Hablemos de dinero

Gessamí Caramés: "Soy cocinera, no empresaria"

La chef y presentadora de 'Cuines' explica su relación con el dinero

Júlia Riera Rovira
17/07/2026

La chef Gessamí Caramés (l’Ametlla de Mar, 1992) acabó el grado de comunicación audiovisual y entendió que aquel no era su camino. Veía a sus compañeros entregados con una pasión que ella no compartía. Sin darse cuenta, la cocina se iba convirtiendo en el centro de su vida. El tiempo libre lo dedicaba a cocinar, a mirar programas gastronómicos y libros de recetas y a invertir los ahorros en utensilios de cocina.

El punto de inflexión llegó gracias a su padre. A pesar de provenir de una familia vinculada al sector inmobiliario y de la construcción, fue él quien le propuso estudiar cocina en Cambrils: "Fue el día más feliz de mi vida". Hasta entonces pensaba que, si estudiaba algo relacionado con la alimentación, tendría que ser un grado universitario: "Era un ciclo medio: después de haber hecho una carrera se me cayeron todos los tópicos que tenía". "A partir de aquí mi vida cambió al cien por cien", asegura.

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Se inició en el sector gastronómico cuando un profesor del ciclo le ofreció incorporarse a un restaurante: "Era cocina de batalla. Estuve todo un verano friendo calamares, limpiando pimientos y sirviendo a 300 personas. Un tipo de cocina que nadie quiere hacer nunca, pero todos deberíamos pasar por ella para entender la restauración".

Su trayectoria dio un giro cuando se presentó a varios concursos gastronómicos. La proyección la llevó hasta el cásting de Cuines, donde había sido recomendada porque el programa buscaba ampliar el equipo: "No estaba nada nerviosa, porque no era consciente de todo lo que aquello comportaría". Nueve años después continúa vinculada al espacio televisivo, un trabajo que combina desde hace cinco años con su propio restaurante, Meleta de Romer.

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Caramés considera que tanto la televisión como el restaurante están bien compensados económicamente, pero reconoce que el negocio exige un desgaste mental mucho mayor. "Hay dos maneras de abrir un negocio: o eres romántico o eres empresario. Yo soy la romántica, y tengo la suerte de que mi hermana es la empresaria". Como cocinera, defiende la cocina de calidad: "Lo más fácil en el sector de la restauración es comprar algo que vale tres y venderlo a nueve. Abrir un paquete, calentarlo, ponerlo en el plato y servirlo. Eso te asegura un dinero para que no tengas pérdidas. Yo tengo platos en los que tengo más margen y platos en los que tengo muy poco, por caprichos de, por ejemplo, querer utilizar ciertos productos".

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A pesar de esto, el proyecto es económicamente sostenible: "Nos va superbien, es viable". Aun así, no se define como una persona ambiciosa. "Soy cocinera, no empresaria", insiste. Por eso, cuando le preguntan si abrirá más restaurantes, antes piensa en el coste físico y emocional que ha supuesto construir y mantener Meleta de Romer y en preservar su vida personal. Aun así, siempre tiene ideas de nuevos proyectos que hacer.

En cuanto al dinero, admite que no es una gran ahorradora. Le gusta gastar en gastronomía, viajes y en productos para la piel: "50 o 60 euros te los gastas hoy en día cenando. Y si voy una o dos veces, ya me gasto 120 o 140 euros". "Por otra parte, nunca he tenido responsabilidades económicas grandes, siempre he ido con mucho cuidado antes de hacer una operación, para no endeudarme mucho", señala. Y, cuando ha pedido un préstamo, ha intentado devolverlo lo antes posible: "Para abrir el negocio pedí un préstamo, compramos el local. Pero lo miramos mucho, si por lo que sea el negocio no funciona, solo con el alquiler ya podríamos pagar la hipoteca".

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Marcada por la crisis

La relación prudente con el dinero está marcada por la crisis del 2008: "Era pequeña y vi cómo mi familia se hundía un poco a nivel económico. En mi casa lo sufrimos todos". Vivió la diferencia "de la bonanza del boominmobiliario a la crisis". A pesar de todo, destaca que siempre ha contado con el apoyo de casa: "Si me ha faltado algo, mis padres me lo han dejado". Cuando, por ejemplo, hacía prácticas fuera de casa. "Pero aunque fuera un año más tarde se lo he devuelto a mi madre".

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Mirando hacia el futuro, no se plantea abandonar la cocina: "O me dedicaré a esto o no me dedicaré a nada". Ahora bien, bajando el ritmo: "Mi idea es prejubilarme, yo no quiero llegar a la jubilación haciendo este trabajo, sé que a nivel físico no llegaré. También sé que a nivel familiar, si quiero tener hijos, no es viable".