Todo lo que todavía no sabemos del 23-F

¿Cuál fue el papel de Juan Carlos I? ¿Quién sabía que se preparaba el golpe de Estado? ¿Quién lo financió?

Joan Carles I en una imagen de archivo.
Act. hace 27 min
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BarcelonaEl 23 de febrero de 1981, el general Alfonso Armada entró en el Congreso con la idea de un "gobierno de salvación nacional" y salió detenido, tras fracasar el golpe de Estado, debido, entre otras cosas, a las disputas entre los golpistas. Según lo que se ha publicado desde entonces, aquel ejecutivo habría contado con el propio Armada como presidente del gobierno, junto a los socialistas Felipe González (vicepresidente económico), Gregorio Peces-Barba (Justicia), Javier Solana (Transportes) y Enrique Múgica (Sanidad); los diputados comunistas Jordi Solé Tura (Trabajo) y Ramón Tamames (Economía); los diputados de UCD Pío Cabanillas (Hacienda), José Luis Álvarez (Obras Públicas), Miguel Herrero Rodríguez de Miñón (Educación y Ciencia) y Agustín Rodríguez (Industria); los representantes de Alianza Popular Manuel Fraga (Defensa) y Manuel Saavedra (Interior); otros militares como José Antonio Sáenz de Santamaría (Autonomía y Regiones) y representantes de la sociedad civil, como el exministro franquista José María López de Letona (vicepresidente económico), Carlos Ferrer Salat (Comercio), Antonio Garrigues Walker (Cultura) y Luis María Anson (Información).

Esta era la lista –que Armada negó cuando fue juzgado– que anotó en su diario mientras discutía con un Antonio Tejero enfurecido, que estaba molesto porque se había unido al golpe para restaurar una dictadura militar y no para cambiar los nombres de los ministros. El teniente coronel de la Guardia Civil tenía retenidos al gobierno español, a los diputados y al personal de la cámara baja desde hacía más de cinco horas. Entre ellos se encontraba Carmen Echave, doctora del Congreso, que los oyó hablar y fue una de las primeras en tener claro que Armada no había ido precisamente a razonar con Tejero. ¿Cuántas de aquellas personas cuyos nombres figuraban en el diario del general sabían lo que se estaba gestando? Esta es una de las preguntas sin respuesta de aquel intento de golpe que conmocionó a la joven democracia española hace 45 años. Pero hay muchas más.

La implicación de Juan Carlos I

Este miércoles, el gobierno español desclasificará los documentos que han permanecido en secreto todos estos años, y todos mirarán, sobre todo, qué dicen sobre el papel de Juan Carlos I. Armada, que había sido muy cercano al entonces rey durante sus años de secretario general de la Casa Real, no consiguió hablar con el monarca aquel 23 de febrero porque Sabino Fernández Campo, su sucesor, se lo impidió. El general pretendía que Juan Carlos bendijera aquella operación que habría puesto fin al gobierno de UCD de un plumazo y habría instalado a un militar al frente del ejecutivo español.

Sus dos principales socios, el teniente coronel Tejero y el teniente general Jaime Milans del Bosch, estaban convencidos de que el rey apoyaba el golpe de Estado porque el propio Armada se lo había dicho. "Por supuesto que estaba a favor de ocupar el Congreso, porque pensaba que el rey lo apoyaba", respondió Milans durante el juicio militar celebrado unos meses después en el Servicio Geográfico del Ejército en Madrid. Como jefe de la región militar de Valencia, sacó los tanques a la calle y acabó retirándolos cuando Juan Carlos le ordenó por teléfono. "Pensé que se había echado atrás", anotó. Milans se negó a explicar quién más estaba implicado en el intento de golpe.

Durante el juicio, Armada esquivó la pregunta cuando se le preguntó por la implicación del rey. De hecho, incluso negó conocer los detalles de lo que, según él, Tejero y Milans habían organizado. Su estrategia, que provocó que Tejero y Milans le confrontaran llamándole "traidor", funcionó inicialmente, ya que evitó una condena por rebelión. Sin embargo, un año después, el Tribunal Supremo equiparó su sentencia a la de sus socios –que acabarían recibiendo 26 años de prisión, de los que Tejero cumplió más, un total de 15 años–.

Armada murió en 2013, sin haber oído jamás las grabaciones de audio de Juan Carlos I que Ok Diario publicó el año pasado: "Palabra de honor, me río, cariño, de Alfonso Armada. Este pasó siete años en la cárcel, se fue a su pazo de Galicia, y el tío no dijo ni una palabra. ¡Nunca! En cambio, este otro está parloteando...", le decía a su amante Bárbara Rey, comparando el silencio de Armada con la supuesta incontinencia verbal de su sucesor como secretario de la Casa Real, Fernández Campo. En las memorias del rey emérito publicadas recientemente, sin embargo, la versión es distinta: Juan Carlos consideró que Armada le había traicionado al dar un golpe de Estado a sus espaldas.

El encuentro de Armada con socialistas en Lleida

En aquel juicio, fueron llamados a declarar varios cargos socialistas: el entonces alcalde de Lleida, Antoni Ciurana, o el líder del PSOE Enrique Múgica, entre otros. Fueron citados para que explicaran el contenido de la reunión que el general Armada, entonces gobernador militar de la región de Lleida, mantuvo con ellos en noviembre de 1980. Múgica, que acabó siendo uno de los nombres que Armada anotó en su libreta de futuros ministros durante el 23-F, reconoció que el general les había pedido que se implicaran para ayudar a mejorar el clima político, y sugirió un posible gobierno entre el PSOE y la UCD presidido por un independiente. "En ningún momento se propuso como presidente de ese gobierno, ni la posibilidad de formar aquel gabinete al margen de los procedimientos constitucionales entró en su plan", explicó Múgica, que redactó un informe sobre aquella reunión para enviarlo al partido. Durante muchos años, aquel informe sirvió a la derecha para intentar vincular a Felipe González, el entonces secretario general del PSOE, con los preparativos del golpe de Estado.

En una entrevista hace unos años en La Vanguardia, Ciurana relató cómo fue aquella reunión. "Joan Reventós –el entonces primer secretario del PSC– me llamó y me dijo que Múgica vendría a Lleida al día siguiente y que le gustaría conocer al gobernador militar. Evidentemente, lo conocía, era el alcalde, y Armada era un tipo muy sociable. Reventós sugirió que fuéramos a algún lugar discreto, y yo me atreví a decir que en Lleida el lugar más discreto era mi casa". Ciurana recogió personalmente a Armada para llevarlo a comer, y la esposa del alcalde también comió con ellos. Ciurana salió de aquella reunión convencido de que Armada era "un caballero muy agradable", pero echando la vista atrás, explicó en la entrevista, sí que notó que "estaba sondeando qué pensábamos". "Pero en ningún caso nos transmitió que nos buscara como cómplices. niego rotundamente que tuviéramos ninguna sensación de hacer nada inconstitucional ni conspiratorio". De hecho, Ciurana señaló que Armada también había comido con Jordi Pujol y Josep Tarradellas.

La premonición de Tarradellas

Además de encontrarse con Armada en alguna ocasión, Jordi Pujol también se reunió con Enrique Múgica en agosto de 1980. El expresidente de la Generalitat lo recordó en el segundo volumen de sus memorias, rememorando cómo el entonces líder socialista le había sugerido la posibilidad de forzar la dimisión de Adolfo Suárez (UCD), y poner al frente del gobierno español a un militar "con mentalidad democrática". Una revelación que no gustó nada a Múgica y que describió como una "idea".

Pero más allá de la intuición que Pujol pudiera tener tras aquella reunión, lo que tuvo el presidente Josep Tarradellas se podría calificar, como mínimo, de premonición. En julio de 1980, cuando ya había cedido la presidencia de la Generalitat a Pujol, Tarradellas habló de la necesidad de un "bisturí" para la democracia española, y en noviembre insistió en el necesario "cambio de rumbo". Descartó por completo un golpe de Estado, aunque nunca se tuvo certeza de si sabía algo al respecto. Se reunió con Armada el 10 de febrero de 1981, cuando el militar se despidió al marcharse de Cataluña para regresar a Madrid como subdirector general del Estado Mayor del Ejército.

¿Quién pagó el intento de golpe? ¿Cuál fue la posición de los gobiernos y organizaciones europeas e internacionales? ¿Cuántas llamadas recibió la Zarzuela aquel día? ¿Qué postura mantuvieron en privado el resto de los generales del ejército? ¿Qué papel jugaron los servicios secretos del Estado? Preguntas que este miércoles sabremos si tienen respuesta.

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