La misteriosa bolsa de basura de la alfombra roja
En los últimos días ha corrido como la pólvora por las redes sociales y varios medios de tendencias la imagen de la actriz china Zhang Jingyi en la alfombra roja del Beijing International Film Festival. La actriz pone en el photocall vestida con un elegante vestido negro. Hasta aquí nada fuera del guión habitual. El motivo de la viralidad es otro: en la mano lleva una simple bolsa de plástico amarilla, del tipo que se utilizan para ir de compras al supermercado o para tirar la basura a casa.
Como era previsible, los comentarios -entre la sorna juguetona y la crítica despiadada- no se han hecho esperar. Es un patrón conocido: cada vez que la moda ofrece una de estas imágenes aparentemente extravagantes, muchos observadores ven la prueba perfecta para desacreditar a todo un sector con los calificativos habituales: frívolo, superficial y desconectado de la realidad del mundo. Las comparaciones con Balenciaga no han tardado en aparecer. En el 2022 esta firma lanzó la Trash Pouch, una bolsa de piel negra que recreaba casi literalmente las bolsas de basura doméstica y que se vendía por unos 1.400 euros.
De entrada conviene recordar que nadie está obligado a adquirir este tipo de productos, lo que debería servir para rebajar una parte de la indignación que a menudo despiertan. Pero la virulencia de algunas reacciones resulta reveladora: muchos ven inmediatamente una frivolización de la pobreza, sin dejar demasiado espacio a considerar que quizás hay también —como ocurre a menudo en el arte contemporáneo— una voluntad de provocación crítica o de reflexión conceptual. Unas piezas especialmente útiles para que los medios puedan decir al público general: "Mirad lo ridícula que es la moda".
Pero volviendo al caso de la bolsa de plástico de la actriz china, después de que el mundo de la moda haya servido una vez más como burro de los golpes, resulta que no estamos ante ningún complemento de moda. Zhang Jingyi optó por llevar una bolsa de plástico real porque es un elemento esencial del film The One, que presentaba en el festival, y que aparece como objeto narrativo. Pero todavía hay otro detalle: pese a la repercusión que ha tenido estos días, la imagen no es reciente, sino que corresponde a la primavera del 2025.
Todo ello evidencia la naturaleza de una parte considerable de las noticias que acaban secuestrando la atención mediática. En un contexto de saturación informativa, triunfan aquellas historias que ofrecen una imagen inmediatamente reconocible y fácil de comentar. Es lo que a menudo se ha descrito como economía de la atención: una dinámica en la que las noticias que circulan con mayor fuerza no son necesariamente las más relevantes, sino las que presentan un contraste visual más evidente y una espectacularidad instantánea.
Este fenómeno no es exclusivo del mundo de la moda, sino también en los medios de comunicación en general. Sin embargo, existen campos —como la política o la economía— que cuentan con periodistas especializados más capaces de distinguir el grano de la paja, mientras que otros siguen siendo tratados con cierta displicencia, como si cualquier redactor pudiera intervenir sin una formación específica. Es el caso de la moda, a pesar de ser uno de los sectores económicos y culturales más influyentes del planeta, pero también del arte contemporáneo, que vive una situación similar.
Un buen ejemplo es la feria Arco —celebrada en Madrid del 4 al 8 de marzo—, donde cada año muchos medios generalistas se apresuran a localizar la obra más extravagante que permitirá construir una crónica vistosa. Siempre resulta más fácil caer en el tópico del "¿esto realmente es arte?" que explicar en qué consiste verdaderamente la feria: un ecosistema cultural complejo, pero también un mercado internacional en el que artistas, galeristas, coleccionistas e instituciones negocian valor simbólico y económico. La ventaja del arte respecto a la moda es que mientras que el primero dispone de una infraestructura cultural paralela que le legitima, el segundo sigue sufriendo una cierta desprotección que hace que su prestigio pueda quedar en entredicho por una simple bolsa de basura.