Lego busca el ladrillo del futuro: menos petróleo y más inteligente
En 2025, las emisiones de gases de efecto invernadero de la compañía ascendieron a 2,19 millones de toneladas de CO₂ equivalente
LondresEl futuro de Lego se juega en dos piezas. Una es literal: el famoso fabricante danés busca cómo conseguir que su emblemático ladrillo de plástico dependa cada vez menos del petróleo y genere menos emisiones. La otra es tecnológica: la compañía quiere que los niños sigan eligiendo sus ladrillos en un mundo en el que los móviles, las tabletas y los videojuegos compiten por su atención. El smart brick, una nueva pieza con elementos luminosos, es la primera gran apuesta en esta dirección. Y el reto ambiental es todavía más ambicioso: encontrar materiales alternativos al plástico de origen fósil sin que el remedio acabe siendo peor que el problema.
"Solo estamos al principio", advertía hace unos días Niels B. Christiansen, consejero delegado de Lego, después de la presentación de los resultados de los primeros seis meses del año. El plástico sigue siendo el elemento esencial de los ladrillos de Lego y el petróleo, su materia prima fundamental: de hecho, para producir un kilo de ladrillos se necesitan 2 de crudo.
La compañía había explorado una solución que parecía casi perfecta: fabricar las piezas con plástico reciclado procedente de botellas. Pero acabó abandonando el proyecto cuando comprobó que el proceso necesario para transformar aquel material habría generado más emisiones de carbono que la fabricación con el material habitual.
La nueva estrategia implica combinar elementos que permitan incorporar materias primas renovables o recicladas a la cadena de producción aunque acaben mezcladas con materiales que provengan de los fósiles. Gracias a esta estrategia, el año pasado, más de la mitad del contenido de todos los materiales comprados por Lego ya no estaba basado en combustibles fósiles o petróleo. Pero a partir de ahora, cada nuevo paso será más difícil, ha advertido Christiansen.
Aquí aparece una de las contradicciones del modelo que quiere implantar. Porque la nueva estrategia –mass balance– no significa que cada ladrillo contenga físicamente una proporción determinada de material renovable: lo que se certifica es la cantidad de materia prima alternativa incorporada al conjunto de todo el proceso. Y Lego continúa fabricando millones de piezas de plástico.
Algunas estimaciones de diferentes publicaciones especializadas (la British Plastic Federation) apuntan que cada año fabrica decenas de miles de millones de piezas de plástico —unos 60.000 millones puede ser una cifra estimada razonable—, y este volumen colosal explica la dimensión del reto ambiental que afronta la compañía. En 2023, Cataluña emitió 38,36 millones de toneladas de CO₂ equivalente, según datos oficiales. En el caso de Lego, más del 99% de sus emisiones provienen de fuera de sus propias operaciones, principalmente de la cadena de suministro. En 2025, la compañía ya calculaba que el 52% de los materiales que compraba para fabricar sus productos provenían de fuentes renovables o recicladas.
El problema, pues, no es solo conseguir un ladrillo más sostenible, sino encontrar la manera de continuar fabricando cada vez más sin que el crecimiento del negocio haga crecer también su huella de carbono. La compañía defiende también una forma de sostenibilidad inherente al producto: su durabilidad. Las piezas pueden ser desmontadas y reconstruidas indefinidamente, pasar de padres a hijos o entre amigos y mantenerse en uso durante décadas. Para el CEO Christiansen, esta reutilización es la mejor forma de reciclaje: no es necesario recuperar y reprocesar el plástico si la misma pieza continúa en buen uso.
Contra las pantallas
El otro gran reto es la competencia por la atención de los niños. Lego no quiere abandonar el juego físico, sino incorporar algunos de los estímulos de lo que se puede llamar el universo digital. Aquí entra en escena el smart brick, una nueva pieza con elementos luminosos que busca ampliar la experiencia de construcción.
El producto se lanzó a principios de año en solo seis mercados y en productos infantiles. La intención es ampliarlo globalmente y hacerlo una parte estable del "sistema y plataforma de juego" de Lego.
¿Hay alguna contradicción? Puede ser, porque Lego quiere recuperar a los niños de las pantallas incorporando tecnología al juguete. El reto será utilizarla para reforzar aquello que hace singular este juego de construcción, y no convertir el ladrillo en otro accesorio digital. La compañía deberá entrar, además, en terrenos que no forman parte de su negocio tradicional, como el software y la electrónica.
La transformación también pasa por el mercado adulto. Lego ofrece productos que superan las 300 libras y ha ampliado el abanico de pasiones o aficiones a las que quiere llegar. Esta diversificación ha ido acompañada de una proliferación de grandes franquicias y colaboraciones. El Mundial de fútbol, la Fórmula 1, Harry Potter o K-pop Demon Hunters son ejemplos recientes. La estrategia, en teoría, debe permitir llegar a nuevos públicos. Pero también plantea otra cuestión: ¿hasta qué punto Lego puede depender de propiedades intelectuales ajenas y de productos cada vez más caros sin convertirse más en una marca de coleccionismo que en un juguete? ¿Pueden convivir estas dos almas? La compañía ha lanzado 330 productos nuevos y atribuye la fortaleza de la marca a su capacidad de conectar con niños, adolescentes y adultos.
De momento, los números dan la razón al máximo responsable de la compañía danesa. Lego ha presentado un primer semestre mucho mejor de lo que esperaban los especialistas. El beneficio neto ha crecido el 32%, hasta superar los 1.114 millones de euros. Sin el impacto de las fluctuaciones de los tipos de cambio, el aumento habría sido del 26%.
Los beneficios son astronómicos. El gran reto de Lego no es demostrar que puede vender más ladrillos. El desafío es demostrar que puede fabricarlos con menos petróleo, hacerlos lo suficientemente atractivos para competir con las pantallas y continuar creciendo. El brick sostenible y el smart brick son ideas diferentes del mismo problema: cómo reinventar Lego, pero con menos petróleo, y sin dejar de ser el Lego de siempre.