Educación: luces y sombras de un acuerdo importante
El acuerdo del departamento de Educación con una parte minoritaria de los representantes sindicales es importante pese a no haber logrado sumar el grueso de los negociadores. En principio, marca un antes y un después de la pugna laboral con la administración por parte de un sector muy relevante, sensible y estratégico –estamos hablando de 129.327 trabajadores–, un conjunto de profesionales marcados por un sentimiento de agravio que va más allá de la cuestión laboral. Buscar un camino de salida a ese malestar docente es un paso imprescindible para encarar con un mínimo de esperanza el futuro de la formación de los niños y adolescentes catalanes. El país necesita con urgencia dar un nuevo impulso a la educación.
Es una lástima, y un punto de debilidad del acuerdo, que el sindicato mayoritario en la educación, Ustec –junto con Profesores de Secundaria y la CGT–, se haya desmarcado del pacto, firmado por CCOO y UGT. El entendimiento es fruto de una dura negociación y, como siempre, no deja del todo satisfecho a nadie, pero sin duda supone un avance en las condiciones laborales de los maestros catalanes –de ser los cuartos peor pagados del Estado pasarán a situarse como terceros mejor pagados–, así como en la dotación –300 millones de euros– para hacer relevante la escuela; en otros, no.
Ha habido, en todo caso, un esfuerzo compartido y un resultado que estaría bien que permitiera pasar página. La próxima semana, en función del seguimiento que tengan los días de huelga convocados por los sindicatos contrarios al acuerdo, sabremos hasta qué punto los docentes dan por bueno el documento firmado. Es decir, veremos qué fuerza mantienen los sindicatos que se han quedado al margen. En el posicionamiento de unos y otros seguramente ha pesado la necesidad de fijar posición de cara a las próximas elecciones sindicales, con CCOO y UGT haciendo valer su capacidad pragmática de pacto y otros, en especial el mayoritario Ustec, haciendo valer su radicalidad.
El acuerdo, en todo caso, no está sujeto a la aprobación de los presupuestos de la Generalitat. De modo que, en principio, saldrá adelante. Incluye, entre otras cosas, que en 2029 los docentes –tanto los de la pública como los de la concertada– cobren unos 3.000 euros brutos anuales más que ahora, una ligera reducción de ratios de alumnos en las aulas y una remuneración para los docentes cuando vayan de colonias –50 euros por noche.
En cambio, existe un claro retroceso en el compromiso del departamento de Educación de impulsar la autonomía de los centros con la capacidad de los directores para poder elegir maestros concretos adecuados a su proyecto. Se les retira la posibilidad de realizar entrevistas para elegirlos y, de hecho, se limitan las llamadas plazas perfiladas –las vacantes que se reservan para cubrirse escogiendo al docente– a un máximo del 3%, cuando hasta ahora la ley de educación permitía que hasta el 50% de las vacantes de un centro pudieran ser de este tipo. En este punto, hay un claro paso atrás que perjudica a la escuela pública, la cual, a diferencia de la concertada, queda de nuevo encorsetada por un sistema funcionarial demasiado rígido.