La Fed opta por la prudencia y mantiene los tipos de interés en torno al 3,5%
Warsh mantiene la política de poca transparencia en la toma de decisiones del organismo
WashingtonEn medio de la incertidumbre, la Reserva Federal (Fed) de Kevin Warsh ha optado por la sensatez y ha mantenido los tipos de interés sin cambios en torno al 3,5%. Según el comunicado del banco central estadounidense, ha habido tres votos discordantes en el consejo de gobierno de la institución que optaban por subir los tipos 0,25 puntos.
Se trata de la quinta vez consecutiva que la Fed mantiene el precio del dinero fijo en la misma horquilla. Todo, mientras crece la presión para que el organismo sea capaz de contener la inflación, ahora en torno al 3,5% y lejos del objetivo del 2% que se marca como idóneo. En la comparecencia posterior al anuncio, Warsh ha dejado claro que es consciente: "Hemos comenzado un nuevo capítulo y entendemos que más de cinco años de inflación por encima del objetivo no se pueden corregir en nueve semanas, ni con un único mes de moderadas disminuciones de los precios".
El hito del 2% cada vez parece más utópico a medida que se dilata el conflicto en Irán –que impulsa al alza el coste de la energía– y el presidente estadounidense, Donald Trump, sigue obstinado en sostener su guerra comercial. De fondo, se mantiene el efecto inflacionista provocado por la alta demanda de chips y semiconductores necesarios para la carrera de la IA.
En su estreno al frente del banco central estadounidense, Warsh ya dejó claro que optaría por la opacidad. A diferencia de su predecesor, que publicaba amplias directrices que permitían a los analistas prever las decisiones futuras, el nuevo presidente prefiere comunicados mucho más breves y oscuros. El resultado ha sido que tanto los ciudadanos como Wall Street llegaban hoy a esta nueva reunión sin tener ninguna certeza de cuál sería el siguiente paso de la institución.
La decisión de dar la información con cuentagotas no hace más que sumar incertidumbre a un panorama económico de por sí ya incierto. Un movimiento difícil de entender cuando la bolsa apenas se sobrepone a los constantes giros de guion de la guerra de Irán y a la errática política arancelaria de Trump. Al hacer menos predecibles y, por tanto, menos confiables, las decisiones del banco central, se erosiona la confianza en un organismo que es capital para el resto de bancos centrales del mundo.
Una decisión complicada
Además, esta nueva línea de actuación es llover sobre mojado: la Fed llegaba a la reunión de este mes de julio en una encrucijada envenenada: cualquiera de las tres opciones que Warsh tenía sobre la mesa estaba marcada por el recelo. Aunque congelar los tipos de interés era lo más esperado, por ser lo más conservador, también comportaba el riesgo de quedarse corta y permitir que la inflación volviera a repuntar. Después de dispararse hasta el 4,2% en mayo, en junio bajó en torno al 3,5% y este mes de julio se había estabilizado en esa franja.
Por el contrario, si Warsh bajaba los tipos, despertaría más desconfianza hacia la institución al cumplir con los dictados de Trump. Desde que volvió al poder, el mandatario ha liderado una campaña de presiones contra la Fed para influir en sus decisiones y conseguir que baje el precio del dinero. Todo esto, sin olvidar que Warsh ahora preside el banco central propuesto por la Casa Blanca.
Subir los tipos también podría poner en duda la credibilidad de la Fed, paradójicamente. A pesar de ser un desafío directo a Trump, Warsh habría tenido que dar una justificación muy convincente para que fuera coherente con la situación económica. El repunte inflacionario está dominado por el shock energético derivado del bloqueo de Ormuz, más que por un sobrecalentamiento de la actividad económica. Por lo tanto, lo que realmente apaciguaría la inflación sería que acabara la guerra, o que, como mínimo, se desbloqueara el paso marítimo. El resultado de un incremento de los tipos tendría un efecto más limitado: Una reducción de la demanda provocada por un aumento del precio del dinero podría frenar la inflación, sí, pero a riesgo de frenar el crecimiento económico de los EE. UU.
A principios de año, el PIB estadounidense ya mostró señales de enfriamiento con una caída. Actualmente, el gasto de los hogares ha perdido fuerza debido al elevado coste de vida, y gran parte del crecimiento económico ahora mismo se sustenta en el boom de la inteligencia artificial.