'Lili Marleen' y el culo del diablo
Norbert Schultze, el compositor de la banda sonora de la Segunda Guerra Mundial, vivió sus últimos años en Mallorca defendiéndose de su afiliación al nazismo
PalmaNorbert Schultze murió en 2002 a los noventa y un años en una discreta ciudad de Baviera. Siguiendo la moda de otros alemanes, él también había elegido Mallorca para pasar los últimos diez años de su vida. En Portals (Calvià) disfrutó de una holgada pensión gracias a los suculentos beneficios que le reportaron la veintena de canciones patrióticas que había compuesto para el nazismo, entre las cuales Lili Marleen, una de las melodías más escuchadas de la historia del siglo XX. En su retiro dorado balear coincidió con Arpad Bondy, músico y hombre de cine que en 1993 decidió hacerle un documental en forma de entrevista titulado Le besaste el culo al diablo. Todo ello sería documentado a fondo en 2008 por Rosa Sala Rose en el libro Lili Marleen: Canción de amor y muerte.
En ningún momento de la cinta Schultze dio muestras de remordimientos por su estrecha relación con los nazis. Aseguraba que él no sabía nada del genocidio y que se vio forzado a colaborar con el Tercer Reich. En un acto de sinceridad, sin embargo, admitía que si él se convirtió en el referente musical de Alemania fue gracias al exilio o exterminio de muchos músicos judíos, dotados de más talento. El título del documental proviene de una anécdota narrada por el mismo protagonista. Justo acabada la Segunda Guerra Mundial, al ver que su bando había perdido, Schultze intentó marcharse al extranjero. Entonces pidió acogida a un tío suyo que había abandonado Alemania antes de la contienda. El familiar lo despachó con una contundente frase: “Besisete el culo al diablo. Jamás podrás lavarte la boca”.
Después del estreno, al que asistió, el anciano compositor se desentendió del documental e interpuso sin éxito varias demandas judiciales para intentar impedir su exhibición pública. Fue así como el estigma del nazismo lo acompañó hasta la tumba. Sin duda, Schultze supo estar en el lugar y en el momento adecuados para convertirse en el músico del régimen nazi. Como recompensa, se salvó de ir a luchar. “Otros -reconoció- se dedicaban a disparar. Yo, en cambio, componía canciones. Componía todo lo que se me solicitaba, también algunas cosas terribles. Lo único que me importaba era no tener que ir al frente”. Lili Marleen, sin embargo, el talismán profesional de Schultze, nació mucho antes de la llegada de Hitler al poder. Después el mismo Führer no pudo resistirse a su magnetismo. “Esta canción -confesó a uno de sus generales- no solo entusiasmará al soldado alemán, sino que seguramente nos sobrevivirá a todos”.
Una canción inmortal Una noche lluviosa del año 1915, durante la Primera Guerra Mundial, el alemán Hans Leip se encontraba en un cuartel de Berlín a punto de marchar a primera línea de batalla. La nostalgia y el miedo le hicieron escribir un poema donde evocaba la despedida con su prometida. Más de veinte años después, en 1937, aquel soldado publicó su escrito en un poemario. Al leerlo, Schultze, entonces un compositor de carrera bastante discreta, se la hizo suya con una melodía que supuestamente cogió de un anuncio de pasta de dientes. Prescindía así de la tonada que ya le había puesto Rudolf Zink, un joven músico con un futuro prometedor.
Sin esperarlo, aquella canción se convertiría en la banda sonora de la Segunda Guerra Mundial. Curiosamente, tratándose de una declaración de amor a una mujer, siempre fue interpretada por voces femeninas y no masculinas. Su nacimiento como mito le llegó con el título Canción de un joven centinela por boca de una cantante de cabaret, la alemana Lale Andersen. A partir de 1941, el disco con su sensual y misteriosa voz sonaba cada noche para las tropas nazis desde Radio Belgrado, la emisora militar alemana. Su poder de seducción, sin embargo, hizo que traspasara trincheras. La leyenda dice que minutos antes de la emisión de la canción los dos bandos enfrentados hacían una pequeña tregua para poder escuchar aquella melodía que les ablandaba el corazón. No en vano, habla de un soldado que sabe que morirá en la guerra. En la desoladora estrofa final asegura que, cuando muera, el amor de su Lili será capaz de sacarle de la tumba y devolverle a sus brazos: “Si me pasa algo y nadie está contigo, al caer la niebla de la noche yo vendré, bajo el farol, para esperarte y poder estar a tu lado, como siempre, Lili Marleen”.
Estos versos finales tan derrotistas no agradaron nada al ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, que la intentó prohibir. Sin embargo, las continuas protestas de sus soldados se lo impidieron. Pronto la población civil también se apropió de aquella canción de amor y muerte. Nadie ya se acordaba de su título original. La cantaban como Lili Marleen, que era el nombre imaginario de su destinataria, resultado de combinar los nombres de Lili -una vendedora de verduras, amor platónico del joven soldado poeta- y Marlene -el apellido de una enfermera con quien tuvo una relación-. Durante un tiempo también se creyó que la verdadera inspiradora de la canción era la artista judía Lilly Freud-Marlé, sobrina del padre del psicoanálisis.
Mientras tanto, Schultze, el compositor de la popular melodía, disfrutaba de la tranquilidad que daba no tener que ir a disparar. Desde su casa no paraba de recibir cientos de cartas de mujeres que habían perdido a sus hijos en el frente. “Mi hijo -decía una de ellas- ha muerto, pero en la última carta que me envió mencionó nuestra canción, Lili Marleen. Todavía hoy cada vez que oigo Lili Marleen me acuerdo de esta última carta de mi hijo”. Aquella canción, sin embargo, también tuvo una cara oscura. Reinhard Heydrich, uno de los principales arquitectos del Holocausto, la hacía sonar en los crematorios de los campos de concentración. Asimismo, también fue la melodía que acompañó las violaciones a mujeres polacas que los nazis perpetraron en 1944 al sofocar una revuelta en Varsovia.
Marlene DietrichEl éxito inesperado de Lili Marleen entre las tropas aliadas también preocupó a los responsables de la BBC. Se compartía el mismo temor de Goebbels de que aquella letra tan sentimental podía debilitar el espíritu militar de los soldados. Pronto, sin embargo, los servicios propagandísticos británicos encontraron un ingenioso método para vender bien aquel producto del enemigo. A finales de 1942, cuando los aliados forzaron la retirada de los alemanes de África, la convirtieron oficialmente en botín de guerra. De esta manera dejaron de tener remordimientos al tararearla ya en su versión en inglés, Lili Marlene.
La desnazificación definitiva de la famosa tonada de Schultze vendría en 1943 de la mano de la diva de Hollywood del momento, Marlene Dietrich, alemana americanizada, considerada una traidora por sus compatriotas. En la áspera e irresistible voz de esta gran femme fatale, la corneta que acompañaba la versión inicial de Lili Marleen sería sustituida por un instrumento más melancólico, el acordeón. Así, la melodía de Schultze ya no sonaba a marcha militar ni a muerte. Más bien reforzaba la esperanza de un mundo mejor, simbolizado por el amor de Lili y el soldado. La irrupción de Dietrich en el escenario bélico cantando para los aliados tuvo un potencial propagandístico incalculable. Incluso en 1944 se animó a grabar en alemán la canción para calar más en los corazones de las tropas nazis.
La Lili BarbieAcabada la Segunda Guerra Mundial, Lili Marleen adoptaría forma de caricatura desde las páginas del diario sensacionalista alemán Bild, fundado en 1952. Aparecía dibujada como una joven rubia, coqueta y voluptuosa. Este ideal de belleza femenina respondía a los sueños eróticos de toda una generación de hombres que, después de haber sufrido y presenciado experiencias del todo inimaginables, intentaban volver a sonreír en la nueva Alemania consumista del Plan Marshall.
En 1955 la humilde viñeta del Bild daría lugar a uno de los fenómenos comerciales más curiosos del siglo XX. Se transformó en una muñeca sexy que debía servir de pequeño regalo de empresa a las celebridades entrevistadas por el tabloide alemán. En 1959 la compañía norteamericana Mattel comenzó a fabricar aquella “ambición rubia” de medidas imposibles como juguete para niñas. Entonces fue rebautizada como Barbie en honor a la hija del presidente de la compañía, Bárbara.
Sin duda, el oportunista Norbert Schultze supo sacar provecho de su beso en el culo del diablo. Poco se podía imaginar que su banal melodía acabaría inspirando a uno de los iconos del capitalismo. Ahora solo falta que aparezca una nueva versión de la Barbie cantando “la única contribución positiva de los nazis al mundo”, en palabras del norteamericano John Steinbeck, premio Nobel de literatura 1962.