Periscopio global

Jeff Bezos contra Jane Austen: Amazon lanzará sus paquetes a los jardines de los ingleses

El gigante del comercio electrónico comienza en Reino Unido las pruebas de uso de drones para el reparto de pedidos

Jeff Bezos, en una imagen de archivo.
Act. hace 0 min
4 min

LondresAmazon ha decidido acabar no sólo con todos los negocios de las calles de nuestras villas y ciudades, sino también con uno de los rasgos típicamente y tópicamente ingleses: la jardinería, que más que una afición es una forma de vida idealizada por mucha literatura de las islas. Entre otros, y quizás la más cautivadora, la de Jane Austen. Los ejemplos son numerosos en toda su obra. La quinta esencia del jardín austeniano sería el de su casa de Chawton, un pueblo del condado de Hampshire, en el sur de Inglaterra, unos 95 km al suroeste de Londres. La escritora vivió siete años, y en el jardín cultivó flores y cultivar hortalizas.

Y estuvo feliz y también libre. Porque Austen entendía y vivía los jardines como un espacio de "libertad interior" personal, algo que a menudo o siempre también quedaba reflejado en el carácter de muchos de sus personajes, que se veían reflejados o proyectaban su personalidad.

Más allá de las muchas lecturas simbólicas que los jardines tienen para los estudiosos de la autora deEmma o deOrgullo y prejuicio –y también de Mercè Rodoreda–, una de las citas más repetidas sobre la idiosincrasia de los ingleses es que "Si su casa es su castillo, su jardín es su pasión". Una pasión bajo amenaza por obra y gracia de Jeff Bezos, el dueño de Amazon.

¿Por qué? Porque los jardines de los ingleses podrían acabar siendo, próximamente, el lugar donde en vez de cultivar rosas u orquídeas, habrá que realizar plataformas de aterrizaje de los paquetes de Prime Air. Y es que la Autoridad Civil Británica (CAA) apenas ha aprobado los cambios necesarios para las normas de gestión del espacio aéreo en torno a la ciudad de Darlington, en el noreste de Inglaterra. Así, el gigante tecnológico podrá poner en marcha su primer servicio de reparto con drones en Reino Unido. Si todo va según el proyecto de la compañía, los pedidos no llegarán a la puerta de casa, sino que se depositarán –o quizás caerán directamente– en el jardín del cliente.

La empresa evita dar una fecha concreta para el inicio de los vuelos de reparto, pero las pruebas ya han comenzado. El plan es ambicioso: hasta diez entregas cada hora, doce horas al día, siete días a la semana, desde un centro logístico situado en Symmetry Park, en la citada Darlington. En principio, los aparatos despegarán desde elhelipad del gran almacén y llegarán a una altura de entre 55 y 85 metros. Para los clientes con prisas, puede ser tentador: entregas en menos de dos horas para compras que no superen los 2,3 kilos. ¿El precio? Por el momento es una incógnita. Pero tendrá un sobrecoste, al igual que tiene un sobrecoste la entrega de un día para otro para los abonados a Prime.

El viejo sueño del gigante

No es la primera vez que Amazon intenta despegar este servicio. Es un viejo sueño de Bezos, que lleva más de una década imaginando los cielos llenos de repartidores mecánicos sin derechos laborales. Amazon ya hizo pruebas en el condado de Cambridge hace diez años, pero aparcó la idea, en parte por las restricciones sobre el espacio aéreo. Desde entonces, Amazon ha continuado experimentando en varias ciudades de Estados Unidos, y no siempre sin sustos. La Autoridad Federal de Aviación estadounidense investiga un incidente reciente, de noviembre del año pasado, en el que un dron de la compañía cortó un cable de internet y dejó a un cliente sin conexión. Poco menos que un acto de autosabotaje.

La casa de Chawton en la que vivió durante siete años la escritora Jane Austen.

Pero Amazon asegura que en Darlington todo está bajo control. El servicio utilizará su dron más moderno, el MK30, equipado con una "sofisticada" tecnología de detección y elusión de obstáculos, basada en modelos avanzados de inteligencia artificial. En principio las cámaras del dron son capaces de reconocer a personas, animales, otras aeronaves y obstáculos tan domésticos como tendederos de la ropa o trampolines elásticos, elementos comunes en los jardines británicos que no suelen aparecer en los mapas por satélite. Si el sistema detecta un objeto no previsto, un ordenador independiente puede tomar el control del widget y ordenar su retorno automático a la base.

La seguridad es, según Amazon, la "máxima prioridad". David Carbon, vicepresidente de Prime Air, insiste a través de un comunicado en que los drones han sido diseñados para operar "de forma silenciosa y eficiente", y que el ruido es comparable al de un reparto en furgoneta. La empresa incluso defiende que la molestia será menor que la que generan los conductores llamando a las puertas o dando marcha atrás en cualquier calle. No todos los vecinos de Darlington lo ven igual, pero: algunos residentes han expresado en los medios locales cierta preocupación. Por su parte, los aficionados al modelismo aeronáutico temen que los drones interfieran en su hobby.

El permiso concedido por la CAA es, de momento, temporal y expira en junio, aunque Amazon puede solicitar una prórroga. Las normas británicas actuales obligan a los operadores de drones a reservar espacio aéreo específico, ya que todavía no se han definido del todo las reglas sobre cómo estos aparatos deben detectar y evitar otros vehículos voladores. El regulador confía en que la legislación permita vuelos rutinarios a partir de los próximos meses. Darlington se convierte así en un laboratorio a cielo abierto del futuro del comercio electrónico.

Lo que es seguro es que nunca más ningún autor o autora del siglo XXI podrá escribir lo que decía Jane Austen de William Collins, uno de los personajes deOrgullo y prejuicio: "Trabajar en este jardín era considerado uno de sus placeres más nobles; Elizabeth no podía evitar admirar la compostura con la que Charlotte hablaba de los beneficios para la salud del ejercicio, mientras confesaba, con toda la discreción del mundo, que le alentaba siempre que podía". La jardinería para los contemporáneos de la escritora era, además de una actividad física, un ritual de moralidad y, en ocasiones, de autocontrol. A partir de ahora puede ser una actividad de riesgo, expuestos todos los y las amantes de la jardinería en los pajaritos de Bezos.

stats