Innovación

La "nueva revolución cuántica" que quiere ser en Cataluña

El sector celebra el buen momento de forma que vive en el país una industria con "capacidades casi mágicas"

Uno de los ordenadores cuánticos del Barcelona Supercomputing Center
02/08/2026 - 08:03 h.
5 min

BarcelonaEl consejero de Empresa y Trabajo de la Generalitat, Miquel Sàmper, presumía la semana pasada de un hito que parece inimaginable no solo desde Cataluña, sino desde cualquier punto de Europa: "Estamos a un nivel similar al de Estados Unidos o China" en el desarrollo de una tecnología profunda, aseguraba. Se trata de la industria cuántica, una que parece formar parte de las ficciones futuristas, pero que ya hace negocio en el Principado.

De acuerdo con un reciente informe de Acció, la agencia para el crecimiento de las empresas del Govern, en 2024 las empresas cuánticas del país facturaron 91,4 millones de euros. Una cifra que, de acuerdo con voces sectoriales consultadas, ha quedado muy atrás en los cerca de dos años que han pasado desde entonces. "Ahora es mucho más. Solo uno de los proyectos que acometemos genera múltiples millones de euros", aseguran desde la industria.

La tecnología cuántica es aquella que aprovecha las "propiedades casi mágicas", en palabras de Vanesa Diaz, directora ejecutiva de la empresa catalana Luxquanta, que estudia la mecánica cuántica para desarrollar "capacidades nunca vistas" en la tecnología. Sus tres pilares, celebran desde el sector, son capaces de impulsar un salto adelante en sus respectivos campos: la computación cuántica, dedicada a hacer cálculos y simulaciones imposibles para un ordenador tradicional; las comunicaciones cuánticas, capaces de encriptar y transmitir información con seguridad total; y los sensores cuánticos, infinitamente más potentes que los normales.

Cataluña, como relata Díaz, es especial porque, a diferencia de la mayoría de territorios europeos, tiene activos empresariales propios en las tres columnas de actividad. Luxquanta, la empresa que dirige la ejecutiva, es una derivada del Institut de Ciències Fotòniques, y se dedica a las comunicaciones cuánticas. Qilimanjaro, derivada del Barcelona Supercomputing Center (BSC) y la Universitat de Barcelona (UB), diseña ordenadores cuánticos –como los que ya operan en el centro de supercomputación–; mientras que Qurv, también surgida del instituto fotónico, desarrolla sensores cuánticos para la visión por computador. Además, ARQ Quantum Technologies acelera la internet cuántica con memorias especializadas; mientras que QuSide también se centra en la ciberseguridad y la supercomputación.

"Es altamente inusual" que haya esta clase de concentración de propuestas tecnológicas en una sola latitud, relata la directiva. Y todavía lo es más que se encuentren en un grado de madurez lo suficientemente avanzado para, como demuestran los datos de Acció, haber accedido ya al mercado. Como explica la directora ejecutiva de Qilimanjaro, Marta Estarellas, el nivel de preparación de las tecnologías es diferente en cada una de las tres patas: mientras que las comunicaciones cuánticas y los sensores están en niveles de madurez más avanzados, la computación "todavía se está escalando para llegar a los niveles a los que se debe llegar".

Imaginar las soluciones

Según Estarellas, la "nueva revolución cuántica" que está funcionando en Cataluña proviene tanto de los vendedores como de los compradores. Por un lado, relata la directiva, las tecnologías se están desarrollando a un ritmo inesperadamente rápido; tanto que ya empiezan a tener un camino claro hacia las soluciones de mercado. Por otro, "hay una demanda muy grande", por parte de empresas e instituciones que tienen problemas tecnológicos de largo recorrido que buscan abordar con tecnologías de vanguardia.

El sector reconoce que, a pesar de los recientes logros comerciales, todavía se encuentra en una fase temprana. Los 91,4 millones facturados hace dos años por las empresas cuánticas son una gota en el océano de las TIC catalanas, que generaron en 2025 un negocio total de 30.000 millones de euros. Aun así, el consenso es que la cuántica es un gigante incipiente: "Es similar a los ordenadores tradicionales en los años sesenta o setenta", reflexiona el director de talento digital de la MWCapital, Jordi Arrufí. A juicio del experto, los casos de uso finales "todavía no están del todo claros"; y los potenciales clientes están probando los límites de la tecnología.

Estarellas, en este sentido, considera que llevar los dispositivos al mercado es esencial, precisamente, para descubrir qué se hará con ellos. "Si aceleramos la adopción, habrá quien vaya generando aplicaciones" sobre la tecnología; y se limitará el "retraso" entre la llegada del hardware a los clientes y el logro de la ventaja cuántica –es decir, el punto de desarrollo en que una computadora cuántica resuelve un problema antes, mejor o de forma más barata que una tradicional—.

El capital de siempre

Este "evidente liderazgo científico" que señalaba Sàmper en su reciente comparecencia ante el sector choca, como ya es tradición en las tecnologías profundas catalanas, con la pared del capital. Las fuentes consultadas coinciden en que, como en otros sectores de alta carga científica, existen dificultades gigantescas para financiar el crecimiento de un proyecto cuántico. Más aún en el caso del Principado, donde todas las empresas de origen local se especializan en hardware, mucho más intensivo en términos de la inversión que hay que movilizar que en el caso de las aplicaciones.

El acceso de empresas cuánticas norteamericanas a capital es incomparable con el estado del mercado europeo. En septiembre de 2025, la californiana PsiQuantum levantó una serie E de 1.000 millones de dólares para construir los "primeros ordenadores cuánticos comercialmente útiles". Contó con capital de la escala de BlackRock, entre otros.

Al otro lado del Atlántico, la británica Oxford Quantum Circuits movilizó 300 millones de euros a principios de junio, poco antes de anunciar que llevaría a Barcelona su centro productivo de ordenadores cuánticos. Los lamentos de las empresas locales son compartidos con la mayoría de emergentes: "A partir de cierto nivel de financiación cuesta mucho encontrar capital. En EE. UU. hay fondos enormes, pero aquí es difícil", lamenta Marc Almendros, socio del fondo Grow Venture Partners.

A ojos del inversor, es un "reto" para el capital entrar en un mercado como el de la cuántica. A pesar de que hay empresas que ya generan actividad, están todavía lejos de las rentabilidades que suelen buscar los fondos especializados. "Hay que tener paciencia. Los indicadores que buscamos son diferentes: lo más importante es alcanzar hitos que validen la tecnología, que se pueda creer en ella a largo plazo", razona. En este sentido, Estarellas recomienda "buscar inversores que entiendan la idiosincrasia de la tecnología profunda, que saben que no tendrán rédito la semana que viene".

A pesar de las dificultades para encontrar la financiación esencial para escalar las compañías, el conjunto del sector comparte la voluntad de mantenerse en Cataluña y en el entorno europeo siempre que sea posible. "La vocación de permanecer aquí existe, y yo querría hacerlo viable", concreta Vanesa Diaz. Son las mismas empresas las que están "interesadas en que la UE tenga tecnologías que se hacen aquí", ya que han encontrado que la marca Europa es una ventaja competitiva en un mundo cada vez más tenso. "No hay garantía mayor", añade la directiva.

En este sentido, las voces sectoriales consultadas alaban los diversos programas de inversión que están lanzando las instituciones europeas, como el Scaleup Europe Fund o los últimos vehículos para fondos de riesgo del Banco Europeo de Inversiones. Aun así, señalan que los montantes continúan sin ser lo suficientemente grandes. "El Scaleup Europe está muy bien, pero tiene 5.000 millones de euros para todas las tecnologías, cuando IBM ya ha anunciado 10.000 millones solo en cuántica", alerta Estarellas. Díaz comparte el análisis, y llama a Bruselas a activarse aún más: "Si hay un momento para abrir un poco más la mano, es ahora".

stats