Por qué es noticia que una reina repita vestido?

A principios de agosto, durante la estancia de la familia real en Mallorca, la princesa Sofía causó una cierta sorpresa entre los medios de comunicación por un gesto aparentemente insólito en el protocolo de las casas reales. ¿El motivo? Llevaba un vestido de la marca Desigual que ya había estrenado la reina Letizia en 2023 y que había recuperado la princesa Leonor en 2025, durante las respectivas recepciones de Marivent. De hecho, la reina Letizia ha repetido vestido en más de una ocasión, y cada vez el hecho se ha convertido en noticia. Pero ¿qué dice de nosotros, como sociedad, que nos parezca tan excepcional que una reina repita vestido?La reutilización de la indumentaria ha sido una práctica inherente a la moda a lo largo de la historia preindustrial, cuando la ropa era escasa, costosa y obligaba a menudo a pasarla de padres a hijos. Era una práctica que afectaba a todos los estratos sociales, incluidas las cortes europeas. Las familias reales disponían de sistemas de registro para documentar las prendas existentes, donde se especificaban sus características, medidas y elementos decorativos, así como las reparaciones y modificaciones que habían sufrido, con el objetivo de facilitar su reutilización dentro de la misma familia. Todo indica que la indumentaria era concebida menos como una propiedad estrictamente individual que como un patrimonio dinástico susceptible de circular entre diferentes miembros del linaje. Y cuando los vestidos dejaban de utilizarse, podían convertirse en obsequios diplomáticos o pasar a los miembros del servicio para asegurar alianzas y fidelidades. Igualmente, los tejidos se desmontaban y se reutilizaban en prendas nuevas, ornamentos, mobiliario u objetos litúrgicos, y solo cuando habían agotado cualquier posibilidad de uso eran destinados a la fabricación de papel. El guardarropa se entendía, así, como una auténtica reserva de recursos materiales y estrategias políticas. Por lo tanto, ¿qué ha cambiado entre las antiguas cortes europeas y la actual familia real para que un hecho del todo normalizado en el pasado haya devenido una excepción hoy?

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La novedad y la cantidad

La reina Letizia no ha descubierto la reutilización; lo que ha cambiado es el valor que otorgamos a la indumentaria y el significado de esta práctica. El vestido de Desigual tenía un precio relativamente asequible, unos 150 euros, lejos de ser una pieza de alta costura o una joya patrimonial. Si antes de que se generalizara la producción industrial buena parte del valor de la indumentaria residía en la calidad de los materiales, la complejidad de la confección, el tiempo de trabajo o su durabilidad, hoy ideas como la novedad y la cantidad, que colisionan directamente con la repetición, se han convertido en pilares del valor económico de la moda y, en consecuencia, en símbolos de ostentación. De ahí que, en nuestro día a día, no repitamos habitualmente la ropa tres días seguidos aunque siga estando limpia, sino que dejemos pasar un tiempo para que nuestros compañeros de trabajo o amigos hayan tenido tiempo de olvidarse de ella y podamos volver a jugar las cartas de la novedad y la variedad.En el caso de Letizia, creer que la repetición de ropa responde a una preocupación real en materia de sostenibilidad resultaría una lectura demasiado ingenua. La reutilización, emparentada con la moda circular y el consumo responsable, reviste a la monarquía española de una cierta aura de modernidad, del todo necesaria para contrarrestar el exceso de naftalina que caracteriza a la institución.

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Además, repetir una prenda que proviene del fast fashion transmite una pretendida austeridad y cotidianidad que muchos leen como un acortamiento de distancias con el resto de la ciudadanía. Una estrategia de marketing que se complementa con el hecho de que, más que compartir ropa, están compartiendo una misma identidad visual: una manera de disipar cualquier idea de distanciamiento o desunión y, muy al contrario, reforzar la idea de unidad familiar, continuidad de linaje y perpetuación institucional. En definitiva, hemos conseguido convertir en gesto de modernidad y excepcionalidad aquello que antes era simplemente sentido común, al tiempo que valores como la sostenibilidad y la austeridad han acabado convertidos en simples y torpes estrategias de propaganda.