¿Limpiarías la taza de café para conseguir trabajo?
Varias páginas web centradas en el ámbito empresarial se han hecho eco de una supuesta estrategia innovadora para contratar a trabajadores. Lo han bautizado como el coffee test y se pone en práctica en el proceso de la entrevista preliminar. Consiste en ofrecer un café –o una bebida similar– al candidato y, al terminar la conversación, comprobar qué hace esa persona con la taza. Si se olvida y la deja sucia sobre la mesa se supone que no es un buen fichaje porque delata la poca predisposición del empleado a trabajar. Denota despreocupación por el entorno laboral. Sin embargo, si se ofrece a lavar la taza se demuestra iniciativa y un buen encaje con la cultura de la empresa. Como viene siendo habitual, se ha tendido a exagerar el alcance del método porque la idea representa que hace fácil lo complejo. Se presenta como un truco muy simple que revela una supuesta lectura humana de un candidato. Detecta lo que no se puede comprobar en un currículum. Es obvio que la idea es cínica y absurda, pero también es cierto que en el mundo de la empresa y de los recursos humanos subsisten todo tipo de individuos que se han aficionado a hacer de la irrelevancia una genialidad, sobre todo si les permite acelerar su trabajo. Son ideas que sustituyen a criterios objetivos sin acierto asegurado por criterios morales difusos. Es el mundo de los directivos-chamanes, que camuflan la incompetencia y el error por la falacia del olfato y un sexto sentido. El jefe clarividente que acaba sabiendo más del candidato que el propio candidato.
El origen de esta técnica de contratación se encuentra en una entrevista que le hicieron en un podcast a un directivo de recursos humanos australiano, Trent Innes. Él no lo presentó como un método de contratación. Le preguntaron cómo lo hacía en las entrevistas de trabajo para intuir si los candidatos encajaban con la cultura de su empresa y puso el ejemplo del café como uno de los aspectos que podía reflejar el talante de la persona evaluada. En ningún caso lo vendió como una estrategia infalible ni prueba determinante en un proceso de contratación. La idea hace reír porque automáticamente te imaginas a uno de esos grandes impostores que, ante la pereza que les hace trabajar, son capaces de frotar una taza hasta borrar su esmalte. La timidez y la cautela en una entrevista de trabajo tampoco favorecen, a menudo, exhibir las virtudes higiénicas de entrada, preguntando en recepción dónde está el fregadero de la cocina y buscando el Mistol en el armario. Por otra parte, presumir de tu predisposición a arremangarte y coger el estropajo puede acabar dando una imagen de subordinación y docilidad que impida cualquier posibilidad de promoción futura. Si te dan el trabajo, corres el riesgo de terminar frotando las tazas de la oficina entera.
En una entrevista de trabajo, la mejor manera de sabotear la estrategia es demostrar el conocimiento de esta práctica. Cuando te pregunten si quieres un café, sólo tienes que decir: "Depende. Si es para hacerme el coffee test, sólo tienes que decirme qué quieres que haga después con la taza: ¿la lavo o tienes suficiente que la lleve a la cocina?" Demuestra conocimiento del ámbito laboral, capacidad de adaptación a situaciones insólitas, habilidades comunicativas y buena predisposición a colaborar. Esto, siempre que la oferta laboral interese. tenéis es una mierda! Espero que el trabajo sea mejor..."