Ofèlia Drags: "Hacerlo en catalán es una oportunidad. Si somos menos, toca una parte más grande del pastel"
El artista explica su relación con el dinero y el trabajo
De pequeña, Ofèlia Drags, de nombre Pau Martí (la Seu d’Urgell, 2002) no tenía claro cuál sería su futuro profesional: “Hubo una época en la que quería ser diseñadora de moda, lo que seguro que no me habría imaginado es que acabaría haciendo de travesti”, explica en declaraciones a Empreses”. Se incorporó al mundo laboral trabajando durante los veranos en una editorial de su pueblo natal, un trabajo que todavía mantiene gestionando ahora las redes sociales. Estudió estudios literarios y filología catalana.
Ofèlia Drags descubrió el mundo de las drag queens durante la pandemia mirando un programa de Estados Unidos de competición de estas artistas que interpretan los roles femeninos de manera exagerada, Drag Race, hecho que le inspiró a crear su personaje: “Con los amigos de la universidad organizamos una noche de espectáculos y me preparé un poco el show”. Aquella actuación marcó el inicio de un proyecto que combina música, maquillaje, confección de vestuario y escenografía que ahora le apasiona: “Todo se junta en un solo proyecto y poder monetizar estas horas también está muy bien”.
Desde los inicios tuvo claro que su trabajo debía ser remunerado. Su madre drag, Jèssica Pulla, le dio un consejo que todavía aplica: “Que no te la cuelen con eso de la visibilidad. Tú siempre cobra”. Porque en este sector es habitual hacer favores, señala. De hecho, desde el primer espectáculo empezó a generar ingresos.
Aun así, no vive exclusivamente del drag: “Nunca lo he planteado como algo con lo que me pudiera mantener exclusivamente. De hecho, es muy complicado”. Actualmente, combina las actuaciones con una media jornada como profesora de catalán y la gestión de las redes sociales de la editorial. “Los bolos son simplemente un complemento”, afirma. La principal dificultad es la irregularidad de los ingresos: “En junio he tenido siete actuaciones, muy bien, aun así, iría justa para vivir solo de eso; porque, por ejemplo, en enero no tuve ninguna”.
En un sector mayoritariamente castellanizado, ha apostado por el catalán por convicción, pero considera que ha acabado siendo una buena estrategia: “Lo veo como una oportunidad. Si somos menos, toca una parte más grande del pastel”. Aun renunciando a parte del mercado estatal, asegura que esta diferenciación le ha permitido actuar en casales, ateneos, fiestas mayores y participar en medios como TV3 o Catalunya Ràdio.
La gestión financiera es otra pieza clave del proyecto. Tiene un excel donde registra ingresos y gastos: “Al principio lo hice para controlar que no estuviera perdiendo dinero. Ahora ya hace tiempo que veo que el saldo es positivo”. Las redes sociales también forman parte de su profesión: “No me generan dinero directo, pero me lo tomo como una inversión de tiempo”. Además de los contenidos sobre drag, publica vídeos de cultura popular y gigantes, que le aportan visibilidad y nuevos contratos.
Fuera de los circuitos más comerciales
Por otra parte, es muy consciente de su altavoz y de la responsabilidad que tiene: “Soy consciente de que no actuaré en circuitos más comerciales, como el Pride de Barcelona, porque no me interesan. Entiendo el drag como una herramienta política y prefiero actuar en espacios más coherentes con este planteamiento”, señala. Y añade: “Siempre que puedo me posiciono políticamente porque creo que el activismo es una parte esencial del trabajo de una drag queen”.
Con todo, asume que en los espacios en los que es contratada “el dinero es el que es”. Compensa actuaciones menos remuneradas con otras mejores: “Tengo actuaciones que quizás me pagan poco y me piden algo que tengo que hacer expresamente para aquel día, pero al mismo tiempo tengo otras que me pagan más”. La cuestión es encontrar el equilibrio. Y si tiene que recortar, lo hace de otro lugar: “Soy más de la filosofía de las Teresines, si algo lo puedo hacer yo, no pediré que me lo haga otra persona”. En este sentido, siempre ha sido muy ahorradora, nunca malgasta el dinero: “No me gastaré 300 euros en un vestido ni 150 en una peluca. Me las hago yo con materiales que me cuestan un euro y medio del bazar, aunque dedique muchas horas”.