Josep, no exagero
Hace no muchos años, durante mi intervención en el encuentro navideño de la Fundación La Caixa, dediqué unas palabras a Josep Vilarasau. Nunca dejo pasar ninguna oportunidad de ponderar su figura, y aquel día, ante toda la plantilla, expresé lo afortunado que me sentía por haber podido trabajar a su lado, además de destacar su inmensa contribución al éxito de La Caixa. Pedí un aplauso en su honor, y todos los empleados respondieron con una ovación larga y muy sentida. Vilarasau, que estaba en primera fila, cogió el micrófono y dijo: “Exagera, pero me gusta”.
Conocí a Josep Vilarasau hace más de 40 años. Este que acabo de describir es solo un episodio anecdótico de cuatro décadas de momentos compartidos. Pero permite entrever algunos de los rasgos definitorios de su carácter: la inteligencia, la sagacidad, la elocuencia, una sorna exquisita. Y, sobre todo, es una buena muestra de su estrecho vínculo y de su profundo compromiso con la Fundación Bancaria La Caixa, de la cual ha sido presidente de honor hasta el último momento.
Aquella ovación de los empleados fue un homenaje espontáneo más que merecido. Porque no, no exageraba, Josep. No exagero en absoluto si digo que nos ha dejado uno de los mejores banqueros del siglo XX. Un banquero que, trascendiendo con creces el ámbito financiero, reforzó la base del gran grupo que hoy compone La Caixa.
Resulta difícil concentrar en estas líneas todos los hitos de su trayectoria. Ingeniero de formación, llegó a La Caixa en 1976, ya con un bagaje sólido como alto funcionario del estado, en las direcciones generales del Tesoro y de Política Financiera, y también en puestos de mando en Telefónica y Campsa.
A partir de su pasión por las matemáticas (alababa la belleza y la armonía de las progresiones aritméticas) y con la precisión de un director de orquesta —como buen melómano que era—, Josep abordaba los procesos de innovación y cambio desde las formas más sublimes de excelencia, precisión y eficacia. Me refiero a procesos altamente complejos que permitieron construir y expandir La Caixa.
Como líder, era amante de los matices y siempre quería ir un paso más allá. Superar los límites. Por eso planteaba constantemente desafíos constructivos a su equipo. Ante situaciones y retos complejos, tenía un planteamiento recurrente: ¿por qué dice usted que esto no es posible? Desde este espíritu inconformista y desde su férrea independencia alcanzó cotas de valor incalculable. A mí me fichó durante un vuelo del Puente Aéreo, en 1981, y en aquella conversación ya se reflejaron nuestros puntos en común sobre la naturaleza y las oportunidades de desarrollo del negocio financiero.
Globalmente, durante sus casi tres décadas al frente de La Caixa sentó las bases para convertirla en un gigante financiero. Apostó por la tecnología informática para modernizar los procesos y fue el creador de su holding de participadas. En lugar de internacionalizar el negocio bancario, como hicieron otras entidades, Vilarasau optó por construir un grupo industrial en colaboración con directivos de primer orden.
Se trataba de un grupo de participaciones mayoritarias en compañías de servicios, estratégicas para la economía, con presencia internacional y que abarcaban diferentes sectores (telecomunicaciones, energía, infraestructuras, banca, agua).
De entre todos estos éxitos, querría destacar dos puntos de inflexión. En primer lugar, el que supuso una de las grandes operaciones de Vilarasau: la fusión, en 1990, de la Caixa de Pensions per a la Vellesa i d'Estalvis con la Caixa d'Estalvis i Mont de Pietat de Barcelona. En segundo lugar, y más en el terreno simbólico, fue Josep quien convenció a Joan Miró para que dibujase la estrella del logotipo de La Caixa, convertida en un tapiz que continúa presidiendo la entrada de los servicios centrales de la entidad en Barcelona.
A Josep le debemos, entre otros, tres grandes proyectos que continúan plenamente vigentes. Es el caso de las prestigiosas becas a la excelencia, gracias a las cuales más de 6.700 estudiantes e investigadores han tenido la oportunidad de formarse en las mejores universidades y centros de investigación del mundo. Vilarasau también apoyó, en 1995, la creación de IrsiCaixa en el Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona. Hoy este centro es una referencia internacional no solo en la lucha contra el sida, sino también contra otras enfermedades infecciosas. Y ya en el terreno cultural, Vilarasau fue el impulsor de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación La Caixa, que actualmente cuenta con más de 1.000 obras.
Todo lo que he descrito resume, de manera muy sucinta, años de experiencias compartidas con alguien que para mí ha sido un referente profesional innegable. Lo recordaré y lo reivindicaré con la admiración, el respeto y el afecto que le he demostrado durante más de 40 años. Y es este mismo afecto el que quiero transmitir tanto a Lola, su mujer, como a Daniela, Diego y Bruno, sus tres hijos, en estos momentos de profunda tristeza.
Josep, no exagero cuando digo que tu legado es único e irrepetible. Y que lo haremos perdurar con nosotros y en los que nos sucedan. Gracias siempre, gracias por tanto. Descansa en paz.