Banderas de la UE a la sede de la Comisión  Europea, en Bruselas
07/02/2026
4 min

La geopolítica siempre ha sido un factor importante para explicar la economía, pero en el momento histórico actual la forma en que las grandes potencias ejercen el poder político sobre el tablero económico representa un punto de inflexión. Ha habido un amplio debate para encontrar razones económicas de peso tras la intervención de EE.UU. en Venezuela. Sin embargo, algunos analistas comienzan a sospechar que es más bien una determinada visión del ejercicio del poder, y no sólo ni principalmente la economía, la razón que prevalece en muchas decisiones de la administración Trump. El crudo venezolano es relativamente caro de extraer y no está claro que las principales compañías petroleras consideren que en las condiciones actuales les es rentable invertir las enormes cantidades que se requieren para elevar sustancialmente los niveles actuales de producción. Es posible que la administración de EEUU valore el control sobre el crudo venezolano como una oportunidad para extender su influencia sobre el mercado y controlar futuras presiones inflacionistas, pero este factor no parece, por ahora, determinante. Pese al repunte de los precios del petróleo a raíz de la situación en Irán, la tendencia de fondo está a la baja.

Una de las sorpresas de 2025 ha sido el impacto relativamente contenido del choque arancelario sobre la economía mundial. Tanto los consumidores como las empresas importadoras americanas habrían absorbido gran parte de este choque, aunque la traslación de costes a precios será gradual en el tiempo y se seguirá notando a lo largo de 2026. Por otra parte, el impulso de las inversiones asociadas con el despliegue de la inteligencia artificial, el gasto en existencias en anticipación de los americano, habrían compensado los efectos negativos sobre la actividad del aumento de costes de los productores. Ahora bien, por debajo de estas fluctuaciones coyunturales se observan los síntomas de un cambio estructural: la pérdida de valor del dólar desde la toma de posesión de la nueva administración, junto con una deuda pública que se resiste a bajar y unos tipos de interés a 10 años presionando al alza, señalan la fragilidad.

La posición privilegiada del dólar como divisa de referencia mundial es la clave de bóveda que sostiene la excepcional capacidad de endeudamiento de la economía americana en los mercados exteriores. Si la confianza de los inversores en el dólar se siguiera debilitando, pese a la recuperación puntual de los últimos días, la continuidad de esta excepcionalidad histórica dejaría de estar garantizada. Con una economía operante prácticamente a plena capacidad, con expectativas de mayores rebajas impositivas, mayor gasto en defensa y con la fuerza de trabajo inmigrada bajo presión, las perspectivas de evolución de los precios en EEUU podrían remontar al alza. Es una incógnita cuál será la política monetaria de la Reserva Federal frente a este escenario, con un nuevo gobernador a punto de ocupar el cargo en pocos meses. Los mercados han reaccionado positivamente a la nueva figura, pero las interferencias de la rama ejecutiva sobre el banco central no sorprenderían. En este contexto, la tentación de utilizar la palanca fiscal para animar a la economía antes de las elecciones de medio mandato puede intensificar la desconfianza de los mercados financieros. Con unas expectativas de inflación no del todo ancladas, la reacción de los mercados podría poner mayor presión al alza sobre los tipos a largo plazo –que son los que más inciden sobre la actividad–. Si además sumamos la magnitud de los vencimientos de la deuda pública acumulada y una bolsa en máximos, siempre sensible a la evolución de los tipos de interés, los riesgos latentes en la economía americana pueden transformarse en amenazas si la apuesta por la IA no genera pronto los frutos esperados.

Al otro lado del mundo, China sigue vendiendo de forma controlada parte de su enorme reserva de activos denominados en dólares, mientras que el precio del oro ha ido superando máximos históricos –y queda por ver si las últimas correcciones anuncian un cambio de tendencia firme–. Se ha especulado con que una de las razones de mayor peso tras la intervención americana en Venezuela sería proteger el mercado de los llamados "petrodólares", que la venta de crudo de este país en China sin utilizar la divisa americana estaría erosionante. Una explicación adicional sería el valor simbólico que el actual presidente americano otorga al petróleo, junto al dólar, como instrumento de poder geoestratégico –encapsulado perfectamente en una de sus expresiones más características: drill, baby, drill–. La historia nos muestra que las grandes civilizaciones han sido construidas en torno a una fuente de energía dominante. El carbón en el caso del león británico, el petróleo en el de el águila americana, y quizás las renovables en el del ascendente dragón chino.

Europa no tiene un solo animal mítico que la represente, y su apuesta por las renovables va perdiendo fuerza ante la danza cada vez más amenazante del águila y el dragón, escenificada en un mundo que se mueve cada vez más por la razón de la fuerza, y cada vez menos por la fuerza de la razón. Se ha dicho que la investigación europea está comparativamente más avanzada en el campo de la fusión nuclear, que estaría llamada a ser una fuente de energía limpia que superaría a las existentes cuando se materialice. Sin embargo, si Europa no se constituye como poder político efectivo antes de que esta fuente de energía sea una realidad, por ahora lejana, la sombra conjunta del águila y el dragón puede eclipsarla. Esperamos que no haya que esperar a que esta sombra se precipite sobre Groenlandia o Taiwán para que los europeos despertemos a la nueva realidad.

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