocí. Creo que aquellas noches en su cama escuchando lo que me decía, ya fueran cuentos o lecciones sobre cómo conocer la tierra, fueron clave”. Un cordón umbilical une una masía catalana con los rituales de poblaciones que viven muy aisladas en el sur de Sudán, uno de los viajes que más ganas tenía de hacer Joan. Y que finalmente ha podido hacer y le ha emocionado.

Juan estudió antropología. Hizo trabajo de campo, buscando su camino para vivir como le gusta. Ha publicado guías de viajes, ha sido profesor y finalmente, ha entrado en "el mundo de organizar viajes con una mirada etnográfica y de convivencia con pueblos. Y esto paralelamente a proyectos de recuperación cultural. Lo que da sentido a todo esto es intentar colaborar con comunidades que, por contactos con otras culturas, van perdiendo la suya. Y intentar documentar su mundo y si es posible, potenciar su recuperación", razona. Juan ahora vive cerca de San Sebastián con su pareja, vasca. Y explica divertido cómo en viajes a lugares remotos de China, cuando encuentra un viajero catalán siempre le hace ilusión hablar nuestra lengua. Puede parecer una anécdota, pero no lo es. “Hay que defender las lenguas autóctonas. Es como invertir el círculo, ya que muchas veces el turismo puede destruir culturas locales. Nosotros intentamos hacerlo al revés. Intentar aprovechar el turismo en positivo para la recuperación. Yo creo que el turismo no es negativo. Creo que el fenómeno que determina más los cambios culturales son las intervenciones económicas. La imposición de nuevas técnicas de agricultura, escolarización... los misioneros o funcionarios que entran en estas comunidades pueden hacer más daño que el turismo. El turismo llega, visita, fotografía y se va. Lo otro se queda, permanece y rompe con su manera de interpretar la realidad”, defiende. Especialmente, en África, los últimos años ha ido conociendo también pueblos amazónicos o tribus en Indonesia.

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Poder conocer los nuba

Cuando tenía 10 años, Joan hizo los primeros viajes a África con su padre. “Inicialmente me parecía hostil. El calor, los mosquitos... al principio no fue fácil”, admite. Era un niño rubio en un entorno nuevo. Pero se impuso la fascinación por las otras culturas. “Cuando tenía 13 años mi padre me regaló un libro sobre los nuba, gente que habita el Sudán del Sur. Aquellas imágenes me acompañaron para siempre. Son los pueblos que documentó la alemana Leni Riefenstahl, la conocida fotógrafa que había hecho documentales en tiempos de Hitler. Se hicieron famosas sus imágenes de grandes luchadores, fuertes, imponentes. Ver aquella población que iba desnuda con una arquitectura fantástica era increíble. Necesitaba ir allí”, admite.

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Y lo consiguió. La oportunidad para ir llegó gracias a una mujer australiana jubilada que vendió una granja para hacer los viajes que siempre había soñado hacer con 82 años. Joan sería su guía. “Hay que entrar por Sudán del Sur, estado que sale de décadas de guerra. Y cruzar la frontera con Sudán, donde desde 2024 tienen guerra civil. No sabíamos si se podría entrar, pero era posible. Los nuba viven en la provincia de Kordufán del Sur, cerca de la frontera. Es una zona de gran diversidad. En pocos kilómetros tienes muchos grupos étnicos diferentes. De hecho, los nuba como tal, no existen. Nuba significa negro en el dialecto árabe de la zona. El término define más de 50 grupos étnicos diferentes que viven en una región que debe ser como el Vallès Occidental y el Oriental. Algunos mantienen sus religiones precristianas o preislámicas, ya que se escondieron en aquellas montañas remotas hace siglos, quedando bastante aislados durante siglos”, explica con emoción. “Todavía queda parte de su arquitectura tradicional, con casas que tienen sexo, ya sean pechos femeninos o miembros masculinos. Por suerte, el ejército de Sudán hace años que no entra en la zona, lo que ha permitido que sea un lugar mágico. Es uno de los últimos lugares del mundo donde las cosas van a su ritmo por aislamiento, aunque lógicamente, ha cambiado mucho. Se lleva ropa occidental, han llegado refugiados de guerra de otras zonas y ellos tienen contacto con la diáspora nuba en Canadá o Australia”, añade. Pero allí, en Kordufán, hablando con la población local, Joan volvió a ser aquel niño que escuchaba las historias de su abuela. De hecho, ya piensa en cuándo podrá volver.

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'Greystoke', un film que marcó una generación

Cuando eres un niño, algunas películas te marcan. “Me marcó mucho Bailando con lobos. Pero antes ya me había pasado con Greystoke, la leyenda de Tarzán, un film de 1984 rodado en parte en Camerún, un lugar donde he pasado mucho tiempo en mi vida y clave en mi proyecto vital. Esta idea de alguien a quien sacan de la vida salvaje, la idea del paraíso perdido..., todo ello me emocionó. Me conectaba con mi paraíso de infancia perdido, que sería la masía en Collserola donde me crié con una abuela payesa escuchando sus historias de un mundo rural que ya no existe”, recuerda. “Si he buscado sociedades aisladas, en parte, es por todo esto”, concluye.