Macroeconomía

La desestabilización en el golfo Pérsico pone en el punto de mira millones de inversión en el Estado

El vínculo económico entre España y la región ha crecido a raíz del desembarco de los fondos soberanos

03/03/2026

MadridEn el Estado, una desestabilización de los países del golfo Pérsico no pasa desapercibida para el mundo económico y empresarial, que en los últimos años ha visto cómo el vínculo comercial con las monarquías árabes de la zona crecía con cuentagotas. El ataque de Estados Unidos e Israel a Irán no solo "hace pinta que durará bastante", en palabras del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, sino que puede tener "ramificaciones" difíciles de prever. Y son estas ramificaciones las que ya están afectando a esta región de Oriente Medio, que engloba a Arabia Saudí, a los Emiratos Árabes Unidos –las dos mayores economías de la región–, Qatar, Kuwait, Omán y Bahréin. Todos ellos forman el Consejo de Cooperación del Golfo.

Una de las claves tras este vínculo comercial es el desembarco de los fondos soberanos árabes en el Estado a través de inversiones en sectores estratégicos. Pero también para las grandes empresas españolas estos países se han visto como una ventana de oportunidad para ganar pujas, sobre todo en infraestructuras, y expandir su negocio en áreas como el turismo –en particular, de lujo– en un momento en el que la zona busca cómo reducir su fuerte dependencia económica del petróleo y el gas.

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Vamos a palmos. De entrada hay que tener en cuenta que la región cuenta con seis de los quince mayores fondos de inversión soberanos del planeta, algunos de los cuales no han dudado en regar el tejido empresarial español. Una investigación del Instituto Real Elcano revelaba que en 2021 más del 86% de la inversión de los países del Consejo de Cooperación del Golfo en España fue pública.

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Destaca el fondo de Arabia Saudita, el Public Investment Fund; también los fondos de los Emiratos Árabes Unidos (Mubadala y Abu Dhabi Investment Authority); el de Qatar, bajo el nombre Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA); el de Omán (Oman Investment Authority), y el fondo soberano de Kuwait (Kuwait Investment Authority o KIA). Algunos de ellos tienen importantes paquetes accionariales en empresas como Iberdrola, Telefónica, IAG, Colonial, Enagás, Cellnex, El Corte Inglés o Moeve (antes Cepsa). De hecho, en el caso de Iberdrola, el fondo soberano de Qatar es el primer accionista con un 7% del capital social. Solo la presencia de capital árabe en las cotizadas españolas escalaría hasta los casi 12.000 millones de euros, según Bloomberg.

Pero también han construido alianzas en términos de negocios, sobre todo con el sector energético. Por ejemplo, en el caso de Naturgy, KIA tiene una parte importante de su filial internacional de producción de energía renovable, mientras que Endesa cerró hace pocos meses un acuerdo por 184 millones de euros con Masdar bajo control del fondo Mubadala por parte de un parque solar. Asimismo, también invertieron en actividades de sectores clave como el inmobiliario, los suministros y la industria del plástico, y las energías renovables, entre otros.

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Es cierto que se trata de fondos que plantean inversiones a largo plazo, sobre todo porque buscan ingresos rentables y estables en el extranjero que sustituyan a quienes les proporcionan la explotación de hidrocarburos –los llamados petrodólares–. Además, un mayor contexto de precios del petróleo y el gas les proporciona, automáticamente, más ingresos. Sin embargo, éste es el razonamiento en un escenario sin riesgo de desestabilización en la zona que ponga en el punto de mira la seguridad interna o la economía de las diferentes monarquías árabes, una situación que despierta el fantasma de una retirada abrupta de las inversiones.

"En tiempos de guerra, el capital huye hacia activos refugio como el oro", apunta Jan Jonckheere, profesor de comercio internacional en el OBS Bussines School. "Si el conflicto escala, el flujo de petrodólares y el turismo de alto poder adquisitivo hacia Europa podrían evaporarse", añade.

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Al mismo tiempo, más allá de las implicaciones corporativas que tiene esta relación comercial, es decir, del peso de estos fondos dentro del capital social de las compañías españolas, en el caso del sector energético la relación es particular en cuanto al comercio de petróleo y gas provenientes de la región, sobre todo cuando se hacen manos y mangas para dejar de depender del crudo y el gas.

Es cierto que son países que suponen una pequeña parte del total del combustible (petróleo y gas) que llega al Estado –destaca por la diversificación de fuentes de suministro–, por lo que el gobierno español se ha apresurado a enviar un mensaje de tranquilidad en cuanto a la presión sobre las precios, pero la situación sí. El pasado noviembre, por ejemplo, Naturgy firmó un memorando con la empresa estatal de gas natural licuado (GNL) de Omán para explorar un contrato de suministro de GNL para diez años. Asimismo, el bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasa el 5% del crudo que llega a España (un 2% en el caso del gas) –por tanto, el impacto es limitado–, es un problema para empresas como Repsol.

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"A pesar de la diversificación, el contagio de los precios internacionales es inevitable", apunta Jonckheere. También el profesor de EsadeGeo, Omar Rachedi, cree que el "choque de precios es inevitable [...], dado que como importador neto [España] sigue siendo sensible a los precios globales". Desde el ministerio de Economía se está realizando un "seguimiento continuado para poder anticipar los efectos negativos y reaccionar si es necesario", apuntó el titular de la cartera, Carlos Cuerpo.

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Inversiones españolas en el Golf

Pero la incertidumbre y la situación de los países del golfo Pérsico tampoco ayudan a las inversiones españolas en la región, sobre todo en infraestructuras, agua y grandes proyectos energéticos. "Sería un mercado difícilmente accesible si el conflicto escala y perdura", añade el profesor del OBS Bussines School. Como explicaba el ARA, algo que sitúa al Estado en una posición privilegiada a la hora de acceder a contratos públicos o poder hacer crecer su negocio en la zona es que las monarquías del Golfo ven en la casa real española "un punto de similitud". También por el papel del turismo y el fútbol, ​​dos actividades maduras en España, que ven como un resquicio para atraer a una inversión que a la vez les permite camuflar sus problemas reputacionales, sobre todo en lo que respecta al respeto a los derechos humanos.