Energía

De Ucrania al golfo Pérsico: ¿cómo se afronta cuatro años después una crisis energética?

La guerra en Oriente Medio ha vuelto a presionar el suministro y el precio de los combustibles fósiles

07/03/2026

Madrid"Desde el sábado, tengo la sensación de que estamos en un déjà vuLa reflexión la hacía la directora general de Energía de la Comisión Europea, Mechthild Wörsdörfer, durante una intervención en el congreso Biomethane Connect Europe que esta semana se ha celebrado en Madrid. Irán y sus ramificaciones en el golfo Pérsico –provocando también el bloqueo del estrecho de Ormuz– han vuelto a encender las alarmas en cuanto al suministro del gas y el petróleo, lo que afecta directamente a familias y empresas "Volvemos a la en Irán, el precio del gas ha escalado un 50% –el TTF holandés roza los 50 euros/MWh–, mientras que el barril de Brent, referencia para Europa, lo ha hecho más de un 30% situándose en torno a los 90 dólares (el viernes ya superó en algunos momentos los 90 dólares). Hace cuatro años, el coste se disparó aún más: el gas registró su máximo histórico –345 euros/MWh–, mientras que el crudo superó los 120 dólares el barril.

La diferencia es clara –aunque lo que pueda ocurrir en Oriente Medio todavía es incierto– y por eso algunas voces del sector energético apuntan a que el escenario actual no es el mismo–. También recuerdan que la dependencia con Rusia era mucho mayor. De hecho, en el caso español, los barcos que abastecieron de gas al Estado en el 2025 y que habían pasado por el estrecho de Ormuz porque venían de la zona ahora en conflicto (en concreto, de Qatar) supusieron sólo el 1,7% del gas importado.

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Pero la situación tampoco es la misma porque Europa y los estados miembros están en una "posición mejor que cuando estalló la guerra en Ucrania", afirmó la directora europea de Energía. El motivo son las lecciones que se extrajeron entonces y que desataron en nuevas políticas energéticas. Por eso, pese a que desde el ejecutivo comunitario están haciendo un seguimiento constante, hoy el suministro está "garantizado", afirmaba Wörsdörfer.

En concreto, de la crisis de hace cuatro años nació el plan europeo bautizado con el nombre de Repower UE y que tenía como eje vertebrador prescindir paulatinamente de los combustibles fósiles de origen ruso (petróleo y gas) y diversificar las fuentes. A modo de ejemplo, en 2022 el gas natural ruso que se importaba en Europa por gasoducto suponía un 40% del total del combustible, y en 2025 cayó al 6%, según cálculos de la Comisión Europea. Durante este período de tiempo se ha triplicado la importación de gas natural licuado (GNL) proveniente de Estados Unidos, que ya es el segundo proveedor después de Noruega. También en España han escalado hasta la segunda posición. En el conjunto del Viejo Continente, a la lista se añaden Argelia, Reino Unido y Azerbaiyán.

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Pero, más allá de la diversificación, también había como objetivo asegurar la seguridad de suministro y depender menos del exterior con el impulso de la energía verde. A ello se sumó una reforma del mercado eléctrico europeo para evitar la volatilidad, así como limitaciones de precios. En este sentido, el gobierno español también va reformar la tarifa regulada de la luz (PVPC) para alejarla de la volatilidad de los precios del mercado mayorista, donde el precio de la electricidad varía cada hora del día y día del año y lo hace en función de la oferta y la demanda. Son estos clientes quienes notan de primeras si los precios del gas se disparan.

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Más reservas de gas

Por lo que se refiere a la garantía del suministro, sobre todo con el frío, se fijó como reto tener los almacenes de gas llenos. El temor de la primavera del 2022 era que llegara el invierno sin tener reservas suficientes, por lo que se marcó a los Estados miembros alcanzar un aprovisionamiento del 80%.

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Asimismo, se empezó a apostar por instalar regasificadoras, una infraestructura que permite convertir el gas natural licuado (GNL) en estado gaseoso y transportarlo, después, a través de los gaseoductos. Fue el caso de Italia o Alemania, con regasificadoras flotantes en el mar, pero incluso de España, que se vio empujada a reabrir la regasificadora de El Musel (Asturias). En este caso, el Estado jugaba con ventaja porque cuenta con siete regasificadoras, por lo que también reexporta a GNL regasificado a socios europeos. Un elemento que también despertó dudas porque se trataba de apostar de nuevo por instalaciones que, en futuro, pueden quedar obsoletas.

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Una apuesta renovable desigual

El otro gran elemento por el que se esfuerza Europa es el de aprovechar los recursos naturales (sol, viento y agua) para producir energía renovable y rebajar la dependencia energética externa para satisfacer la demanda eléctrica, aunque sigue siendo elevada. En el caso español, por ejemplo, en 2024, la dependencia externa fue del 68%, según datos del ministerio para la Transición Ecológica. Sin embargo, el peso de las energías verdes sobre el mix eléctrico ha crecido con cuentagotas.

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Pero esta apuesta europea es desigual. El gobierno de Pedro Sánchez, por ejemplo, hace una apuesta firme por la transición ecológica, mientras el gobierno de Francia mantiene la nuclear como el pajar de su política energética e Italia no quiere dejar de consumir gas.

Con todo, el gas sigue teniendo mucho peso como fuente de energía en el Viejo Continente y en el Estado. "Tenemos gas por tiempo", afirmaba el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, hace unas semanas en un foro sobre energía organizado por la escuela de negocios IESE. Cuatro años después, la directora europea de Energía también ha reconocido que pese a las lecciones es necesario "acelerar" si se quiere alcanzar los objetivos fijados.