La aventura de mi vida

Sara Campanales: dejar la ciudad para ir a vivir a la selva

Después de vivir en grandes ciudades, esta bióloga dio un salto adelante marchándose a vivir a la selva ecuatoriana

Sara Campanales, científica que vive en Ecuador.
24/08/2026 - 13:02 h.
4 min

BarcelonaCuando vuelve a Sitges, su villa natal, Sara Campanales echa de menos muchas cosas. “Han desaparecido comercios de toda la vida, tenemos menos vecinos que antes”, explica tomando un café en Barcelona. “Echo de menos el sentido de comunidad, lo hemos perdido”, añade. Allí donde vive ahora, sí que ha encontrado esa comunidad. “Vivo muy lejos. En un pueblecito que se llama Cristóbal Colón en el departamento de Esmeraldas, en Ecuador”, explica. Hace casi 10 años, el destino la llevó a esta región selvática de la costa ecuatoriana. Llegó sin haberlo planeado mucho, ahora vive allí y es madrina de una niña.

Vista de Esmeraldas, provincia costera de Ecuador.
Un chimpancé en la Amazonia.

Sara estudió biología en Brighton, en la costa sur inglesa. “Me gustaba mucho el arte, ya que es el mundo al que se dedica mi madre. Pero también la biología. De hecho, empecé los estudios de arte, pero me di cuenta de que quizás era mejor estudiar biología, ya que el arte siempre lo puedes hacer un poco más a tu manera. La biología es apasionante. Puedes estudiar células y las enfermedades. Pero también la cuestión de la conservación ambiental. En biología te separan diciendo que o eres de bata o de bota. Es decir, de laboratorio o de trabajo de campo. A mí me gustaba un poco todo. Así que al acabar la carrera no tenía claro qué hacer. Descubrí que existía un máster de estudios de primates, un mundo que me interesaba. Y me incliné hacia la conservación in situ. Es decir, aplicar políticas y trabajar con las comunidades para conservar especies y sus hábitats. Fue así como llegué a Ecuador, para hacer la tesis sobre un mono araña endémico de la región del Chocó, una zona tropical de la costa pacífica que va de Panamá hasta Ecuador, pasando por Colombia. Una zona de gran diversidad ambiental”, explica. Tras una primera etapa en la Amazonia ecuatoriana, llegó al departamento de Esmeraldas, en el norte de Ecuador, después de ponerse en contacto con una fundación local. Pero sufrió un susto: “Tuve que cambiar sobre la marcha la tesis, ya que tenía una idea en la que había que caminar mucho. Pero cuando estaba en Quito, la capital, sufrí una lesión, un fuerte esguince. Quito está a casi tres mil metros y el mal de altura me mareó y me caí. Yo no llevo bien el frío y la altura”, dice bromeando. “Soy de climas tropicales, me gusta la selva, de pequeña soñaba en ir allí”, dice. Ahora vive allí. “Con aquella lesión no podía hacer la tesis como hubiera querido. Así que cambié la idea: mi tesis fue identificar dónde estaban las fincas de la gente y ver cómo podía afectar un corredor biológico”, dice.

Una forma diferente de vivir

Cambiar el trabajo le permitió conocer las comunidades de esta zona donde vive. “Una región muy rica culturalmente. En la costa hay una comunidad afroecuatoriana. Allí tenemos el pueblo chachi, el pueblo indígena de la zona que vive un poco más aislado. Y comunidades provenientes de todos los lugares de Ecuador, gente que buscaba tierras para tener plantaciones, para trabajar, y las encontró aquí”, dice Sara, que empezó a visitar estas comunidades para saber cómo trabajan, para entender un territorio rico y complejo, para ver cómo se podrían crear corredores ambientales para garantizar la supervivencia de la fauna local. “En función del precio de los productos, la gente cambia lo que cultiva. Antes tenían café y palma. Ahora todos han plantado cacao porque les da más beneficios. También tienen ganado, árboles frutales... y mucho bosque. Iba a ver a los terratenientes y me decían qué animales habían visto, cómo veían las cosas”, apunta.

La zona de Ecuador donde vive Sara Campanales
Un paisaje de Ecuador

La fundación con la que colaboraba le dio cobijo con una familia local. “Gente que me ha acogido. Con una hija que ahora es mi ahijada y un niño al que he visto crecer. Es gente trabajadora con ese sentido comunitario de dar de comer a quien llega, de abrir las puertas... Una forma de vivir bien diferente donde me he sentido acogida”, dice. Aquella experiencia la marcó. Y el deseo de volver a la selva seguía en su interior cuando le tocó volver a Europa para buscar trabajo una vez terminó su labor. Era un cambio de realidad muy brusco, ya que encontró trabajo en una empresa que trabajaba en cuestiones de sostenibilidad. Primero vivió en Londres, después en París y, finalmente, en Barcelona. Le tocaría visitar la sede de grandes empresas para hablar de conservación y ecologismo, una “especie de selva urbana diferente”, dice bromeando.

Pero el deseo de volver a la selva seguía muy vivo. El deseo de poder vivir yendo más a su aire. Finalmente, decidió cambiar de vida tomándose un año sabático en el que fue, por supuesto, a Latinoamérica. Y en aquel viaje consiguió, gracias a un contacto, empezar a trabajar en una empresa que organiza viajes turísticos por Latinoamérica. Un negocio con sede en Perú. “Ahora organizo viajes responsables, trabajando con comunidades locales. Esto me ha permitido poder volver a vivir en Ecuador después de una época viviendo en Cusco, un lugar demasiado frío y alto para mí”. Sara ha podido vivir como quiere y donde quiere, aunque no todo es fácil. “Podemos ayudar a consolidar el turismo en un país precioso que lo tiene todo. Yo diría a la gente que intente no caer en los prejuicios. Claro que hay lugares peligrosos en Latinoamérica, pero si vas con gente local, todo irá bien”, concluye.

De Isabel Allende a Jane Goodall

A diferencia de otros viajeros, Sara no recuerda ninguna figura que fuera su referencia cuando era pequeña. No quería ser como alguien y seguir sus pasos, como les pasa a muchas personas. “Sí que tenía claro que quería ir a la selva. De joven leí un libro de Isabel Allende que está ambientado en la Amazonia y recuerdo ir pensando que tenía que ir como fuera”. Como decidió estudiar los primates, una figura que sí recuerda con aprecio es la británica Jane Goodall, considerada la principal experta en chimpancés después de más de sesenta años estudiándolos.

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